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¿Alma, arte y bondad en nuestros tiempos… aún existen?

Dr. Alfredo Morales González.- En la Edad Media, la desnutrición física era dramática; hoy, la desnutrición emocional es terrible. Toda forma de política moldea las estructuras del poder, pero requiere del alma, el arte y la bondad para orientarse hacia el bienestar humano y la justicia social. Juntos, estos elementos construyen sociedades más empáticas, transformando el simple ejercicio de gobernar en una búsqueda de la plenitud colectiva.

Históricamente, filósofos como Platón concebían la política como un “gobierno de las almas”, sugiriendo que el liderazgo debe enfocarse en la formación de buenos caracteres y valores. Cuando el poder se desvincula de la dimensión espiritual y ética del ser humano (sus emociones, valores y propósito), tiende a volverse tecnocrático o autoritario. Por su cuenta, el arte posee una dimensión política inherente, ya que actúa como un espejo crítico de la sociedad y sirve de motor de impulso para el cambio social.

Ya mencionaba Aristóteles como fin supremo en la política a tratarse de un bien común, equidad, compasión y erradicación de la desigualdad. Asimismo, los actos de solidaridad desde la sociedad civil y la vocación de servicio desinteresado por parte de los líderes son el contrapeso necesario a la pura ambición de poder.

Si queremos tener una vida sin crisis, conflictos y dificultades sociales, lo mejor será vivir en otro planeta. Sin embargo, podemos mencionar que son múltiples los valores que influyen en la estructura de un ecosistema social, fundamentalmente son conocidos: El arte, que actúa en un despertar de conciencias ya que sigue siendo el espejo de nuestra condición humana. El alma ya que aporta sensibilidad y sentido de identidad. En la era digital, se manifiesta a través de la autenticidad, introspección y el autoconocimiento.

En nuestra sociedad actual, la expresión del alma se manifiesta a través de la creatividad, la empatía y la tecnología. La encontramos en el arte urbano, en las comunidades digitales que conectan pasiones y en la búsqueda de un propósito. Es nuestra manera de buscar autenticidad y trascendencia en un mundo digital y acelerado.

La Bondad, como una guía de acciones hacia el prójimo, aunque a veces parezca opacada por la indiferencia, la empatía y los actos desinteresados diarios provocando un efecto dominó que sostiene y da esperanza a la sociedad. Finalmente, la Política, que provee el marco institucional para que estas expresiones florezcan de manera segura y justa. Según Sócrates, creía que la bondad es la principal característica de una persona virtuosa. Para él, nadie hace el mal de manera voluntaria, sino por ignorancia, por lo que el conocimiento lleva directamente a la bondad.

Convivir con las personas es una de las tareas más complejas y llenas de aventura de la vida. Nada produce tantas alegrías y nada causa tantas angustias. Como ejemplo crudo de esto podemos comentar que cerca de diez millones de personas por año en el mundo intentan suicidarse, una cifra asombrosa. Lamentablemente, un millón lo consigue. Solo en China, cerca de 300,000 personas se quitan la vida al año. En los países ricos, el índice de suicidio entre los jóvenes es alto. En México, por ejemplo, ocurren más de 8,800 suicidios anuales, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De tal manera podemos decir que el alma, el arte y la bondad no solo existen hoy, sino que se transforman para mantenerse vivos en su forma más simple de coexistencia. Frente al ruido del día a día, estas tres esencias se manifiestan continuamente a nuestro alrededor como una forma de resistencia de manera activa, pasiva y constructiva, dentro del marco social en que vivimos como fortalecimiento mismo de las instituciones sociales, como es el caso del sector salud, en la educación y religión.

Siendo capaces de establecer sistemas organizados de creencias, valores, normas y prácticas que cumplen funciones esenciales para la supervivencia, cohesión y desarrollo en nuestra sociedad contemporánea. Debemos tener claridad sobre esos pilares para entender por qué estamos en la era de los mendigos emocionales, del envejecimiento precoz de la emoción y de los trastornos mentales, especialmente la ansiedad y la depresión.

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