Dr. Fernando A. Herrera M.- Hay un segundo Pemex en México, pero sin logo, no paga impuestos, pero despacha en las mismas bombas.
Todos los días el país consume unos 137 millones de litros de gasolina y 64 millones de litros de diésel. De ese total, un 20 por ciento entra de contrabando. Es diésel texano y gasolina del Golfo que cruza con pedimentos falsos, se mezcla en terminales y termina en la estación de cualquier avenida, con ticket y con precio regular.
Esa es la trampa. El huachicol fiscal no se esconde. Se vende donde mismo. El usuario no distingue. La bomba es igual, la manguera es igual. Lo único distinto es a dónde va el dinero.
Porque ese 20 por ciento no paga IEPS ni IVA. Y con los precios de esta semana eso significa 300 millones de pesos diarios que no entran a Hacienda. En un año son más de 100 mil millones, que no se evaporan, se quedan en bolsillos de líderes de los grupos criminales que controlan la ruta, los patios, la patente aduanal y la gasolinera cómplice.
Con ese dinero no compran más que pipas. Compran policías municipales, jueces, protección para mover fentanilo, cuando vayan de vacío. El combustible se volvió la vaca de efectivo del crimen organizado, más estable que la extorsión y menos ruidosa que el secuestro.
Y frente a eso, ¿Qué vemos? No vemos nada, ni una investigación seria. No vemos a la UIF congelando las cuentas de las redes de gasolineras que reciben volumen sin origen. No vemos carpetas contra los dueños reales, esos que firman los contratos de suministro.
Vemos operativos para la foto. Van por los sobrinos, por el chofer de la pipa, por el encargado de turno, por algún mando medio que se puede sustituir en una semana. Se anuncian decomisos de millones de litros, pero nadie explica cómo esos litros entraron por una aduana, cómo se facturaron, cómo se pagaron y quién cobró.
Mientras la autoridad persigue la cola, la cabeza sigue facturando. Porque el negocio vive de la impunidad en el punto de venta. Mientras una estación pueda vender huachicol sin perder la franquicia, sin perder la cuenta bancaria, sin perder la libertad, el incentivo sigue.
No es un problema de precio. Es un problema de Estado. Si uno de cada cinco litros financia al crimen y se despacha a plena luz, entonces no estamos ante contrabando, estamos ante un sistema paralelo de recaudación, solo que, en vez de hospitales, recauda para las balas y metralletas.
(*) Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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