Dr. Fernando A. Herrera M.- El PAN ante una doble bancarrota. La crisis que arrastra el Partido Acción Nacional (PAN) no es por los resultados en las urnas, sino por las traiciones y las malas decisiones en sus oficinas centrales.
La línea que une a Ricardo Anaya, Marko Cortés y a Jorge Romero Herrera no es la continuidad ideológica, sino la de una generación que asaltó el control del partido, sin haber pasado por la escuela de su doctrina, sin entender la mística fundacional y que cambiaron todo al pragmatismo de una supervivencia personal.
El pecado original nace con la ambición que dinamitó las reglas de la caballerosidad política. Aquel relevo en el que Ricardo Anaya desplazó sin modales, incluso con crueldad, a Gustavo Madero, inauguró esta era de canibalismo. Anaya utilizó la estructura como trampolín y propició que liderazgos históricos, incluyendo algunos gobernadores con arraigo, se retiraran. Al secuestrar el padrón interno, transformó un partido de ciudadanos en un club de votantes cautivos.
Su leal heredero, Marko Cortés, siguió y lo llevó al límite al renunciar a la batalla de las ideas para abrazar las alianzas cupulares que desdibujaron la identidad del partido, solo para asegurar las posiciones plurinominales para su grupo.
La llegada de Jorge Romero representa otro eslabón de esta cadena sin doctrina y que, ante el desgaste de las coaliciones, el nuevo giro estratégico propone abrir candidaturas a la ciudadanía e ir a la competencia electoral en solitario rumbo a 2027.
Detrás de esta “supuesta apertura” no hay una consulta con las bases, ni siquiera una reflexión profunda. Son apenas ocurrencias de sala de reuniones o tácticas de escritorio, porque al no haber invertido parte de las prerrogativas en la formación de cuadros durante la última década, el partido carece de figuras de arrastre.
La pretendida apertura corre el riesgo de convertirse en un aparador mediático para exhibir perfiles improvisados, mientras la cúpula, claro está, retiene las listas plurinominales.
Esta falta de madurez política conduce al partido hacia una potencial doble bancarrota. En lo político se arriesga la extinción regional del partido, porque un candidato externo, sin doctrina, puede abandonar las siglas a la primera presión por la ausencia de un lazo de lealtad con la militancia de base. Y en lo económico, el peligro sería terminal, porque en el sistema electoral mexicano, el financiamiento público sigue al voto. Al pulverizar la votación por la falta de estructuras reales, el recorte de prerrogativas sería devastador.
La inexperiencia de la cúpula encadena al PAN a una quiebra técnica que hará imposible sostener los comités locales y operar las campañas. La historia demuestra que las victorias del PAN ocurrieron cuando sus líderes eran referentes intelectuales con valores morales probados. La burocracia actual subestimó el valor de la mística y aseguran que la política se reduce a la aritmética de cuotas.
Hoy, con la identidad del partido diluida y sus arcas en riesgo, el PAN enfrenta sus horas más oscuras, manejado por jóvenes a quienes ganó la ambición, pero les faltó capacidad y liderazgo.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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