La prevención del abuso: una prioridad para el CELAM

Padre Mario Manríquez.- El día de hoy, le comparto la plática de Monseñor Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey, presidente de la Conferencia Episcopal de México y Representante del CELAM, durante el Congreso Latinoamericano sobre la prevención del abuso de menores en la Iglesia Católica, el pasado martes en la Ciudad de México

“Estamos en un proceso de revisión y de renovación de todo el CELAM, se establecieron cuestiones que son emergentes y prioritarias que no podemos dejar de lado, y este tema del asunto de la prevención de menores, es un tema que se impone y que el CELAM debe abordar.

“Como punto de partida, este tema del abuso del menores por parte de clérigos y de personas que comparten con nosotros la actividad pastoral de la Iglesia tiene su raíz en una eclesiología mal vivida; es decir, no logramos todavía entender el evangelio y entender el Concilio Vaticano II, seguimos pensando en una Iglesia poderosa que siempre quiere decir la última palabra, que se considera en contra del poder político, que piensa que todos deben escucharla, que todos deben hacerle caso y rendirle pleitesía.

“Hoy hay que entender ‘la circularidad’ de la Iglesia, donde todos nos vemos el rostro, donde todos entendemos que uno vale más que el otro, pero todos tenemos el mismo valor ante Dios, como dice el apóstol Pablo, tienes que considerar a otro como superior a ti mismo para equilibrar las alturas, sino ves al otro más que tú, sigues pensando que tú eres más que él.

“Lo primero que tenemos que hacer es pasar del conocimiento de la situación a la acción legal, es decir, este asunto no se lava en casa, todo delito es un daño a la sociedad y tiene que solucionarse de ese modo; en esta cultura que teníamos, y que a veces seguimos teniendo, de cubrirnos, de cuidarnos, de reservarnos, llegó ese momento en que no puede ser así, la legalidad es parte de nuestra visión que tenemos de nuestro ser como parte del mundo, como ciudadanos lo primero es pasar de la situación legal a la cultura de la protección.

“Tenemos que entender, hoy no podemos mirar los problemas de manera dispersa, no con soluciones provisionales, sino entender también que estamos ubicados en un tema cultural, es decir, un estilo de pensar, de vivir, de actuar, por eso es pasar a una cultura de protección que involucra todos.

“Si no se da, el deseo de prevención, de crear una cultura de ambiente seguro y de confianza no puede realizarse nada. Lo primero es asumir la responsabilidad, cuando hay un problema, la primera reacción que uno tiene es buscar al culpable y en la medida que uno puede dice yo no soy. Como Adán y Eva, Adán dice “la mujer que me diste por compañera” y Eva dice “la serpiente” y se hace una cadena de buscar culpables donde nadie asume su responsabilidad, por eso la primera cosa importante es asumir la responsabilidad, todos somos responsables, unos de mayor medida, otros de menor medida.

“La responsabilidad es reconocer los errores del pasado. ¿Cuáles fueron los errores del pasado? Primero que no fuimos conscientes de la gravedad, segundo que las soluciones que dimos no fueron las acertadas, quedó comprobado que la solución teocrática fue la peor solución, el asunto no se arregla pasando al delincuente de un lugar a otro, al contrario fue peor porque se discrepó, se esparció el problema.

“Acercarnos a las víctimas, otro error que cometimos de prejuicio, pensar que la víctima recurre a la Iglesia por intereses económicos. ¡Qué equivocados! La víctima tiene que ser tratada con respeto y dándole la credibilidad, no exigiendo pruebas, en algunos casos es muy difícil comprobarlo, uno de los errores ha sido el trato despreciativo, desdeñoso, sospechoso de la víctima  y de los familiares.

“En nuestro ambiente clerical tenemos una mala costumbre de no rendir cuentas de nada ni a nadie. Es necesario rendir cuentas, es el acto de humildad que la Iglesia tiene que ejercer y tiene que vivir, rendirle cuentas, informarle. Aquí en México la ley de protección de víctimas establece que el Obispo en cuanto tenga noticia de un abuso tiene que informar a la Fiscalía.

“Muchos se resisten a hacerlo, hay que convencer a cada Obispo para que lo haga porque a veces uno piensa ‘no va a pasar nada’, y no pasa nada, pero en 1 o 10 años qué pasa cuando la víctima crece y ya no depende de la opinión de los papás, cuando ya no se puede ocultar el problema, que tuvo consecuencia en las conductas de quien fue víctima, entonces ya no hallamos qué hacer, por eso debemos rendir cuentas civiles y eclesiásticas, saber los procedimientos que ha establecido la Iglesia y no podemos ser negligentes en dejarlo para mañana.

“Como parte de rendir cuentas, viene reparar el daño personal y el daño institucional, las leyes de cada país son diferentes, uno quisiera no tener que pagar el delito, hay que resarcir el error, la víctima tiene el derecho a ser atendida profesionalmente y el delincuente y la institución es responsable de eso.

“Un tema muy difícil es la transparencia, la información a la comunidad, nos acostumbramos a mantenerlo todo en silencio; es cierto, primero por respeto a la víctima. En México la ley prohíbe decir el nombre de la víctima y también públicamente el nombre del criminal, salvo que la víctima lo hubiera dicho públicamente.

“Ante este escándalo, la comunidad tiene el derecho de estar informada, sin disminuir ni exagerar, eso es muy importante, que no solamente lo vean a través de las redes sociales, las cuales muchas veces pueden traer noticias falsas, es el deber del pastor informar respetando los derechos institucionales y canónicos.

“Que nuestra Iglesia sea un lugar seguro”.