Dr. Fernando A. Herrera M.- En el complejo tablero de la política chihuahuense, rumbo al relevo del poder estatal, las cartas comienzan a repartirse y las apuestas suben de tono. Aunque para el gran público el proceso electoral parezca distante, en las mesas de alta estrategia se sabe perfectamente quién trae juego, quién va de farol y quién tiene las mejores barajas guardadas en la manga.
En ese escenario, el alcalde de la capital, Marco Bonilla, se consolida no solo como un aspirante natural, sino como la jugada maestra y el rival a vencer. Su narrativa no se construye desde la retórica de café, sino desde un pragmatismo respaldado por números fríos y resultados difíciles de regatear.
El respaldo que obtuvo en las urnas
En la baraja política, la sota representa el arranque, la fuerza de infantería que sostiene cualquier proyecto de largo alcance. En este rubro, Bonilla tiene un cimiento envidiable: es, legítimamente, el alcalde más votado en la historia de Chihuahua capital. Su campaña de reelección no fue un simple trámite; fue un plebiscito a su gestión que terminó por aplastar las aspiraciones de la oposición con una relación de dos a uno.
Quien logra incrementar su base electoral de 205,000 a casi 250,000 sufragios en tiempos de polarización nacional, demuestra que tiene el control territorial y el carisma necesario para entusiasmar al electorado. El peso específico de la capital está de su lado y esa es la primera gran aduana para cualquiera que aspire al Palacio de Gobierno.
La cabalgata del desarrollo y la seguridad
El caballo es el motor, la acción en el territorio que separa a los burócratas de los verdaderos gobernantes. Mientras el país se debate en diagnósticos fallidos de seguridad, la administración de Bonilla blindó a la capital con el fortalecimiento de la Plataforma Escudo Chihuahua (PECUU), logrando reducciones drásticas del 81% en robo de vehículos y del 75% en robos con violencia.
A la par, el desarrollo urbano no se detuvo en las zonas de alta plusvalía: el alumbrado público con tecnología LED llegó al 100% de los 65 ejidos rurales del municipio.
Gobernando con disciplina, logró que el 49% de los ingresos de la ciudad fueran propios, garantizando una autonomía financiera que le valió la calificación crediticia “Triple A Estable” por las firmas globales.
Bonilla ha demostrado que se puede gobernar con el presupuesto y la técnica lejos de la improvisación.
El liderazgo nacional
El rey corona la jugada; es la figura que trasciende las fronteras locales para sentarse en las Grandes Ligas de la discusión pública. Hoy por hoy, diversas evaluaciones nacionales ubican de manera sistemática a Marco Bonilla en el primer lugar de desempeño, servicios públicos y cercanía entre los alcaldes de las capitales del país.
Su nombramiento como vicepresidente de la Asociación de Ciudades Capitales de México no es un título honorario, sino el reconocimiento de sus pares a un modelo de éxito exportable. Bonilla ya no es solo una marca local; es la carta de presentación que el panismo y las fuerzas aliadas exhiben a nivel federal para demostrar que la oposición sabe dar resultados palpables.
La política, al igual que los naipes, no perdona los errores de cálculo. Rumbo a la sucesión, la gran fortaleza de Marco Bonilla radica en que no necesita inventar un personaje ni prometer el futuro; le basta con mostrar la radiografía actual de la capital que gobierna.
Con las finanzas sanas, la tecnología pacificando las calles y el respaldo de las mayorías, el “Modelo Chihuahua” se perfila como la propuesta más sólida para encabezar el destino del estado. La baraja está puesta sobre la mesa y la jugada de Marco Bonilla viene con paso firme.
La caída prematura
La Cuarta Transformación enfrenta una crisis existencial antes de lo previsto. El PRI tardó décadas en fracturarse y el PAN aguantó dos sexenios bajo dinámicas similares. Sin embargo, en su octavo año, Morena ya presenta grietas prematuras.
Lo anterior es el resultado de un choque irreconciliable entre “puros” y “moderados”, sumado a un tercer grupo que sufre el doble por estar atrapado en el fuego cruzado: los “técnicos”.
La gobernabilidad del país, a cargo de la presidenta Sheinbaum, está amenazada por escándalos de corrupción monumentales –como el huachicol fiscal– y por la alianza de gobernantes electos bajo las siglas de Morena con grupos delincuenciales.
