Dr. Alfredo Morales González.- Entre junio de 2023 y junio de 2026, el mapa político de la región en Latinoamérica registró un reacomodo significativo. Mientras hace tres años 16 países eran gobernados por fuerzas de izquierda y 8 por la derecha, hoy, en 2026, el mapa político de América Latina muestra un giro hacia la derecha con aproximadamente 12 o 13 países gobernados por la derecha y 7 o 9 países gobernados por la izquierda.
En América Latina, el marco conceptual de la izquierda y la derecha se define principalmente por la postura frente a la intervención del Estado en la economía, la reducción de la desigualdad social y el papel de las instituciones democráticas, oscilando históricamente mediante sucesivos ciclos políticos
Los cambios electorales en países clave como Argentina, Ecuador, Paraguay, Perú y ahora Colombia, han modificado el equilibrio ideológico de la región, reflejando el dinamismo político latinoamericano y el impacto de los procesos electorales en la configuración del poder.
El péndulo político en la región alterna el poder entre ambos bloques debido a crisis económicas, problemas de corrupción o insatisfacción ciudadana con los servicios públicos básicos. Y por otro lado, el surgimiento de nuevas polarizaciones, ya queel clivaje tradicional socioeconómico se cruza hoy con tensiones sobre el autoritarismo, el populismo y las demandas identitarias o medioambientales.
A pesar que son dos enfoques totalmente distintos, por un lado, la izquierda al considerar que la desigualdad es el mayor problema regional y que el Estado debe intervenir activamente para corregirla mediante redistribución de la riqueza. Y en parte de la postura de la derecha, incluyendo dentro de sus prioridades el estímulo a la inversión privada, libre mercado, seguridad ciudadana estricta y restricción del gasto público, por mencionar algunos de los generales de estas posturas. Pero la realidad es que las dos se han quedado muy limitadas a nivel geopolítico y está por demás decir que el término es topográfico y caduco, ya que actualmente se habla más en términos de globalistas y nacionalistas (o soberanistas).
Este cambio político en América Latina responde a un movimiento pendular impulsado por el desgaste en el ejercicio del poder. Los ciudadanos votan por un cambio cuando los gobiernos actuales no resuelven problemas graves como la economía débil, la inseguridad y la corrupción.
Aunque se hacen grandes esfuerzos, como es el caso del pasado 18 al 20 de agosto de 2026, cuando el secretario de Seguridad Omar García Harfuch acudió a la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC), celebrada en el Palacio Libertad de Buenos Aires, Argentina.
El evento fue organizado por la Administración para el Control de Drogas (DEA) y el Ministerio de Seguridad de Argentina. La participación de México fue destacada, su objetivo principal fue presentar la estrategia de seguridad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, combatir noticias falsas sobre la situación del país y compartir resultados en la disminución de homicidios.
Harfuch sostuvo una brillante participación encabezando a la delegación mexicana y sostuvo encuentros trilaterales con representantes de Ecuador y Colombia, además de reuniones de trabajo con autoridades de Argentina, China, India, El Salvador y la Casa Blanca.
Todo, en su conjunto, se trató de una participación muy nutrida para la región, me recuerda un poco la expresión “echar las campanas al vuelo”, lo cual significa celebrar una buena noticia con mucha alegría, muchas veces de forma apresurada o antes de que el éxito esté totalmente seguro. Recordemos que es algo muy frecuente que nos sucede aquí en México y no sin antes ubicar a un buen funcionario público, simplemente haciendo su trabajo y lo que le corresponde, dejémoslo ahí.
Echando un vistazo a los factores económicos que envuelven la región, existen promesas de bonanza económica de los gobiernos progresistas que chocan con crisis financieras o estancamiento, dando un bajo crecimiento y, por ende, trae la subida de precios en los alimentos y servicios afectando el bolsillo de la clase trabajadora.
No podemos dejar de recordar el caso emblemático de la deuda pública de Estados Unidos, que superó por primera vez en la historia los 40 billones de dólares, impulsada por un déficit fiscal acelerado, mayores gastos en seguridad social y salud, y el fuerte incremento en el pago de intereses acumulados.
A Estados Unidos le tomó aproximadamente 205 años alcanzar su primer billón (trillion en inglés) de dólares de deuda nacional, un hito que cruzó oficialmente en octubre de 1981.
El ritmo cambió de manera radical con las décadas siguientes; en contraste con los más de dos siglos que costó el primer billón, la deuda total del país ha rebasado los 40 billones de dólares, sumando nuevos billones en cuestión de pocos meses, de tal manera que no es justificación, pero podemos entender gran parte del comportamiento de las economías en el resto de América Latina.
Los grandes maestros antiguos de la filosofía todos coincidían en que el mejor camino para la vida es el de en medio, ni ascetismo ni libertinaje. El camino espiritual, el camino de la iluminación tiene que ver con estar en paz y con sentirse libre en la vida. ¿Pero será posible que todavía encontremos ese camino de iluminación y vivir por lo menos con un poco de paz? Con los líderes actuales que tenemos, que nos representan y que toman decisiones por nosotros y no me refiero únicamente a la región de Latinoamérica, sino en su conjunto en todo el planeta en que vivimos.

