La Iglesia Latinoamericana y el problema de abuso sexual

Padre Mario Manríquez.- Estimados amigos, el día de hoy les comparto la plática de Monseñor Luis Manuel Ali Herrera, Obispo auxiliar de Bogotá y miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores.

Monseñor Luis Manuel en su plática nos expone datos de investigaciones y líneas guías para las instituciones eclesiásticas y para las instituciones de vida consagrada. Tomando esta información como guía, comparte 7 prioridades que debemos tener en el radar de nuestras instituciones eclesiásticas y en nuestros trabajos pastorales. Siete prioridades que nos invitan a tener siete desafíos.

• La protección de nuestros menores de edad, en cualquier trabajo pastoral que realizamos, esto es el primer trabajo fundamental. Esta prioridad nos invita a la cultura del buen trato, que como su nombre lo indica se vuelva una cultura en cada uno de nuestros espacios, de nuestras parroquias, de nuestras instituciones educativas.

Esa cultura del buen trato que es una cantidad de iniciativas que no se agotan. La formación de gestores de buen trato, capacitación de agentes de evangelización, sensibilización de comunidades parroquiales, los talleres de prevención, los códigos de conducta y las rutas de atención. Todo esto es cultura de buen trato que debe ser asimilada en nuestros ambientes eclesiales.

• Las víctimas sobrevivientes. Debemos tomarlas en serio, el acompañamiento de las víctimas sobrevivientes es un punto que debemos tomarlo con absoluta y total responsabilidad y seriedad. Y el desafío es ese, que cada acompañamiento sea un espacio en que empiecen ellas a reconocer que todos los procesos son justos, que buscamos la justicia, pero que también tenemos miedo a la verdad.

De igual manera también es necesaria la reparación integral de las víctimas y además la no repetición, el compromiso de que esto no se va a volver a repetir.

• Debemos recordar una vez más estos tres que no aparecen en el discurso final del mitin del Papa Francisco: No callar, No encubrir y No subestimar. Esto implica un tercer desafío y es la transparencia.

La transparencia, la cual no estamos de acuerdo con el secretismo, con guardarnos las ropas sucias en casa, esas transparencias que por supuesto deben ir paralelo con respecto a la confidencialidad, a la privacidad de los procesos, una transparencia que no puede ser tan simplista porque implica elementos y responsabilidades en los procesos.

• La cuarta prioridad tiene que ver con un punto fundamental y es una de las heridas más dramáticas de esta situación. No podemos dejar de evangelizar.

La iglesia está para evangelizar, es el mandato del Señor y todas las fuerzas y todas las disposiciones y todos los ambientes están para evangelizar, para anunciar a Cristo Jesús.

Evangelizar a los niños y niñas en un ambiente seguro, es la razón por la cual esta cuarta prioridad nos invita a un desafío: nuestra Iglesia como un lugar seguro, donde los entornos eclesiales sean espacios de buen trato.

Entornos protectores, no solo en la Iglesia, también en la familia, en la escuela, en todas las instituciones en donde servimos a los niños como los orfanatos, los hospitales y que nos responsabilizamos como Iglesia Católica. 

Responsabilidad y la rendición de cuentas. El desafío que lanza es profesionalizar todas las atenciones que se hagan a las víctimas, familias, sacerdotes denunciados, a las familias de los acusados. Todo el trabajo que se haga tiene que ser profesional, con todos los estándares de calidad, de ética laboral. 

• Integridad de vida. Los ministros, los ordenados, los religiosos, los catequistas, los voluntarios, estamos hablando de todos los que trabajan con nosotros, también los laicos que trabajan con menores de edad deben tener una integridad de vida y esto nos lanza a un sexto desafío, la integridad y coherencia de vida, es decir la selección y la formación inicial.

La formación permanente, el seguimiento y capacitación permanente de nuestros agentes de evangelización y la acreditación de todos nuestros agentes de evangelización.

• El séptimo es la colaboración con la sociedad y las autoridades civiles. Porque la Iglesia debe respetar la colaboración de todas las instituciones que trabajan con las niñas, niños y adolescentes e involucra a todos los actores sociales.

El desafío es tener el mismo lenguaje que tienen las instituciones y las organizaciones no gubernamentales; esta es una verdad, la violencia sexual es un problema social.

En Latinoamérica tenemos un desconocimiento de esta situación, no sabemos lo que es la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes, los riesgos que conllevan, las implicaciones que esto conlleva.

Por eso en los cursos que hacemos el primer elemento es enseñarles a las personas que es un abuso porque no tiene ideas de las implicaciones que esto genera para los menores de edad.

Este desafío es sumamente importante con la sociedad civil, debemos tener una mutua confianza y apoyo mutuo, debemos obedecer las reglamentaciones estatales de todas las naciones.

Tener muy en cuenta la colaboración que debemos hacer; ciertamente es difícil, a veces nuestras leyes son muy lentas y enredadas o muy corruptas, pero como Iglesia es un deber prioritario por el bien de nuestros menores de edad esta mutua confianza y el apoyo.

Les dejo una pregunta para reflexionar: ¿Realmente estamos haciendo lo suficiente, realmente estamos tomando esto con sentido obediente? ¿Esto tiene sentido para nosotros como Iglesia?

¡Que nuestra Iglesia sea un lugar seguro!