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Cultivando parásitos

Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca.- Culpar a los demás por nuestras desgracias, nos convierte en dependientes. Generalmente los mexicanos cedemos nuestras obligaciones a alguien más. Culpamos al gobierno de la falta de recursos económicos, desempleo, inseguridad y enfermedades.

En el ambiente político notamos que los mismos se turnan el cargo, se apoyan en el fuero de hecho; pues son intocables por el sistema de corrupción que se creó después del “triunfo” de la Revolución Mexicana. Así, los mismos heredan el poder mediante los partidos políticos que son mantenidos con nuestros impuestos. 

Renegamos de las decisiones de los gobernantes, pero somos omisos en reclamar los perjuicios y molestias que ocasionan. Nos adherimos a los actos de corrupción ya sea directa o indirectamente. Por acción u omisión. Porque estamos acostumbrados a castigarnos solos. Nos educaron con la transa y con el mal ejemplo paternal o maternal. 

En la actualidad tenemos el más grave problema de salud en el país, descartando a la pandemia del COVID-19, por el de las adicciones; cuyos efectos son proyectados en nuestra sociedad, a través de la niñez, juventud y adultos. Es más grave ser adicto que cualquier otra enfermedad. A la que menos atendemos y que todos conocemos. Incluyendo a amigos y familiares. 

Durante un año de contagio del coronavirus, todos hemos sufrido la muerte de algún conocido, amigo o familiar. Hemos sido testigos de la impotencia en los centros de salud para atender a tantos contagiados. La desesperación en los rostros de las víctimas ante la falta de oxígeno. El horror de que estamos expuestos ante un asesino invisible. Y la manipulación de los medios, que todos los días llevan la estadística de muertes y exhiben videos de personas de bajos recursos muriendo.

Tan crueles en la información, que la mayoría del tiempo en los medios, lo dedican a sembrar miedo en la sociedad. La ignorancia de la gente que hace más caso a las noticias falsas que circulan en las redes sociales, que a los científicos epidemiólogos. Siempre asumimos el rol de sabios. Todo lo sabemos. Somos expertos para criticar al prójimo. 

Como las drogas causan placer en los sentidos de las personas que las consumen; son utilizadas sin importar la edad. Los cárteles se enriquecen a costa del débil que está acostumbrado a vivir como parásito. Se han convertido en empresarios y emprendedores para distribuir en todo el mundo la infinidad de drogas que circulan en el mercado negro. El mercado que ha sido favorecido por los gobiernos corruptos.

Veamos en nuestro entorno a cuantos drogadictos conocemos. Analicemos las drogas legales como todas las bebidas embriagantes y cigarros que se consumen diariamente. Interioricemos en nuestra conciencia las reacciones que tenemos cuando consumimos las drogas “legales”. Seamos sinceros para vernos en el espejo y consientes de la aportación que hacemos a nuestras familias embriagados o drogados. 

El gran circo de los diputados y senadores que toman la tribuna para legalizar el uso lúdico de la marihuana. Porque beneficia a los agricultores y al sector comercial del país y la entrada generosa de impuestos. Como los sobreimpuestos de las bebidas embriagantes y cigarrillos. 

En verdad estamos en un laberinto sin salida gracias a la ingobernabilidad de todos los mexicanos. La mayoría somos adictos a las drogas, enervantes y fármacos. En cada esquina existe una farmacia para adquirir las drogas legales, para las bebidas embriagantes siempre hay una tienda en tu camino y un vendedor ambulante de las drogas prohibidas está en todas partes.

Las severas consecuencias del consumo de drogas estriban en la reacción del sujeto que las consume. En el efecto que produce. Los defectos de carácter tales como la soberbia, la altanería, la prepotencia, la ambición desmedida, el egoísmo, el egocentrismo, el odio y el resentimiento sustituyen a los principios. 

Los narcotraficantes del bajo mundo son solo carne de cañón que utiliza el sistema materializado en el capitalismo. Los políticos comprados cuya vida es tan inútil que solamente el dinero los hace atractivos frente a los demás. Por eso la frase “un político pobre, es un pobre político”. Y “un hombre sin fe, es un hombre vacío”.

La realidad es muy notoria respecto a las adicciones. Tenemos más muertes como consecuencia de las adicciones que del coronavirus. Nuestros legisladores están más ocupados en aprobar leyes que nos mantengan idiotizados bajo el pretexto del debido desarrollo de la personalidad, considerado como un derecho humano fundamental. 

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