El cajón de la inocencia

Padre Mario Manríquez.- Al comenzar el año es bonito retomar propósitos, anhelos y deseos, y porqué no, decir los sueños que nos inspiran, nos guían e iluminan este 2020.

Movidos por estos pensamientos es que quiero compartir con ustedes un escrito que contiene no solo palabras sino el testimonio mismo de un sacerdote de más de 90 años por una gracia especial de Dios. Sin más preámbulo, lo comparto.

Por mucho que maduremos y experimentemos, siempre permanece en nosotros la inocencia con la que nacimos. Aquella que nos permitía, de niños, decidir de forma espontánea qué es lo que realmente deseábamos hacer por el mero hecho de disfrutarlo.

Aquella que la mayoría de nosotros metimos en un cajón interno conforme despertó y cogió fuerza  nuestra racionalidad.

Racionalidad que emergió de ver a nuestros padres cómo afrontaban sus propios retos y de comenzar a concebir que debíamos también afrontar los nuestros. Una forma de usar la mente que pasó, de enfocar la vida como medio de disfrute, a un lugar donde se debe sobrevivir.

Muchas personas caminan por la vida con una mirada triste, fruto de la profundidad del cajón donde metieron su inocencia y acumularon responsabilidades de supervivencia. Una mirada que refleja el mismo peso que soporta la alegría de su alma.

Si tu vida interna se ha vuelto muy seria, mira a tu alrededor y observa si también se ha convertido así tu casa.

De ser así, en el caso de que te cueste recuperar la sonrisa interna, crea un pequeño espacio en tu vivienda donde tu inocencia asome y recobre vida. Puede ser un pequeño cuadro, una foto, un pequeño dibujo, o mejor aún: un cajón.

Prepara un cajón de tu casa con recuerdos de lo que disfrutabas en tu infancia e incluye también unas hojas en blanco y un bolígrafo cuyo tacto despierte tu ternura.

Dedica unos minutos del día a abrir conscientemente ese cajón, rememora tus antiguas pasiones y coge una de esas hojas en blanco y el bolígrafo.

Al hacerlo, trata de conectar con tu inocencia y permítele que escriba, que exprese aquello que le duele y cuente lo que anhela. Permítele que llore y también que sonría.

Tu racionalidad es necesaria en este mundo, forma parte de él, pero no para ocultar tu sentimiento más íntimo autodañándote, sino para protegerlo y disfrutar de él.

Cuando en la relación contigo mismo cobra de nuevo valor tu inocencia, se trasparenta tu mirada, logras identificar con más nitidez aquellos quienes también cuidarán de ella y aquellos de quienes debes protegerla.

El compromiso de abrir cada día ese cajón, también lo hará en tu interior y más allá de recuperar la alegría, recuperarás tu mejor y más importante relación, aquella que un día, creyendo que la prioridad estaba en sobrevivir, se rompió.

Siempre tienes la oportunidad de volverte a nacer. Vicente Andrés Tarazona. (SJ)

 

Dios Bendijo Ciudad Juárez.

Feliz año 2020