La política, las décadas y la sociedad

Dr. Arturo Castro.- La política es un arte cuando se practica profesionalmente, la política es una ciencia cuando se estudia su causa-efecto, la política es denostable cuando se abusa del poder conferido y se da paso a la corrupción que no solo es robar sino también cuando no se tienen resultados en la función pública.

La política que conocí hace cuatro décadas es muy similar a la actual, he visto muchos nuevos años, que conllevan los buenos deseos y las mismas felicitaciones, que provoca el reconocimiento y el juicio parcial de la sociedad que recae en castigos mediante las herramientas electorales, mediáticas y hoy de las redes sociales.

Otro enero en la política permite entender que es la misma de aquel entonces, que han cambiado los protagonistas, mas no las costumbres, mucho menos los hechos y los resultados, en todo caso lo que se busca es la bondad de la aceptación social, diría de las masas que no tienen nombre, ni domicilio.

Las experiencias han sido de gran riqueza, dejan una gran satisfacción desde platicar con aquel presidente de México, hasta comer en la casa de Don José en alguna colonia periférica de cualquier ciudad. La política continúa, las décadas también.

Los momentos desconcertantes son cuando en la política se encuentra un personaje no político, aquel que no entiende lo que son los programas sociales que se han llamado Solidaridad, Oportunidades, Prospera o Bienestar. Es la misma cosa con el sello del gobierno en turno, se regala lo que se pueda regalar.

Las dudas y el desá-nimo nunca vencerán un buen oficio político, la mística se absorbe en base al trabajo que se desarrolla, la ideología se adquiere en el conocimiento de lo que fue y lo que se quiere, desde luego viendo el presente que se vive.

La vida política de los políticos es una novela de muchos capítulos, aunque existen aquellos que cambian de foro para estar en otra historia, les dicen inteligentes, oportunistas, chapulines o reubicados. Siempre empapados de grilla, capaces de buscar su propia subsistencia, los ejemplos son muy conocidos local y nacionalmente.

La política impone términos con resultados y en la esperanza a veces se da la insensatez; en Ciudad Juárez podría decir que el centro de convenciones como esperanza, ha sido muy manoseado, ha tenido muchas sedes de construcción e importantes inversiones de barrido de terreno y de estudios de despachos que se han llevado el presupuesto.

Hoy dicen que en el Parque El Chamizal, cuando se iniciaron las últimas obras en el ex Galgodromo de Ciudad Juárez. Las décadas pasan, la inercia de las decisiones también, las páginas de la historia se viven y se escriben, cada nueva decisión administrativa parece un invento que enriquece el desorden político.

La sociedad es disciplinada, a sus órdenes jefe decía Cantinflas, ésta se enoja pero termina aceptando las mismas condiciones de dominación, cualquier distracción en la plaza pública le deja la felicidad que decretó hace tiempo el gobierno federal. Es indiferente al color con tal de vengar su rencor público que es más individual que social.

En el entorno, la violencia no solo es una incomodidad, sino la amenaza constante de pagar justos por pecadores, existen zonas de peligro en el país con un miedo generalizado. El amanecer alivia, un nuevo año mucho más

La mejor terapia para la sociedad es el discurso de que mañana será mejor y así dejar de preocuparnos a pesar de que un menor asesine a su maestra como uno más de los hechos aislados que se presentan. Cada nuevo gobierno ofrece milagros a la sociedad, un México más iluminado. El de hoy lucha contra la corrupción y es amigo de quien flagela a las familias mexicanas.

Se dice competente, seguramente lo es para sus fines políticos como ha sido siempre, en estas décadas se ha visto lo mismo, hay muchos testimonios que se quedan en borradores porque nadie alza la voz, cualquier político con poder es un gran político, aquel que lo dejó lo ve desconcertante, con estupor y casi con decepción.

No aplica la frustración porque en algún principio vivió lo que ahora ve, es la paradoja del principio y el final. Se ven políticos de otras décadas en el café, viviendo su experiencia en el relax, toda vida alterada, requiere en un momento determinado de paz.

Viva la paz, la espiritual, no la gubernamental, porque si se está en el poder, se tienen que rendir resultados a base del trabajo que se realiza, que a veces es paranoico, además del talento que se aplique a su responsabilidad, la sociedad siempre espera los mejores resultados.

La política limita las inseguridades, aunque ofrece la posibilidad de equivocarse y fracasar, permite la comprensión de los fenómenos sociales, quienes la practican aprenden toda la vida, la sociedad no lo sabe, solo exige lo que tiene que exigir. Cuando la sociedad presiona el político se arruga.

Cuando el político exige, la sociedad aplaude, así que en las últimas décadas se puede dar cabida a tantos momentos, muchos recordados, muchos inventados con tal imaginación que parecen reales; las cuatro décadas vividas en este medio, han permitido siempre reconocer que la política, si es un arte, es una ciencia, es un medio para acceder al poder. Es aquello de comer sapos sin hacer gestos.

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