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El Andy

Dr. Fernando A. Herrera M.- Vaya vodevil que nos regala la escena pública nacional. Lo que en cualquier democracia funcional sería un trámite consular estrictamente privado —el retiro de una visa de turista por parte de un gobierno soberano—, aquí se ha convertido en una epopeya nacionalista de opereta. Cuatro elementos configuran este cuadro que oscila entre el despropósito institucional y el chisme familiar.

La Sota: ¿Quién es Andy?

Empecemos por el principio, desnudando jerarquías. Andrés Manuel López Beltrán “Andy” ya no es el poderoso secretario de Organización de Morena; hoy es apenas un aspirante a diputado federal por el Distrito 6 de Tabasco para los comicios de 2027.

Legalmente, es un ciudadano de a pie. No es embajador, no es secretario de Estado, no goza de fuero constitucional ni representa al pacto federal. Es el hijo de un expresidente. El peso real que conserva es dinástico –y hasta fáctico– dentro de las tribus de su partido, pero carece de investidura oficial que justifique que el Estado mexicano salga a meter las manos al fuego por él.

El Caballo: La reacción

El caballo se desboca. Incomprensible la desmesura con que la presidente Claudia Sheinbaum y el aparato de Morena reaccionaron ante la carta que el mediano de los López Beltrán le envió a Donald Trump. Elevar la cancelación de una visa a la categoría de “afrenta a la soberanía nacional” e instrumentar conferencias y asambleas partidistas para defender el privilegio de viaje de un particular es un flagrante abuso de los recursos públicos.

Al arropar con retórica patriótica lo que a todas luces parece una investigación financiera o política de Washington, el gobierno federal confunde la defensa de la patria con la protección de la familia real.

El Rey: El “show” de las palomitas

Del otro lado de la frontera, la diplomacia de corbata ha muerto. Christopher Landau se mueve en el fango de las redes sociales como pez en el agua. Tras ser acusado por Andy de orquestar una “perversidad de carácter hitleriano”, el funcionario estadounidense no contestó con un frío comunicado consular, sino con una provocación directa: “¿Están disfrutando el show? Preparen sus palomitas”.

Detrás de la burla socarrona en Twitter se esconde una política de mano dura que ya le quitó el visado a decenas de políticos oficialistas bajo la premisa de la seguridad nacional y el combate a la corrupción. Landau juega al desgaste y sabe que, en esta guerra de narrativas, el gobierno mexicano se está desgastando solo.

El Comodín

Pero si algo terminó por sepultar el dramatismo de la “embestida imperialista” fue el fuego fraterno dentro del propio clan. Mientras el gobierno tensaba la liga diplomática y Andy pintaba a Estados Unidos como una distopía de odio y drogadicción, el hermano mayor, José Ramón López Beltrán, apareció feliz de la vida paseando por las carreteras de Texas y tomándose fotos con su familia en Disneylandia.

El desplante es monumental. El viaje frívolo del primogénito no solo desmiente la narrativa de una “persecución generalizada” contra el apellido, sino que exhibe una alarmante falta de tacto político. José Ramón le pinchó el globo del martirio a su hermano menor a punta de retratos familiares en el vecino país del norte.

Remate

La mesa está puesta y la baraja lista para repartir. Cuando un gobierno decide utilizar el peso del Estado para litigar los problemas consulares de un aspirante a diputado —cuyo único mérito es su árbol genealógico—, la brújula se pierde.

Si a eso le sumamos la ironía de un funcionario estadounidense que se burla en su cara y un hermano mayor que se va a Disneylandia mientras el partido llama a la resistencia civil, el resultado no es una gesta heroica de soberanía. Es un sainete político que le cuesta muy caro a la seriedad del país.

El interregno

Existe una creencia errónea en el círculo rojo político de que si los resultados de noviembre son adversos a Donald Trump o a su partido, el riesgo de acciones radicales contra México se disiparía de inmediato.

