Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca (Facilitador Privado).- En su informe de actividades, la presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Chihuahua, magistrada Marcela Herrera Sandoval, destacó la importante labor que desarrolla el Instituto de Justicia Alternativa, cuya función representa una de las vías más importantes para fomentar la cultura de la paz y encontrar soluciones a los conflictos sin necesidad de llevar todos los asuntos ante un tribunal.
Es un tema que merece mayor difusión.
Durante muchos años hemos desarrollado una cultura en la que, cuando surge un conflicto jurídico, inmediatamente pensamos: “hay que demandar”.
Demanda, contestación, audiencias, pruebas, recursos, apelaciones y, en algunos casos, amparos. Meses o incluso años de desgaste económico y emocional para las personas involucradas, además de la carga de trabajo que representa para los tribunales.
Pero no todos los conflictos necesitan terminar de esa manera.
Nuestra Constitución reconoce los mecanismos alternativos de solución de controversias y, en Chihuahua, la Ley de Justicia Alternativa establece instrumentos que permiten a las propias personas participar en la construcción de la solución de sus diferencias.
Aquí existe una figura que todavía es poco conocida por una buena parte de la sociedad: los facilitadores privados certificados.
No se trata simplemente de abogados que informalmente buscan conciliar a dos personas. Somos profesionistas certificados y registrados por el Instituto de Justicia Alternativa del Poder Judicial del Estado, después de cumplir los requisitos de capacitación, evaluación y certificación establecidos legalmente y sujetos, además, a supervisión institucional.
La Ley de Justicia Alternativa del Estado de Chihuahua expresamente autoriza a los facilitadores privados certificados para aplicar mecanismos alternativos de solución de controversias.
Esto tiene una enorme trascendencia práctica.
Dos personas que mantienen una controversia pueden acudir voluntariamente ante un facilitador privado para dialogar, identificar sus diferencias y buscar soluciones que satisfagan sus intereses, siempre dentro de los límites que establece la ley.
El facilitador no es juez. Tampoco representa a una de las partes contra la otra. Su función exige neutralidad, imparcialidad, confidencialidad y respeto a la voluntad de quienes participan.
Lo verdaderamente importante es el resultado jurídico que puede obtenerse.
Cuando mediante un mecanismo alternativo las personas construyen un acuerdo, el convenio correspondiente puede ser presentado ante el Instituto de Justicia Alternativa para su validación y registro y, cumpliendo los requisitos legales, adquirir el carácter de sentencia ejecutoriada.
Dicho en términos sencillos: no estamos hablando de un simple acuerdo de palabra ni necesariamente de un contrato privado que después tenga que ser objeto de otro juicio para determinar su alcance.
Estamos hablando de un instrumento al que la ley permite otorgar una fuerza jurídica extraordinariamente importante.
Y precisamente ahí encontramos una de las grandes virtudes de la justicia alternativa: prevenir el juicio antes de que comience.
Pensemos, por ejemplo, en controversias relacionadas con contratos, arrendamientos, adeudos, compraventas, cuestiones patrimoniales, determinados conflictos familiares y muchas otras situaciones en las materias que permite la legislación.
¿Por qué esperar a que exista incumplimiento, demanda y confrontación, cuando las personas pueden sentarse previamente, acompañadas profesionalmente, establecer claramente sus obligaciones y construir una solución jurídicamente segura?
La justicia alternativa no significa renunciar a nuestros derechos, por el contrario, significa ejercerlos de una manera diferente.
Tampoco pretende sustituir a jueces, magistrados o abogados litigantes. Existen asuntos que necesariamente deben resolverse ante los tribunales y conflictos en los cuales no será posible alcanzar un acuerdo.
Pero existe también una enorme cantidad de asuntos que pueden solucionarse mediante el diálogo y la voluntad de las partes.
Por eso los facilitadores privados tampoco debemos ser vistos como competencia de los abogados litigantes. Podemos ser sus colaboradores.
Un abogado puede advertir que determinado asunto de su cliente tiene posibilidades reales de solucionarse mediante un mecanismo alternativo y recomendar la intervención de un facilitador privado, permaneciendo como asesor jurídico de su cliente.
Todos ganamos. Ganan las personas, porque pueden encontrar soluciones más rápidas y reducir costos, desgaste y confrontaciones innecesarias.
Ganan los abogados, porque pueden ofrecer a sus clientes mayores alternativas para resolver sus problemas.
Gana el Poder Judicial, porque disminuye la llegada de controversias que pueden solucionarse sin necesidad de iniciar largos procedimientos jurisdiccionales.
Y gana la sociedad, porque comenzamos a sustituir gradualmente la cultura del pleito por una auténtica cultura de la paz.
Por eso resulta importante que desde la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia se reconozca y fortalezca el trabajo del Instituto de Justicia Alternativa.
Pero también debemos dar el siguiente paso: que la ciudadanía conozca que la justicia alternativa no solamente se encuentra dentro de los edificios del Poder Judicial.
También existen facilitadoras y facilitadores privados certificados a quienes las personas pueden acudir directamente.
Tenemos frente a nosotros una herramienta jurídica que todavía no hemos aprovechado suficientemente.
La justicia del futuro no puede medirse solamente por el número de sentencias que dictan nuestros tribunales.
También debemos medirla por el número de conflictos que somos capaces de solucionar antes de que lleguen a ellos.
Porque algunas veces la mejor sentencia es aquella que nunca necesitó dictar un juez: el acuerdo que las propias personas construyeron, dentro de la ley, mediante el diálogo y con la seguridad jurídica necesaria para convertirlo en una solución definitiva.
Esa es también justicia. Y, sobre todo, esa es una verdadera forma de construir la paz.

