Tragedia en Guatemala propició normas para prevenir violencia en estadios

La pista del Estadio Nacional Mateo Flores de la capital de Guatemala, que rodea la cancha de futbol, se volvió de pronto una morgue donde se depositaron unos 80 cuerpos de hombres, mujeres y niños que murieron en una noche que se esperaba de fiesta.

La tragedia sobrevino la noche del 16 de octubre de 1996, unos 30 minutos antes del pitazo inicial del partido entre las selecciones de futbol de Guatemala y Costa Rica, por la eliminatoria para la Copa del Mundo Francia 1998.

La fuerza de miles aficionados, quienes agolpados en los accesos del estadio empujaban para entrar, derribó la puerta en el sector de la Tribuna General Sur, y generó una avalancha humana que arrasó con cientos de espectadores.

Luego de la confusión inicial y de los gritos de terror que inundaron la tribuna del estadio, la certeza de la tragedia golpeó a miles de aficionados en el Mateo Flores y a millones de personas que seguían la transmisión por la televisión y la radio nacional.

Las sirenas de las ambulancias llenaron el ambiente de la fría noche en el “coloso” de la zona cinco de la ciudad de Guatemala –como se llama al estadio de futbol-, en un incesante recorrido para trasladar a las víctimas a la morgue y a los hospitales capitalinos.

Los entonces presidentes de Guatemala, Álvaro Arzú (1996-2000), y Costa Rica, José María Figueres, quienes ocupaban el palco de honor del estadio, fueron testigos de las tristes escenas en la pista del Mateo Flores donde se apilaron las decenas de cadáveres de niños, mujeres y hombres.

En medio de la inusitada tragedia, el presidente Arzú bajo a la pista y desde la media cancha decretó tres días de luto nacional por la muerte de los aficionados, y pidió al público que abandonara el estadio en orden para evitar más víctimas.

Un total de 84 aficionados murieron en la “noche negra” del Estadio Nacional Mateo Flores, instalación deportiva que hace unos meses cambió su nombre a Doroteo Guamuch Flores, nombre de pila del atleta que ganó el Maratón de Boston en los años 50.

Por los hechos, que representan una de las mayores tragedias en la historia del futbol mundial, no se fincaron responsabilidades penales ni se determinaron posibles culpables, pese a la investigación del Ministerio Público con el apoyo de la autoridad del futbol internacional.

Según las investigaciones, el sobrecupo en el estadio –que con una capacidad entonces de unos 40 mil aficionados tenía más de 50 mil- fue una de las causas de la avalancha humana propiciada por aficionados con boleto que, en una reacción violenta, pretendieron entrar y derribaron la puerta del estadio.

Ninguno de los dirigentes del futbol ni los responsables directos de la selección nacional y de la organización del partido de la eliminatoria mundialista compareció ante tribunales aun cuando se comprobó la venta de unos diez mil boletos falsos.

Diputados guatemaltecos y la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) dictaron normas para evitar que se repitieran los hechos trágicos, como construcción de infraestructura, reducción drástica del cupo de aficionados y controles estrictos para evitar desmanes.

Legisladores y autoridades del futbol defendieron las acciones que dictaron para erradicar la violencia y el desorden en los estadios, como la colocación de barreras y sitios de revisión de los aficionados y la prohibición de venta de bebidas alcohólicas.

La diputada panameña Arianne Marie Benedetti, presidenta de la Comisión de Educación, Cultura y Deportes del Parlamento Centroamericano (Parlacen), dijo a Notimex que la violencia es un problema en la región y que, como en el caso de los estadios, “ha tenido un impacto negativo en el deporte”.

“Las autoridades de cada país deben de velar estrictamente por la aplicación de sus reglamentos, leyes y protocolos de seguridad ya aprobados”, indicó Benedetti, quien apuntó que el incumplimiento genera un “clima propicio” para situaciones de violencia en los centros deportivos.

Afirmó que los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), promueven “la aprobación y aplicación de leyes para prevenir estos actos de violencia” en centros deportivos y estadios de la región, y también se observan “métodos que otros países han implementado con mucho éxito”.

La diputada del Parlacen resaltó que en Centroamérica se han dictado normas para controlar a los grupos de animación o “barras” de los clubes de futbol, así como para erradicar la venta de bebidas alcohólicas en los estadios o en cualquier instalación deportiva, que se deben asumir como “centros de recreación familiar”.

“En algunos Estados parte del SICA, como Honduras y Costa Rica, ya hay leyes y decretos y en otros se impulsan para su aprobación como estrategia de prevención de la violencia en los estadios de futbol, las cuales tienen penalizaciones para aquellas personas o grupos” que propicien el desorden y el enfrentamiento, añadió.