Se asume equívocamente que una derrota electoral apagaría los fuegos de la confrontación bilateral. Nada más alejado de la realidad, porque entre la elección y el cambio de legislatura en enero, se abre la ventana conocida como el Lame Duck “pato cojo”.

Un interregno de casi tres meses para que el presidente en pleno poder y sin temer a perder el costo político de actuar, al no tener que volver a competir en una elección, la moderación diplomática se extingue. Para Trump, ese periodo seria la oportunidad perfecta para ejecutar pendientes.

El peligro

En su primer mandato, Trump debatía con el Congreso si debía o no sancionar con el uso de la fuerza. Su administración ya no tendría ese obstáculo y podría emprender la captura de las organizaciones criminales de México que están clasificadas como “Organizaciones Terroristas Extranjeras” y los políticos que se sabe están ligados a ellas.

Más alarmante aún: el fentanilo es considerado arma letal de destrucción masiva y elevó el estatus de la crisis de muertes al notificar al Congreso que se considera un “ataque armado contra los Estados Unidos”, definiendo a sus integrantes de los cárteles “combatientes ilegales”.

El marco jurídico para actuar de manera unilateral y militarizada ya existe; solo falta la orden. En esa ventana de tres meses. Un Trump saliente tendría las manos libres para usar el andamiaje antiterrorista contra los capos y los políticos que México se ha negado a extraditar.

La seguridad nacional abre el abanico de acciones unilaterales que no requeriría de pedir permiso a la justicia mexicana, ni de buscar consenso bilateral.

La asfixia y muerte financiera de quienes tienen bienes y cuentas se ampara con ley de apoyo material al terrorismo y el Departamento del Tesoro puede emitir, de la noche a la mañana, sanciones contra políticos, exfuncionarios o empresarios sospechosos de complicidad.

Estas designaciones de la OFAC congelan activos en suelo estadounidense y aíslan de inmediato a los implicados del sistema bancario internacional.

Al estar catalogados como terroristas y combatientes ilegales, las agencias de EU tienen facultad extraordinaria y en los tres meses de transición, la opción de realizar capturas en suelo internacional, o bien, ejecutar extracciones con respaldo en la jurisprudencia de la propia Corte Suprema de EU, que valida juzgar a un prófugo sin importar cómo fue detenido en el extranjero.

Amparado en la declaratoria de conflicto armado, Trump podría ordenar ataques selectivos con drones o incursiones tácticas de fuerzas especiales contra laboratorios u objetivos prioritarios antes de entregar el mando.

Al ser un presidente en retirada, las quejas de la cancillería mexicana o las protestas de organismos internacionales carecerían de un mecanismo de represalia política real contra él.

Para el Gobierno de México y aquellos funcionarios que operan bajo su sombra protectora, el verdadero peligro de estos tres meses radica en el fin de la diplomacia de papel. Este lapso debería quitarles el sueño por tres factores de alarma inmediata.

La preocupante oleada de informantes que buscan discretamente a las agencias estadounidenses para ofrecerse como delatores y salvar sus expedientes con traiciones a los políticos de mayor jerarquía.

Con la figura de “combatientes ilegales”, las agencias de EU están legalmente facultadas para neutralizar objetivos, detenerlos sin las restricciones legales que exige el burocrático proceso de extradición.

Los precedentes en la región demuestran que están dispuestos a usar la fuerza directa cuando consideren que un gobierno vecino se niega a cooperar.

Quienes creen que la soberanía territorial o la lenta burocracia mexicana los blindará contra un Trump en retirada, olvidan que, bajo las reglas vigentes de la seguridad nacional, las formas diplomáticas ya no importan, y en ese periodo, puede ocurrir la captura y/o la asfixia financiera que no esperará el visto bueno de México y solo bastaría una firma en el Despacho Oval.

En resumen: El peligro no termina en las urnas; apenas entraría en su fase más impredecible.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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