En el rubro de la seguridad, nadie cree que la incidencia haya bajado, a pesar de que ella lo afirma a diario en su show mañanero. Además, el gobierno enfrenta un serio problema con Estados Unidos, país económicamente integrado al nuestro y el principal comprador de lo que se produce en México.
A este escenario se suman las acusaciones en EU contra gobernantes afines al régimen, la cercanía de la elección intermedia del sexenio y comicios locales que entrañan complejidades diversas. Agregue el retiro de visa del hijo de López Obrador, Andy.
A diferencia de los regímenes del siglo XX, hoy prevalece la influencia de las redes sociales, las cuales generan un flujo permanente de información a la velocidad de la luz. Así, la presidenta recibe ataques desde todos los flancos en un gobierno que carece de la solidez del antiguo sistema presidencial.
Andrés Manuel López Obrador ya no está en la boleta ni tiene el mando directo del partido. Entre consultas a uno y a otra, la estructura interna de “pandillas” pide línea, según el caso: al rancho o al Palacio.
En el peor de los escenarios, resuelven los conflictos como mejor les parece, debido a la lentitud en el tráfico de información entre el rancho, el Palacio y las oficinas de Morena.
Es el choque de la doctrina frente a la realidad: el ala radical compuesta por los grupos de los Batres, Taibo, Adán Augusto, Pablo Gómez y las facciones de Tabasco y Zacatecas, rechazan casi todo lo que se decide en el gobierno y en el partido, luchando por mantener la agenda que les heredó su padrino político.
Por otro lado, se abrió un frente con el arribo de políticos advenedizos que se afiliaron por puros intereses; una integración masiva que se permitió sin recato ante la necesidad de amarrar mayorías en ambas cámaras. Este pragmatismo debilitó al partido: los llamados “moderados” —que en realidad son oportunistas— ya superan en número a los duros, provocando el reclamo y el retiro de líderes fundacionales que hoy ven a Morena como un simple ente dedicado a preservar el poder.
En Chihuahua, Morena volverá a fracasar en su intento de capturar el estado. La crónica de su derrota local ya se escribe; y aunque no se sabe con precisión cuándo ni cuánto daño les causará el descrédito de los factores antes mencionados, todo sumará en su contra. Lo que es un hecho es que en las próximas semanas o meses —pero antes de noviembre— enfrentarán un ciclón categoría 5.
Chihuahua es un estado sumamente productivo que ocupa el décimo lugar a nivel nacional, pero también es uno de los más polarizados, particularmente en Ciudad Juárez.
Pese a los escenarios de empate técnico recurrente y a que algunas encuestas posicionan a Morena al frente, o en una competencia cerrada contra el PAN, la raza norteña saca un especial orgullo a la hora de votar, actuando bajo dinámicas locales que desafían cualquier inercia cupular.
En la entidad existe un orgullo histórico por ser –junto a Baja California– la cuna del panismo. Sus clases medias, sus valientes líderes empresariales y los sacrificados productores del campo y de pequeños negocios, mantienen el arraigo ancestral de oponerse al centralismo. Si Juárez es Juárez, Chihuahua es Chihuahua.
La oposición ciudadana en el estado ha reforzado el rechazo al centro para respaldar a su gobernadora; la gente asocia directamente a Morena con la inseguridad que sufre, con la destrucción de un sistema de salud que los mata y con un sistema educativo que apenas sirve a sus hijos.
Actualmente, el partido guinda se encuentra en una cruel puja por definir su candidatura. La senadora Andrea Chávez cuenta con el apoyo de los duros, mientras que Cruz Pérez Cuéllar tiene el respaldo de los moderados. Aunque el control de la estructura partidista pertenece a los radicales, en el territorio gana Cruz. Un proceso mal operado o que provoque una ruptura interna le dejaría el camino libre a la continuidad del bloque opositor.
El panismo lo entiende perfectamente y por ello ha cuidado la unidad en su proceso. Su propuesta tiene que ser unánime para asegurar los votos y el trabajo conjunto de sus bases. La figura que defienda la continuidad debe ser sólida, con prestigio y sin atisbo de duda.
Hasta hoy, todo indica que el alcalde Marco Bonilla trabaja firmemente para lograr esa cohesión de los votos anti-Morena.
En resumen, el ciclo de la 4T está amenazado por sus propias contradicciones: ofrecieron una cosa e hicieron otra, dejando al descubierto la corrupción y la protección tanto a delincuentes como a los gobernantes aliados con ellos.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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