Aída María Holguín Baeza.- Desde hace tiempo, la salud mental es uno de los grandes desafíos a nivel mundial.
Los datos de la OMS evidencian que millones de personas en el mundo viven con alguna afección de salud mental, pero detrás de cada cifra hay una persona, una historia y una experiencia que no puede comprenderse solamente desde las estadísticas.
Es quizás por eso que este año el Día Mundial de la Salud Mental propone escuchar a las personas con experiencia vivida y que sus voces orienten las políticas, los servicios y las decisiones que les afectan. No basta, pues, con escuchar testimonios, sino con permitir que quienes han vivido un problema de salud mental participen en el diseño de servicios, políticas y estrategias de atención. Y de ahí que el reto sea pasar de escuchar a actuar y convertir esas voces en cambio real.
El panorama mundial indica que esta participación todavía no es una práctica habitual. Solo 45 por ciento de los países que respondieron al Atlas de Salud Mental 2024 informó haber colaborado con personas con experiencia vivida en la planificación, prestación o seguimiento de servicios. Además, apenas el 9 por ciento ha completado la transición de la atención institucionalizada a modelos comunitarios centrados en la persona y sus derechos.
En México, el problema adquiere una dimensión que obliga a atender las cifras, pero también lo que hay detrás de ellas. De acuerdo con el INEGI, en 2025 se registraron 8 mil 709 suicidios, con una tasa nacional de 6.7 por cada 100 mil habitantes. Las personas de 15 a 29 años presentaron la tasa más alta, con 10.2.
Chihuahua concentra una realidad especialmente preocupante. En 2025 registró la tasa de suicidio más alta del país, con 13.8 por cada 100 mil habitantes. Por su parte, el Instituto Chihuahuense de Salud Mental reportó una disminución de 12.72 por ciento respecto de 2024 y, a la vez, señaló que 62 por ciento de los suicidios correspondió a personas de 15 a 39 años.
Son datos que muestran que el problema no debe ignorarse, pues, si bien la disminución señalada por el Ichisam es relevante, la elevada tasa estatal y la concentración de los casos en población joven evidencian que el desafío permanece.
La realidad es que la salud mental también se construye en los vínculos. Como plantea Bessel van der Kolk, sentirse seguro y verdaderamente escuchado por otras personas es esencial para afrontar el estrés y el trauma. No se trata simplemente de estar acompañados, sino de experimentar que alguien nos ve, nos escucha y está presente. A veces, ese vínculo puede ser una de las formas más poderosas de cuidado.
Por eso, hablar de salud mental —en el mundo, en México y en Chihuahua— exige algo más que conmemorar una fecha. Exige escuchar a quienes viven estas experiencias y permitir que su conocimiento contribuya a transformar la prevención, la atención y el acompañamiento. Porque escuchar no es el punto final; escuchar de verdad implica comprender, acompañar y actuar. Ahí comienza el cambio real.
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