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Disciplina frente al canibalismo guinda

Dr. Fernando A. Herrera M.- En la antesala de la sucesión de 2027, el tablero político de Chihuahua ha comenzado a emitir señales equívocas que los analistas superficiales confunden con rupturas. La reciente declaración desde Palacio de Gobierno, cuando la gobernadora Maru Campos apeló públicamente a la doctrina de quienes la han acompañado para evitar deslealtades, encontró del otro lado el silencio del exfiscal César Jáuregui.

Sin embargo, en la alta política norteña, ese silencio no debe leerse como un otorgamiento o una distancia; al contrario, es la más pura expresión de disciplina, madurez y lealtad al proyecto común.

Jáuregui, un operador de colmillo retorcido que conoce las entrañas del sistema local, sabe que engancharse en una narrativa de confrontación solo alimenta el morbo de la oposición y debilitaría la investidura de su jefa. Callar, en su caso, es un acto de responsabilidad política. Su institucionalidad queda intacta.

Al declarar posteriormente que la prioridad absoluta es blindar el estilo de vida y las libertades de Chihuahua hacia el futuro, Jáuregui reafirma su permanencia en el partido y demuestra que la cohesión interna está por encima de cualquier agenda o especulación. El panismo tradicional entiende que el verdadero enemigo no duerme en casa.

La verdadera tormenta y la falta de pudor político no están en el azul, sino en el canibalismo desatado al interior de Morena. El partido guinda ha decidido adelantar, por encima del calendario electoral, el proceso sucesorio a través de una confrontación abierta y encarnizada por la candidatura. La tregua interna desapareció.

Por un lado, Cruz Pérez Cuéllar encabeza las preferencias en territorio, sosteniendo una estructura que se ha fortalecido desde la frontera y llamando a una “unidad” que suena más a control de daños que a convencimiento. Por el otro, el ala radical ha enviado a Andrea Chávez, su única carta, a disputar el estado de manera frontal.

La senadora Andrea Chávez ha regresado a Chihuahua con la espada desenvainada, pero detrás está la cobija del ala dura del morenismo. Su estrategia no es de conciliación, sino de polarización absoluta. Al lanzar duras acusaciones de corrupción contra la administración estatal por el manejo del presupuesto de publicidad, Chávez no solo busca golpear a Palacio de Gobierno, sino también marcarle la cancha a Cruz Pérez Cuéllar y demostrar que los “puros” del movimiento no van a ceder un solo centímetro ante los sectores moderados o advenedizos.

Esta pugna interna amenaza con fracturar las bases locales de Morena mucho antes de que se defina la boleta.

Mientras en el PAN, la vieja escuela impone la disciplina del silencio para sanar y fortalecer la relación entre sus liderazgos clave, en Morena la doctrina del choque domina la escena.

La moneda está en el aire, pero la historia demuestra que en Chihuahua, el electorado premia la estabilidad y el orgullo local y suele castigar con rigor los proyectos que se construyen a base de la división y el conflicto.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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