Dr. Fernando A. Herrera M.- Vergonzoso espectáculo el de Morena al pretender invadir Chihuahua con gente de varios estados de la República. Queda claro que no se sintieron seguros con la simpatía que dicen tener entre los chihuahuenses y decidieron reforzar con acarreados. ¡Una vergüenza!
El 16 de mayo no llegaron con ideas, ni con propuestas, llegaron en camiones. Dieciocho autobuses con gente de Durango, Coahuila y Guerrero fueron detectados en la carretera Delicias-Chihuahua, escoltados como las cajas con material electoral. En Meoqui, agricultores bloquearon la carretera federal para frenarlos, porque el estado no iba a quedarse callado mientras le metían gente por la fuerza. No era una marcha ciudadana, era logística de acarreo para invadir Chihuahua.
La convocatoria oficial hablaba de “defensa de la soberanía” y de pedir juicio político contra la gobernadora Maru Campos, con salida desde la Glorieta de Pancho Villa a las 4:00 PM, hacia Palacio. Pero la soberanía que invocan fue puro teatro cuando la pretendieron defender con ejércitos de gente rentados en otros estados.
El mensaje es brutal y clarísimo: Morena no confía en Chihuahua. Si tuvieran respaldo real no necesitarían importar porras de Guerrero ni prometer apoyos económicos para llenar una plaza. Traer gente de fuera es la confesión más honesta de su debilidad.
El diputado Francisco Sánchez lo dijo sin rodeos: el régimen de Morena quiere invadir Chihuahua con sus acarreados, pisotear la soberanía estatal y simular un respaldo que no existe en Chihuahua. Es una estrategia burda para colonizar con gente de otros estados.
Hablan de soberanía nacional mientras violan la soberanía de Chihuahua. Hablan de paz mientras generan caos y bloqueos, crean tensión en el aeropuerto y despliegan operativos de seguridad por su propia provocación.
Llegaron a tomarse fotos y a gritar consignas escritas en la Ciudad de México. Eso no es política, es turismo militante pagado con recursos públicos.
Y con todo el acarreo, con todo el operativo nacional, con Ariadna Montiel al frente, el resultado fue patético. Pese a los camiones, la afluencia fue muy baja. Poca gente, poca energía, cero legitimidad. Los chihuahuenses no compraron el show. Llegaron el sábado, se pasearon y no juntaron ni para llenar la foto.
Ese es el veredicto: ni regalando el viaje pudieron simular apoyo. Chihuahua los vio venir, los bloqueó en carretera y los ignoró en la plaza.
Morena no vino a escuchar a Chihuahua, vino a usarlo como set de campaña. No vino a defender la soberanía, vino a invadirla… Y fracasó.
Presidente: Los problemas se enfrentan, no se exportan a Chihuahua
Hay un manual viejo en la política mexicana que nunca pasa de moda: cuando el agua te llega al cuello, avienta la piedra más lejos que puedas. Se llama cortina de humo. Y hoy esa cortina tiene nombre: Chihuahua.
La presidente enfrenta una tormenta que no puede negar. En los últimos meses se le han acumulado los pendientes: la inseguridad rompió récord en homicidios durante el primer semestre de 2026; la inflación en productos de la canasta básica sigue golpeando a las familias; la crisis del agua en el centro del país y los escándalos de corrupción que salpican a operadores de Morena. Son problemas reales, medibles, que duelen en las casas de millones de mexicanos.
Frente a eso, hay dos caminos: enfrentar con entereza o buscar a quién culpar. Parece que se eligió lo segundo. Y el blanco elegido es Chihuahua.
¿Cuál es la cortina de humo?
Desde hace semanas, el discurso oficial ha subido de tono contra el gobierno estatal de Chihuahua. Se habla de “ingobernabilidad”, de “complicidad con el crimen”, de “malos manejos del agua”. Coincide, curiosamente, con cada nuevo dato negativo que sale sobre corrupción o con cada reportaje que exhibe los contratos irregulares de la Federación.
No se trata de presumir que Chihuahua es perfecto. El estado enfrenta retos enormes: la sequía, la violencia en la frontera, la presión migratoria. Pero usar esos problemas como ariete político para desviar la conversación nacional, es otra cosa. Es convertir a los chihuahuenses en daño colateral de una crisis que no provocamos.
La corrupción no tiene credencial de partido. El punto incómodo que nadie quiere hablar en voz alta es la corrupción en la que estamos metidos, que no es exclusiva de Morena, sino también del PRI, del PAN o del extinto PRD, y alcanza a todos los que han tocado el poder en los últimos 30 años. Chihuahua ha visto desfilar terribles y pésimos gobernadores de todos los colores. Decir que el problema es “Chihuahua” es como intentar tapar el sol con un dedo.
Si hay exfuncionarios estatales que deben rendir cuentas, que lo hagan ante un juez, como usted exige: con pruebas y debido proceso. Pero no use el aparato federal para montar espectáculos en Chihuahua, justo cuando su aprobación presidencial va en picada. Eso no es justicia. Es grilla.
