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El síndrome de Criptis (Tomo II)

Raúl Ruiz.- Hace como dos o tres meses escribí sobre este tema. Fue cuando se descubrió la conexión del senador, Adán Augusto López, con el cártel de La Barredora, asunto que han dejado correr bajo la alfombra y que, al paso del tiempo, será un hoyo negro a su carrera política. Y si no se resuelve pronto, el hoyo se tragará a toda la 4T.

A esto se le llama, síndrome de Criptis. El llamado síndrome de Criptis no es un término médico, sino una noción filosófico-política acuñada en diálogo con Ikram Antaki y retomada en mis columnas recientes.

Se describe como una situación límite —política, ética o existencial— en la que cualquier acción o decisión conduce inevitablemente a un deterioro irreversible. Repito… Irreversible.

Rasgos principales del concepto

– El sujeto pierde capacidad de maniobra y se enfrenta al colapso simbólico de sus vínculos, su narrativa pública y su autoridad.

– No es el final, sino el punto ciego del poder: un momento en que las salidas parecen clausuradas y las decisiones ya no regeneran legitimidad.

– Etimología simbólica: surge de la contracción entre crisis y óptica, evocando una visión clausurada, una encrucijada invisible donde el ojo político ya no distingue salidas sino espejismos.

Criptis

– Dimensión existencial: más allá de lo político, puede aplicarse a ámbitos éticos o vitales, como el instante en que toda estrategia se convierte en desgaste y todo movimiento en pérdida. 

En términos performativos, la Criptis puede pensarse como un ritual de clausura: el poder se mira en su propio espejo deformante y descubre que ya no controla ni el relato ni la escena. 

Reitero: Nunca pensé que mi amistad con Ikram Antaki me traería tanto capital intelectual. Conocimiento que no deja, pero ilustra. Nuestras charlas fueron auténticos abrevaderos de conocimiento.

Por ejemplo, platicar sobre el significado de Criptis. El término es inocuo hasta que cobra vida y se traga al primer político. En los pliegues más oscuros de la política mexicana contemporánea, emerge una figura que encarna el concepto de Criptis: Adán Augusto López.

Lo que comenzó como una trayectoria de poder acumulado dentro de la 4T, ha derivado en una situación donde cada paso que da parece hundirlo más en el lodo de la controversia.

La revelación de vínculos entre su exsecretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena, y el grupo criminal La Barredora, ha colocado a López en una Criptis perfecta: si habla, se expone; si calla, se hunde.

Pero Criptis no es solo el abismo de quien lo habita, sino también el eco que arrastra. Y así lo predije entonces: Andrea Chávez, senadora y figura emergente en Chihuahua, ha sido señalada por su cercanía con López y por presuntos vínculos indirectos con redes de financiamiento ilícito.

Su defensa pública del senador, su rol como vocera y estratega, y los gestos simbólicos compartidos (como aquel vuelo bajo la luna llena donde se leyeron poemas de Pellicer) la colocan en el borde del mismo precipicio.

La Criptis no es una caída, es el momento en que el suelo deja de ofrecer seguridad… ¡Es un vórtice!

Debe ser terrible sufrir esa sensación de estar atrapado en una red donde cada salida lleva al abismo, y Criptis es una palabra o expresión que no solo denota la imposibilidad, sino también la carga ética, estratégica o simbólica del momento.

Imagina tú la angustia de sufrir la paradoja del desgaste: Cuando seguir o detenerse equivale al mismo deterioro, con implicaciones éticas. Un crítico de arte lo definiría como El Dilema Trágico, situación en la que cualquier decisión implica una pérdida significativa, muy usado en la tragedia clásica.

Los escritores que empiezan a colocar las palabras para darle un efecto dramático, usan lugares comunes como: “Se encuentra en un callejón sin salida”. Más coloquial, pero eficaz en describir lo infranqueable.

Los que aman profundamente la tragedia dirían: se encuentra en el umbral del sacrificio: Si se quiere resaltar el momento en que se cruza hacia una renuncia necesaria.

Por el lado que le quieras ver, estamos hablando de un “Cadáver Político”, (Diría Zepeda Patterson)

Hace tres meses dije: Todavía hay mucho celuloide por rodar. Esto apenas comienza. Hoy digo, el celuloide ha comenzado a rodar. Adán Augusto López atrapado en el síndrome de Criptis y en su caída arrastrando a Andrea Chávez como si fuera un satélite político condenado a la órbita del desgaste. 

El vórtice de la Criptis: Adán Augusto y succión política.

– La acompañante involuntaria: Andrea Chávez, atrapada en la succión gravitacional del derrumbe.

No es que haya cometido un error propio, sino que la física política es cruel: quien orbita demasiado cerca del Criptis termina por ser absorbido.

– El coro ciudadano: observa con una mezcla de risa y resignación, como si asistiera a una tragicomedia griega montada en el teatro de la frontera. 

La lección es clara: en política, la gravedad no se negocia.

Y cuando el poder entra en Criptis, no hay discurso ni alianza que lo saque.

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