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El pecador discurre con maldad su desvergüenza

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Antonio Fernández.- La inteligencia es el don entregado por Dios Nuestro Señor desde el nacimiento a cada persona, quien tendrá por ella la capacidad de realizar cualquier cosa rectamente, discernir y diferenciar los actos buenos de los actos malos, lo que conviene o lo que no.

Le permite distinguir con acierto la desigualdad de las obras, tomar la decisión con conocimiento y comprensión, resolver lo que quiere hacer.

Pero hay una cosa, cuando el ser humano se entrega a una u otra inclinación por la continuidad adquiere una sensibilidad que perfecciona y cada vez le es más fácil realizar cosas audaces y atrevidas como las acertadas y correctas.

Esto es, la capacidad de percibir situaciones y responder a la intención de las excitaciones que nacen de su interior y lo inducen, las que siendo malas por su naturaleza son carnales, ambiciones, envidias u odios, perversiones muchas más hacen perder la realidad y el fin para el que la inteligencia creada por Dios en toda persona, a sí misma la desvirtúa.

En estos tiempos es difícil reconocer la razón de poseerla, imbuido en acciones maldosas no tiene idea de que esa inteligencia es de donde surgen actitudes para bien o desordenadas que producen heridas en quien recibe el efecto de la mala acción, y más en quien lo realiza.

Por su inteligencia, el ser humano tiene la capacidad de entender y sentir cuándo obran su pensamiento y sus sentidos, estando en el hecho a realizar actúa con conocimiento de causa lo que hace.

En ese instante la memoria, entendimiento y voluntad obran con agilidad en la mente a maniobrar lo que la persona quiere y está decidido a hacer, puede toda persona y sabe que así es.

¿En cuántas ocasiones no percibe o capta a la vez que una u otra decisión surgida en su mente aflora en hechos al exterior, debido a la premura de lo que ha decidido realizar no hay tiempo a considerar si lo hago o no lo hago?

La agilidad mental a que se está acostumbrado resuelve la decisión de acuerdo a la tendencia buena o mala, no tendrá tiempo para sopesar las consecuencias, el punto es salir del paso de una u otra forma y ¡ya! Todo ello inició en la mente.

Cristo Nuestro Señor expone: “Lo que procede del hombre es lo que mancha al hombre. Es de adentro del corazón de los hombres lo que mancha al hombre, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios, adulterios, codicias, perversiones, dolo, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez”.

Bueno es valorar y estar convencidos: el Señor conoce a fondo cada corazón, lo que no recapacita de sus actos con la idea de “nadie me ve, ni nadie sabe”. “Todas estas cosas malas proceden de dentro y manchan al hombre”.

Una larga lista manifiesta la conducta mala del ser humano, pero afirmando la fe y confianza en Cristo Nuestro Señora tomará como enemigos potenciales “esas cosas malas”. La creencia en toda alma fortalecida por la gracia agradecerá a Dios Nuestro Señor el conocimiento que a profundidad tiene de las alma.

El valor que Dios Nuestro Señor estima de cada alma por Él creada es infinito, conocemos y sabemos que está en ella la magnánima misericordia de Dios poseedor de la sabiduría eterna increada, y por Él y solo por Él en los seres humanos la ha creado.

El libro del Eclesiástico expone: “Toda sabiduría viene de Dios, el Señor; con Él estuvo siempre, y existe antes de los siglos” Y el Evangelio de San Juan clarifica; “En el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios”.

Dios Nuestro Señor revela a los siglos por el Evangelista los más altos misterios por lo que se comprende y reconoce su infinita sabiduría volviendo al Eclesiástico: “La sabiduría fue creada ante todas las cosas; y la luz de la inteligencia existe desde la eternidad”.

En efecto, esto y mucho más existe en Dios Creador y ha entregado al ser humano para su salvación una porción de sus infinitas virtudes, las necesarias para discernir en todo instante lo que es bien para el alma y lo que es malo.

La misericordia de Dios conoce en los seres humanos debilidades, flaquezas y miserias, por eso comparte lo suyo para que por la inteligencia, memoria, entendimiento y voluntad recurrir a su sabiduría el bien que de Él se reciba sea medio de salvación del alma.

hefelira@yahoo.com