Chihuahua aporta, Chihuahua no estorba
Se nos olvida rápido: Chihuahua es el principal exportador manufacturero del país. De aquí sale el 13% de todo lo que México le vende al mundo. Aquí se produce el chile, la nuez, la manzana y la carne que llega a tu mesa. Aquí hay universidades, industria aeroespacial y gente que se parte el lomo trabajando.
No somos un problema por “resolver”. Al contrario, somos parte de la solución. Tratar nuestro estado como piñata política es un insulto a los agricultores de Delicias y la región, a las mujeres obreras de Juárez, a los rarámuris que defienden su bosque.
¿Qué le pedimos a la presidente?
No pedimos impunidad. Pedimos piso parejo. Que si va a señalar corrupción en Chihuahua, también la señale en Tabasco, en Veracruz y en Palacio Nacional. Que si va a mandar la Guardia Nacional al norte, que primero pacifique Zacatecas y Michoacán, etc.
México necesita una presidente que defienda al país con entereza. Y la entereza no se demuestra con el micrófono en mano señalando culpables al gusto. Se demuestra asumiendo responsabilidades adentro: depure su gabinete, corrija la estrategia de seguridad, explique por qué no alcanza el dinero para medicinas, etc.
Desde Chihuahua le queremos decir algo claro: si enfrenta los problemas reales con honestidad, aquí habrá millones de personas dispuestas a ayudarla. Los chihuahuenses seremos broncos, pero jalamos cuando hay rumbo.
Lo que no vamos a tolerar es que se use nuestro nombre para tapar escándalos. No vamos a aplaudir que se exporten culpas. No vamos a pagar platos que no rompimos.
Cambiar el enfoque: de Chihuahua a Washington
La dos peores semanas del gobierno de Sheinbaum no se van a resolver con el estribillo de la soberanía, sino con una estrategia, tanto adentro como afuera.
Entre tanto problema, el reflejo ha sido atrincherarse. Chihuahua le ha servido para distraer en el interior, pero no alcanza para apagar el fuego. La pregunta que flota en Palacio es: ¿Qué hacer con Estados Unidos? Porque nada está saliendo bien y, para colmo, se presenta el caso Farías Laguna, que puede empeorar todo.
Chihuahua presenta algunos síntomas, pero no alcanza para entender la enfermedad. Atacar a Maru no los aliviará. La enfermedad es compleja y no la diagnostican porque le tienen miedo a la verdad. Es el enfermo que no quiere saber que tiene Cáncer.
El 22 de abril, el gobierno federal creyó que debía exigir explicaciones a Washington por la presencia de agentes de la CIA, cuando el convenio que existe lo prevé. Lo niegan a la luz, pero es público que estaban en varios operativos, entre ellos el de “El Mencho”. Sus oficinas permanentes en Monterrey y en México lo demuestran.
El operativo en la Sierra de Chihuahua, sin el fatal accidente, sería un éxito. El extremo del reclamo ha molestado a Washington, lejos de atemperar la relación, empeoró con el error de condenar el operativo, en lugar de aplaudirlo y de ofrecer condolencias por los agentes que fueron de observadores. ¿O no es así como encubren sus participaciones?
La razón constitucional como argumento. Obviando lo político. El choque convirtió a Chihuahua en un teatro de soberanía hacia adentro, mientras que para Washington fue un acicate y respondió por tres frentes el mismo día. En política no hay coincidencias.
Farías Laguna: Un control de daños que fracasa y puede que se exporte con la información que ocultan y que fue enviada a resguardo por seis años por seguridad nacional.
El contralmirante Fernando Farías Laguna fue detenido el 23 de abril en Buenos Aires con documentación falsa, tras una ficha roja de Interpol. Argentina rechazó deportarlo de forma inmediata, obligando a México a ir a un proceso formal de extradición.
Farías ya promovió una solicitud de asilo político en Argentina, bajo el argumento de que en México no existen condiciones para un juicio imparcial. La FGR tiene ahora un plazo de 60 días para formalizar el pedido.
Hasta ahí, parece un expediente judicial. El problema es lo que puede venir. Si Estados Unidos pide a Farías Laguna, por la red de huachicol fiscal y tráfico de hidrocarburos que toca cadenas de suministro y lavado de dinero en su territorio, las crisis que tiene hoy México se multiplicaría exponencialmente.
Hay que cambiar el enfoque
Adentro, en Chihuahua: dejar de usar el caso como bandera de traición a la patria y convertirlo en el piloto de lo que sí se puede y debe hacer. En vez de prohibir colaboración, deben federalizarla con reglas claras. Que la carta que Sheinbaum enviara a los estados no sea solo un recordatorio constitucional, sino un manual operativo: quién autoriza, en cuánto tiempo, con qué controles judiciales. Chihuahua, por haber roto el protocolo, es el lugar ideal para ensayar un modelo de cooperación legal, transparente y auditable.
Porque esta es la peor crisis del arranque. Y las crisis de arranque no se superan resistiendo. Se superan rediseñando.
(*) Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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