Dr. Fernando A. Herrera M.- Hoy sonarán Las Mañanitas desde la madrugada. En los mercados, el ramo de rosas que ayer costaba 80 pesos amanecerá en 200. En la misa de las 12, el padre bendecirá a “las dadoras de vida”. Y en la casa de cada quien, la festejada se levantará antes que todos para poner el mole, servir, sonreír para la foto y al final, cuando se vayan los hijos, lavar los trastes. Como todos los días.
Ese es el 10 de mayo mexicano. No el del segundo domingo gringo, sino el fijo, inamovible, inventado en 1922 por Rafael Alducin y José Vasconcelos, como respuesta directa a las yucatecas que pedían anticonceptivos y derecho a decidir. Lo pusieron en mayo porque es el mes de la Virgen, y así blindaron un modelo: madre abnegada, silenciosa, siempre disponible.
Cien años después seguimos repitiendo el ritual, pero los números ya no cuadran con el discurso.
El INEGI lo dice sin adornos en la ENUT 2024: las mujeres en México trabajan 61 horas a la semana, más que los hombres. La diferencia está en que ellas dedican 40 horas a trabajo doméstico y de cuidados, Son muchas horas extra cada semana… y gratis. En total, 66.8% del tiempo de trabajo de una mujer es no remunerado, contra 33.2% en hombres. No es amor, es turno doble.
Y no, no es que les encante. El 15% de las mujeres dice que quisiera dedicar menos tiempo a lo doméstico, más del doble que los hombres.
Mientras tanto, la fiesta mueve dinero, y mucho. CONCANACO calcula en 88 mil millones de pesos de festejos en 2025 y proyectan 94 mil millones para este 2026. Restaurantes llenos, electrodomésticos, perfumes. Celebramos a mamá consumiendo, no redistribuyendo.
Marta Acevedo lo escribió hace 40 años en su libro “El 10 de mayo» y había que evidenciar la red de intereses detrás del mito de la madre, porque ese mito esconde la sobreexplotación y le da valor moral al trabajo no pagado. La UNAM lo reeditó justo a los cien años porque la discusión no terminó; apenas cambió de palabras.
Hoy el 10 de mayo ya no es solo flores. Ha retomado su tinte de protesta por los feminicidios y desapariciones, y son las madres buscadoras quienes le devuelven el sentido político original. No piden regalos, piden a sus hijos de vuelta. Ahora muchas marchan con palas, no con globos.
Por eso irrita la postal oficial. No necesito otra felicitación que diga: “gracias por tu sacrificio”. El sacrificio no debería ser el requisito para ser madre.
Si de verdad queremos honrar a nuestras madres aquí, en Jalisco, en México, o donde sea, hagamos tres cosas incómodas:
1. Contar las horas. Pregunta en tu casa quién hizo qué esta semana. Si la cuenta da las mismas horas de diferencia, no hay mole que lo compense.
2. Pagar el trabajo. Licencias de paternidad reales, guarderías, horarios flexibles. No es caridad, es infraestructura.
3. Dejar de santificar. La maternidad no es destino, es decisión. Algunas quieren ser madres, otras no, otras lo son a la fuerza, otras buscan a sus hijos desaparecidos. Todas merecen respeto, ninguna merece un altar que las inmovilice.
Hoy, llévale flores a tu mamá si quieres, yo también lo haré. Pero después siéntate a lavar tú los platos. Y el lunes, cuando pase la fiesta, sigue haciéndolo.
Porque el mejor homenaje no es un día en el calendario inventado en 1922 para callar a mujeres que pedían decidir. Es repartir el trabajo los otros 364 días.
Ese sí sería un festejo por el Día de las Madres.
(*) Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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