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Impuesto predial

Hay dos clases distintas de ciudadanos en la nación: aquellos que pagan impuestos y aquellos que los reciben y viven de los mismos. Thomas Paine, filósofo inglés

Cuauhtémoc Monreal Rocha.- Una definición lacónica de impuesto predial nos dice que el impuesto predial es una contribución obligatoria que pagan los propietarios de bienes inmuebles —casas, terrenos o edificios—, cuyos recursos deben destinarse a financiar servicios públicos, tales como alumbrado, recolección de basura y mantenimiento urbano en general, para beneficio de la comunidad. Pura teoría.

El presidente municipal de “La Mejor Frontera de México” en su momento, y quien naciera políticamente en el Partido Acción Nacional, hace algunos días arremetió, como buen morenista, contra el blanquiazul, al exhibirlo ante la opinión pública juarense por tener un adeudo por concepto de impuesto predial, de más de nueve millones de pesos, los cuales tendrá que pagar ya, so pena de que, de no hacerlo, la Tesorería Municipal le seguirá cobrando al PAN recargos, costas del juicio (agregamos nosotros) y, si insiste en no hacerlo, se le embargará.

No escribimos cierto dicho para no herir susceptibilidades.

Aún el edil no terminaba de hacer público el adeudo de su expartido, cuando el personaje mítico que ahora representa en la ciudad al blanquiazul, le reviró airadamente al alcalde, diciéndole, palabras más, palabras menos, que no se haga, que ese adeudo se arrastra desde cuando él era dirigente panista; o sea, que él lo dejó, por lo que el adeudo no es nuevo.

Los dimes y diretes duraron toda la semana. Nos acordamos de Salinas Pliego y UYSQ.

Cara o cruz, perdón, Cruz o Ulises, ¿cuál de “los dos” tiene la razón? Difícil saberlo, pero de que hay que pagarle al Municipio ese fuerte adeudo por concepto de impuesto predial, hay que pagarlo, porque solo los impuestos y la muerte no se pueden evitar.

Mientras tanto, la ciudad seguirá abandonada por las tres esferas de gobierno, porque el dinero no alcanza para nada, excepto para las campañas políticas. Ni modo, ya vendrán tiempos mejores.

Y para reír, aunque sea un poquitín, va:

– Papá, ¿qué se siente tener un hijo guapo?

– No lo sé, pregúntale a tu abuelo.

Vale.

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