Dios quiere ser amado

Antonio Fernández.- Dios quiere ser amado, y de nuestra parte es corresponder a su amor con amor, creyendo en Él, esperando en Él, amarle de todo corazón y no adorar a nadie más. Ello significa que ese amor es y será por sobre todas las cosas.

La razón de su parte es real, verdadera e innegable, pues nos ama intensamente, es el Padre que desea recibir los mismos afectos del amor que entrega, y quiere se aniden en el corazón los beneficios que de su bondad deposita en cada alma.

Es el Padre que ve la partida del hijo a la vida del mundo y no descansa en espera de su deseado regreso.

Mientras llega ese final alienta las almas a perseverar en Él, a mantenerse en gracia, enseñándonos de su paciencia a convertir en hecho su palabra cuando sobre su mandamiento dijo: “Porque mi yugo es excelente, y mi carga es liviana”…

Conoce el Señor que del conocimiento viene la fe y el amor obran la caridad, por lo tanto si no hay amor aunque hubiera obras nada valdrían. Este es el yugo que nos ofrece e ilustra San Agustín: “Todo precepto es ligero para el que ama”.

El que verdaderamente ama todo lo que realiza el ser amado lo hace con gozo, alegría y complacencia; es lo que el Señor espera de los hijos por Él creados, una semejanza del amor que recibe de su amado Hijo Jesucristo Nuestro Señor.

Ahora veamos el fruto a ganar del yugo que el Señor nos ofrece para superar las causas injustificadas de la debilidad y flaqueza humana que desequilibra el orden de la fe y confianza en Dios, cuyo resultado va contra la espiritualidad y la moral cristiana católica.

Es el pesimismo, mal adherido al interior de cada persona, será reconocer la realidad que hoy más que en otras épocas es tolerado hace que el pesimismo predomine sobre el bien. La fragilidad en el ser humano ha hecho del pesimismo una enfermedad que consciente ha permitido se generalice en su vida al paso de su existencia.

La persona lo ha convertido en una mala costumbre, lo grave es que ha hecho del pesimismo una rutina en la vida al grado de que este bloqueo del pesimismo cierra e incomunica la práctica de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) o cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza).

Haciendo perder la acción de las facultades del alma (memoria, entendimiento y voluntad) paraliza el buen obrar que impide la misión de hacer lo que por vocación debe para bien y salvación del alma.

Ahondando en el mal del alma y del cuerpo llamado pesimismo, doctrina surgida de los pensamientos revolucionarios franceses: “Dejar hacer y dejar pasar”…

Es importante reconocer que “esos pensadores de la revolución” estimulaban todos los medios del alma para explotar el comportamiento humano en favor de sus inclinaciones. Así lo hicieron con el pueblo que los siguió al ir contra el orden social cristiano de su época.

Ahora se vuelve a explotar esta inclinación humana de un mal que existe en el interior de cada ser humano, no es un mal que se distingue y se combata como la drogadicción, el aborto o las perversiones humanas, las inclinaciones a todo acto indebido.

El pesimismo no es un mal que pulule por el mundo, pulula en lo profundo de la persona y entre más se arraigue y más se permita prevalecer en los actos de la persona quiere decir que es una mala predilección.

Tolerada la costumbre de practicar a todo aquello que implica esfuerzo o sacrificio, a todo lo que sea bien del alma a verlo mal, criticarlo, censurar, murmurar y reprobarlo porque no se quiere hacer nada que comprometa su capacidad como persona que posee bienes, gracias y dones concedidos gratuitamente por Dios, no le interesa hacerlos suyos o por ellos querer mantener en él la obra.

Antes de ello vamos a la conducta mundana que debilita las virtudes con actitudes que hoy se ven ilógicas, al tiempo esas formas mentales a las generaciones de hoy a pesar de sus desequilibrios morales y sociales les sorprenderá que sean lógicas las reglas de vida para todos.

Así pues, una mujer quiere abortar, y como se “dice” que son muchas, y muchos los problemas, entonces el pesimismo va por la fácil y las cámaras de diputados y senadores incómodos, dicen: “legalicemos el aborto y que el gobierno apoye médicamente”.

El problema de la drogadicción va creciendo y son muchos los que la consumen, frenarlo será un problema, el pesimismo induce a mejor legalicemos el consumo de droga. Si hay mucha gente secuestrada y muchos se dedican a ello, el pesimismo lleva las cámaras legisladoras a lo inconcebible: legalicemos el secuestro.

Hay mucha gente que muere a consecuencia de las armas, legalicemos que todas las personas estén armadas; mucha gente muere atropellada y las cárceles están llenas de los culpables, la solución es legalizar que el atropellado se envíe a la cárcel por no fijarse al caminar.

Hay mucha gente que se dedica a robar y asaltar, para evitarse problemas dirán las cámaras legisladoras: legalicemos el asalto y el robo.

Esta imagen hoy da risa, se ve increíble, pero nos deja ver que la gravedad de hoy es nada porque mañana será más grave cuando los malos sean los ofendidos y no los culpables.

Por su parte, que los ofendidos sean culpables, es la consecuencia del pesimismo arraigado en la voluntad humana que no dejará ver la realidad de lo negativo; no es una exageración, es lamentable que se convierta en costumbre lo malo y más que termine siendo ley.

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