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De la religión a lo político

Dr. Alfredo Morales González.- En la sociedad moderna, la tarea de aprender debe ser llevada con discernimiento y sentido común, debido a los cambios, puesto que no todos los cambios son crecimiento, como no todos los movimientos son hacia adelante. El conocimiento a través de los medios de comunicación, como puede ser desde la lectura, la radio, el cine, internet y cualquier otro que amplíen nuestro conocimiento; es bueno estar interesado en tantas cosas como sean necesarias para llenar nuestros días.

Sin embargo, la cultura implica “el ambiente vital de la persona, el modo en que se relaciona consigo misma, con sus semejantes, con la naturaleza y con Dios”; por tanto, implica la manera en que se concibe y expresa el significado de la existencia. La cultura, por naturaleza, se comunica, se crea y se recrea a través de la educación.

Cada etapa de la historia de la humanidad se distingue de las demás por el conjunto de certezas que a nivel cultural definen la vida de las personas y de los pueblos de su época. Observamos, por ejemplo, en la cosmovisión colectiva, diferencias muy claras entre el mundo precolombino, el periodo colonial, la época de las independencias nacionales y el actual momento latinoamericano influido por la dinámica de la globalización.

El cambio de época actual tiene un impacto a nivel global en todos los ámbitos: económico, político, social, religioso, cultural, educativo… y todo esto influye en el impacto a los valores, tradiciones e identidades de los pueblos y de las personas, justamente mediante el uso de las tecnologías y medios de comunicación, en primer lugar el internet, con gran capacidad de poner en contacto recíproco a personas, superar distancias e intercambiar información de manera inmediata.

Por supuesto que también se le puede dar mal uso según los intereses grupales, como ejemplo, se pueden movilizar masas tanto para influir en las votaciones de una elección como también para inducir e influir a la población con fines fanáticos-religiosos, obteniendo sin más ni menos la voluntad de la gente a través de múltiples sectas, de la que cada vez hay más, cubriendo agendas de intereses políticos. Justamente es la combinación que se está presentando actualmente en las elecciones de Brasil.

Lamentablemente, no es el único país bajo esta sombra de poderes; el resto de Latinoamérica está siendo influenciado cada vez más, cubriendo los intereses de otros países potencia, que ya sabemos que lo último que les preocupa es que usted y yo seamos fieles practicantes devotos de la religión, como tampoco jamás les interesará que tengamos un estado democrático, soberanía popular y estado de derecho.

El conjunto de avances científico-tecnológicos que hemos vivido en las últimas décadas, ha hecho que el mundo se vuelva más complejo y resulte difícil percibir su unidad. Se vive una realidad fragmentada. Se ve la realidad unilateralmente, ya sea desde la perspectiva económica, política o científica, reduciéndola a sólo alguno de sus aspectos, y se interpreta a la naturaleza humana como algo puramente biológico, socioeconómico o sentimental.

La falta de sentido unitario de los factores que componen la realidad trae consigo una profunda fractura entre la fe y la vida, en donde la razón ha abandonado su vocación de buscar el significado último, reduciéndose al ámbito de lo eficiente y lo inmediato: “Dios, si existe, no importa”, se repite en lo interno la persona emanada de este contexto.

Pero también hemos llegado a ese punto en la política ya queel péndulo políticoen la región alterna el poder entre los bloques de derecha e izquierda, debido a crisis económicas, problemas de corrupción o insatisfacción ciudadana con los servicios públicos básicos. Y por otro lado, el surgimiento de nuevas polarizaciones,ya queel clivaje tradicional socioeconómico se cruza hoy con tensiones sobre el autoritarismo, el populismo y las demandas identitarias o medioambientales.

“El pragmatismo imperante deja poco tiempo y energía para la búsqueda de algo más profundo que el éxito o la satisfacción inmediata. La búsqueda del significado último de la vida y la experiencia de lo trascendente están como ausentes, ajenos a una sociedad aparentemente satisfechas de sí misma”

Al César lo que es del César, y a Dios lo que es Dios (San Mateo 22:21)

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