Maniqueísmo político

Carlos Angulo Parra.- Ahora, después de 10 meses de iniciado el régimen, me queda muy claro que el maniqueísmo es el combustible del Gobierno Federal. Se alimenta del resentimiento, más que justificado, que existe en nuestro pueblo por los malos gobiernos, principalmente por los del PRI, y muy especialmente por el de Peña Nieto, en los que artificialmente se han incluido a los dos gobiernos del PAN, especialmente al de Felipe Calderón, que se alimenta de odio por las fantasías de fraude electoral y de los “muertos de Calderón”.

Este discurso político plagado de hígado y ayuno de razón es el que mantiene al presidente con altos niveles de popularidad. “Ahora está al mando del gobierno uno de los nuestros, alguien que nos comprende, que nos escucha y atiende, que habla sin prisas, con un lenguaje que todos comprendemos, quien todos los días temprano en la mañana, a la misma hora que iniciamos nuestras labores, escuchamos cómo hace trizas a los conservadores/neoliberales que nos han dejado en la miseria.” ¡Que discurso político tan magistral!

La desgracia de todo esto, es que el pueblo no se está dando cuenta que con cada palabra que escucha y que le gusta, existen una serie de acciones que fortalecen al poder del presidente, que acotan los controles del poder, que generan opacidad y que niegan cualquier tipo de rendición de cuentas.

El pretexto es que en el gobierno de Peña Nieto se hizo todo menos que eso, pero artificialmente se atribuye a todos los gobiernos anteriores, a partir del gobierno de Salinas, y más con el gobierno de Calderón, pero aderezado con el odio que se tiene en contra de él. “Ellos son los malos, nosotros los buenos, por eso qué importa que el presidente tenga un poder sin límites ni contrapesos, él es bueno y nosotros lo elegimos”.

El resultado real del mal gobierno que tenemos no se va a ver sino hasta que alcance al bolsillo de los marginados. Para que eso suceda aún falta mucho.

La clase media sí se está afectando, pero ahora los liderazgos de esa clase parecen aletargados con una especie de comportamiento de millennials, displicente, que nada más se ven a su ombligo.

La única oportunidad política real que se tiene de ponerle un dique a esa incontenible fuerza presidencial, son las elecciones del 2021, en las que se le puede quitar la mayoría a Morena.

Pero, ¿cómo hacerlo? Tenemos una oposición formal desecha, pasmada y enfocada en sus propios intereses egoístas, en el mejor de los casos, o, en el peor de los casos, rondando alrededor de AMLO y de Morena para ver cómo congraciarse y subirse a su tren que cada día va más rápido.

No veo otra salida más que la sociedad civil desarrolle liderazgos nuevos o viejos (que han sido arrinconados por los partidos porque atentan en contra de los intereses mezquinos de sus dirigencias), para generar movimientos políticos dentro de los partidos de oposición genuinos, para crear una amplia coalición que evite la fragmentación del voto.

Percibo que COPARMEX va por ese buen camino, pero no basta con agregar a liderazgos de tipo empresarial. Es necesario agregar liderazgos más populares que provengan de la clase media baja y de las clases económicamente débiles que ya han sido afectadas por el mal gobierno que tenemos.

También se pueden sumar los estudiantes y académicos que han sido severamente afectados por los recortes del gobierno. Ellos tienen los conocimientos, fuerza y tiempo para movilizarse y generar acciones de protesta.

El tiempo apremia. Estamos, en términos prácticos, a un año para la configuración de las acciones políticas para generar el entorno necesario para sacar a Morena del dominio de la Cámara de Diputados. Hay que actuar con decisión, estrategia, fuerza y enfoque.

Ya no fue posible redireccionar el fuerte liderazgo de AMLO para bien de la Nación, redireccionemos entonces el poder de los ciudadanos para cambiar a México.