Mario Álvarez Porras.- ¿Cuántos colaboradores con ansiedad generalizada trabajan hoy en su empresa sin que usted lo sepa? La mayoría de los directivos respondería: “Ninguno”. La realidad es que probablemente sí los hay.
No faltan al trabajo. Llegan puntuales. Cumplen metas. Contestan mensajes a cualquier hora. Son considerados empleados ejemplares. Sin embargo, cada jornada la viven con una preocupación constante, agotamiento emocional, insomnio o miedo permanente a cometer un error.
La ansiedad generalizada es uno de los problemas de salud mental más silenciosos de nuestro tiempo. Precisamente porque no siempre se ve, muchas empresas la ignoran. Mientras haya producción, parece que todo está bien. Ese es el gran error.
Las organizaciones invierten millones en maquinaria, inteligencia artificial, procesos de calidad y estrategias comerciales, pero pocas invierten el mismo esfuerzo en comprender el estado emocional de quienes hacen funcionar todo lo anterior.
En muchas empresas, el éxito sigue midiéndose únicamente por indicadores de producción. Si el colaborador alcanza sus objetivos, nadie pregunta cuánto estrés soportó para lograrlos. Si responde correos a medianoche, se interpreta como compromiso. Si nunca toma vacaciones, se le considera indispensable. En ocasiones, lo que parece alto desempeño puede esconder un desgaste profundo.
No corresponde a las empresas diagnosticar trastornos de ansiedad. Esa tarea pertenece a los profesionales de la salud. Pero sí les corresponde crear entornos donde pedir ayuda no sea motivo de estigma, donde el liderazgo no normalice el agotamiento y donde la productividad no se consiga a costa de la salud de las personas.
Ignorar la ansiedad tiene un costo. Se refleja en errores, menor creatividad, dificultades para tomar decisiones, rotación de personal, ausentismo y pérdida de talento. Es un costo que muchas veces aparece demasiado tarde, cuando el colaborador ya renunció o su salud se ha deteriorado.
Las empresas más exitosas del futuro no serán las que exijan más horas de trabajo. Serán las que comprendan que el bienestar y la productividad no son enemigos. Una persona que trabaja con equilibrio, apoyo y confianza tiene más posibilidades de innovar, permanecer y aportar valor a largo plazo.
La pregunta ya no es si la ansiedad existe dentro de las organizaciones. La verdadera pregunta es cuántas empresas seguirán actuando como si no existiera. Porque ninguna estrategia de crecimiento puede sostenerse cuando quienes la ejecutan están emocionalmente agotados.
La salud mental no es un asunto secundario. Es un tema de liderazgo, de competitividad y de visión empresarial. Ignorarla ya no es una opción. Reconocerla puede convertirse en una de las decisiones más inteligentes que tome una organización.

