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COLUMNISTA INVITADO

EN LA HOGUERA

Los fantasmas que Japón se niega a enterrar

Zeng Yan (Xinhua).- La decisión de Sanae Takaichi de enviar el martes una ofrenda ritual al polémico santuario Yasukuni, explícitamente como primera ministra japonesa, alimenta abiertamente el legado tóxico de Japón vinculado al militarismo. No solo constituye una nueva afrenta a las víctimas de la agresión en tiempos de guerra, sino también una señal preocupante que desafía los fundamentos morales del orden de posguerra. Presentado como un acto de duelo, el gesto en realidad conlleva un peso histórico y político mucho mayor. El templo sintoísta, ubicado en el centro de Tokio, no es un sitio religioso cualquiera. Es un símbolo político, ya que honra, entre otros, a 14 criminales de guerra japoneses de clase A condenados por la Segunda Guerra Mundial, glorificando el pasado militarista de Japón. Durante décadas, las visitas u ofrendas de líderes japoneses han provocado indignación en toda Asia, donde los recuerdos de la...

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