Ícono del sitio Juárez Hoy

Bienvenido, 2026

Aída María Holguín Baeza.- Recién iniciado este 2026, al navegar en redes sociales, me encontré con uno de esos textos que se sienten como si fueran propios. Tal es el caso de “Bienvenido, 2026”, publicado en la página de Facebook “Me gusta” (y que evidentemente me gustó mucho).

Se trata de esas palabras que, a veces, llegan como una pausa necesaria en medio del ruido cotidiano y que, sin proponérselo, nos obligan a bajar la velocidad y mirarnos por dentro. Un mensaje que no promete fórmulas mágicas ni listas de propósitos grandilocuentes; más bien propone algo más difícil y, por eso mismo, más valioso: conciencia y responsabilidad.

Y es que habla de puertas que se abren, pero también de aquellas que se cierran cuando ya cumplieron su función. En un mundo obsesionado con acumular –personas, proyectos, metas–, recordar que cerrar ciclos también es una forma de cuidado y no de fracaso, porque no todo lo que termina es pérdida; muchas veces es protección, aprendizaje y redirección.

Evoca la llegada de personas que suman, que acompañan sin pesar y que iluminan sin exigir, invitándonos a revisar honestamente nuestros vínculos: ¿con quién caminamos?, ¿a quién cargamos?, ¿quién nos carga a nosotros? Porque crecer también implica elegir mejor, poner límites y entender que la paz no siempre hace ruido.

El texto apuesta, además, por la gratitud incluso frente a lo que todavía no entendemos. Agradecer no como resignación, sino como un acto de confianza en los procesos. Y desde esa perspectiva, vivir con conciencia, disfrutar lo simple, amar sin miedo y sonreír sin culpa, aun en tiempos de prisa, comparación constante y exigencia extrema.

Bajo esa premisa, también retoma la idea de que el año es como un libro de 365 páginas. Idea nada nueva, pero que sigue siendo poderosa, ya que cada día representa una oportunidad para escribir con pensamientos, palabras y acciones que honren la vida; no con la intención de hacerla perfecta, sino de hacerla más humana.

En ese contexto, cierra con el deseo de “que este año nos trate bonito y nos encuentre más humanos, más fuertes y más agradecidos”. Ahí radica el mayor reto para el 2026: que no quede solo en el anhelo de “que nos trate bonito”, sino que implique asumir la responsabilidad de tratarnos mejor entre nosotros y con nosotros mismos; dejar de tener las expectativas puestas en el mero cambio de año para reforzar el compromiso personal y, así, pasar de los discursos de cambio a una coherencia cotidiana más firme.

Queda claro, pues, que ningún año es bueno o malo por sí mismo: lo definimos con lo que permitimos, con lo que soltamos y con lo que conservamos. Al final, el verdadero deseo no es que el año nuevo nos salve, sino que nos encuentre despiertos.

Por eso importa detenerse. Porque, incluso al navegar sin demasiada intención por las redes sociales, a veces aparecen textos como “Bienvenido, 2026” que, sin buscarlos, nos recuerdan que empezar un año debe ser un ejercicio de pausa, de conciencia y de responsabilidad personal.

laecita.wordpress.com
laecita@gmail.com

Salir de la versión móvil