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Energía e inteligencia artificial

Rafael Espino.- La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico de los centros de datos en México podría más que duplicarse hacia 2030, impulsado en gran medida por el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial (IA).

Esta creciente demanda plantea al Estado mexicano el desafío de fortalecer la generación, transmisión y distribución de electricidad. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) tendrá un papel fundamental para garantizar un suministro suficiente, confiable y competitivo, capaz de acompañar la expansión de los centros de datos y de la economía digital.

Hoy, más que nunca, recuperar nuestra soberanía energética constituye un imperativo de seguridad nacional y una condición indispensable para impulsar el crecimiento económico y fortalecer la competitividad global del país.

Con la llegada de los gobiernos de la Cuarta Transformación se impulsaron cambios en el modelo eléctrico y en el aprovechamiento de los hidrocarburos, bajo el propósito de alcanzar la autosuficiencia energética. Sin embargo, los resultados siguen siendo insuficientes frente a los desafíos que plantea la creciente demanda.

Recientemente, la Secretaría de Energía anunció un programa para ampliar la capacidad de generación y abrir nuevos espacios a la participación privada. La propuesta contempla 55 proyectos —38 mixtos y 17 privados—, con una capacidad conjunta de generación de 10,883 megawatts, almacenamiento de 3,623 megawatts y una inversión cercana a los 275 mil millones de pesos. Asimismo, destacó una cobertura eléctrica nacional de 99.88% y tarifas por debajo de la inflación.

No obstante, el reto va más allá de producir más electricidad. Los centros de datos requieren grandes cantidades de energía concentradas en instalaciones específicas, con elevadas necesidades de potencia, conexiones robustas y sistemas de refrigeración intensivos. Esta concentración puede generar congestiones y saturar la infraestructura local, aun cuando exista capacidad de generación suficiente en otras regiones.

Por ello, resulta indispensable modernizar el Sistema Eléctrico Nacional. La infraestructura debe adaptarse simultáneamente a la electrificación de la economía, la incorporación de energías renovables, el almacenamiento y la expansión acelerada de los centros de datos. Sin inversiones sostenidas en transmisión, distribución y digitalización, conectar nuevas industrias y grandes instalaciones tecnológicas podría volverse cada vez más costoso e incluso inviable en determinadas regiones.

La pregunta central es si México podrá transformar su red eléctrica para anticipar congestiones, optimizar los flujos de energía y responder con flexibilidad a una demanda cada vez más dinámica. No basta con ampliar la generación: necesitamos una red moderna, inteligente y adaptable.

Paradójicamente, la propia IA puede contribuir a resolver este desafío mediante la predicción de la demanda, la detección anticipada de fallas, la optimización de las redes y una mejor integración de las energías renovables. También puede acelerar la innovación en materiales, baterías y procesos industriales.

México enfrenta una oportunidad estratégica: convertir la revolución digital en un motor de desarrollo, inversión y productividad. Para aprovecharla, deberá alinear su política energética con las necesidades de la nueva economía, ofrecer certidumbre a la inversión y fortalecer su infraestructura eléctrica. En la era de la inteligencia artificial, la competitividad dependerá cada vez más de nuestra capacidad para generar, transportar y administrar energía de manera eficiente, segura y sostenible.

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