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Crecimiento económico y T-MEC en 2026

Rafael Espino.- Si bien podemos afirmar que hasta el momento México ha salido bien librado de la guerra arancelaria promovida por el presidente estadounidense Donald J. Trump, resistiendo mediante el aumento de sus exportaciones al vecino del norte, habida cuenta del castigo a los productos chinos, que han perdido espacio en los mercados americanos, nuestro gran reto continúa siendo el aumentar el crecimiento económico, lo que se puede alcanzar con políticas públicas concretas que fortalezcan nuestra competitividad internacional.

Las proyecciones de crecimiento económico para el país desafortunadamente no son nada alentadoras, apuntando a continuar con el estancamiento económico de los últimos años, lejos de aprovechar las ventajas que largamente se anunciaban por la integración de las cadenas de producción regionales y las ventajas derivadas de los acuerdos comerciales vigentes, principalmente el tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).

Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI), como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pronostican para este 2026 un crecimiento del Producto Interno Bruto del 1.2% y del 1.5%, respectivamente, que contrasta con el 2.8% proyectado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en el paquete económico.

La próxima revisión en 2026 del T-MEC será fundamental para el crecimiento de nuestra economía y mantenernos como el principal exportador de bienes a Estados Unidos, a donde se destinan el 80% de nuestras exportaciones. Este nivel de dependencia provoca que cualquier cambio al tratado tenga un impacto importante en sectores claves para nuestra economía como el automotriz, el agroindustrial, el textil y el electrónico. En el 2025 el comercio bilateral entre ambos países alcanzó un récord histórico de casi 900 mil millones de dólares.

Son varias las fortalezas de México, que lo posicionan favorablemente para buscar una renegociación del T-MEC, principalmente nuestra ubicación geográfica, una amplia cultura manufacturera, acuerdos comerciales con más de 40 países y una reputación de socio confiable.

Sin embargo, también existen debilidades estructurales por corregir, como los altos índices de inseguridad pública, la muy baja y decreciente inversión en infraestructura, un acucioso rezago energético y una creciente percepción de incertidumbre jurídica, resultado de la reciente reforma judicial.

Así, no es exagerado señalar que en la próxima revisión del T-MEC está en juego el diseño de la plataforma comercial que condicionará el crecimiento y la posición en el tablero global de México para la próxima década.

Se anticipan cambios en las políticas ambiental y laboral, así como nuevas definiciones en el tema de soberanía regulatoria; no obstante, el gran reto del equipo negociador mexicano será fortalecer la integración regional, modernizar sectores estratégicos y, lo más importante de todo, seguirle garantizando a los exportadores mexicanos la posibilidad de un acceso preferencial al mercado más grande del mundo. De ello dependerá, aunado a otros factores, el poder mejorar el crecimiento de nuestra economía para el bienestar de los mexicanos.      

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