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Justicia Social

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Jorge Quintana Silveyra.- Fin fundamental del orden jurídico, la justica social exige de las autoridades, generar políticas de estado que tiendan a la satisfacción de los anhelos de mejora permanente del estatus de bienestar de los gobernados; esto es, que la población del estado experimente el crecimiento de su nivel de vida en todos sus aspectos, económico, social, cultural, en suma, un estado de igualdad de los gobernados.

La distribución de la riqueza, no depende únicamente, del reparto del dinero, sino de la capacidad de hacer asequible a todos, por igual, un paquete fundamental de bienes y servicios, que permita cumplir los derechos fundamentales a los que la población tiene derecho por habitar este territorio.

Pero cada régimen de gobierno ha ido cambiando estos conceptos, por aquellos que más se acomodan a la concepción que el responsable del gobierno, del Poder Ejecutivo, propone en su ideario o en su plan de administración; si así podemos llamarle, porque no alcanza a satisfacer los requerimientos de un Plan de Desarrollo.

Para algunos repartir despensas, para otros, materiales de construcción, para otros, repartir el dinero público, en programas de impacto inmediato, electorales o electoreros; pero hasta hoy, ninguno de éstos ha logrado mejorar las condiciones de vida de los receptores de los mencionados apoyos, de modo permanente. Solamente se produce un impacto efímero en las familias beneficiadas, pero nunca cambian su estatus social, cultural y económico.

Después de tantos ensayos de las administraciones en los diversos niveles de gobierno, la pobreza sigue creciendo, las brechas se amplían entre clases sociales y se endeuda más la administración pública. 

A pesar del desarrollo científico que hoy tiene la sociedad, seguimos con sistemas de administración pública que se estructuraron desde mediados del siglo pasado. Con estos sistemas, los resultados no van a cambiar; si acaso, mejorar de manera marginal.

Es urgente que cambiemos nuestra forma de concebir el funcionamiento y la organización del sector público. Hay que encontrar con inteligencia y creatividad, la forma de hacer eficiente y adelgazar significativamente el aparato burocrático. No vamos a cumplir con los fines del orden jurídico, si seguimos con el mismo sistema, pues no habrá mejores resultados.

Ya no podemos permitir la improvisación y la ocurrencia como forma de gobierno, si en alguna especialidad se requiere experiencia y honestidad es en el sector público. La política es servicio social y hay muchas personas que viven del  erario público, sin hacer servicio comunitario, mucho menos hacen política su forma de trabajo, solo hay que recordar que el único privilegio que tiene el funcionario o funcionaria, es servir, con calidad y con eficiencia.