Imprimir esta página

Cisma en la Corte

Alejandro Zapata Perogordo.- La renuncia incausada e insólita presentada por el Ministro Eduardo Medina Mora como miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha traído consigo una serie de especulaciones no solamente hacia su persona, sino también se cuestiona el papel que juega el árbitro supremo del país.

En principio, su abrupta salida sin explicación formal alguna, faltando dos tercios del plazo para la conclusión de su periodo, causa evidentes suspicacias, aunado a infinidad de declaraciones de altos funcionarios públicos en el sentido de que es investigado por la Fiscalía General de la República, circunstancia que por sí sola de-sata un mar de dudas a la vez que se advierten trasfondos en la renuncia.

Por lo visto son las nuevas formas como se manejan los hilos desde las cúpulas del poder. No obstante desde la reforma al Poder Judicial de 1994, que algunos calificaron como un golpe de estado a la Suprema Corte de Justicia, la intención del constituyente fue el establecimiento de cimientos más sólidos en el ejercicio de su función; reduciendo el número de Ministros; otorgando inamovilidad; procurando evitar las presiones y vaivenes de la política; se encomendaron las funciones administrativas a otro órgano y la elección de sus miembros de forma escalonada y por ternas.

El objetivo hasta ahora logrado consistió en contar con un árbitro confiable para dirimir las controversias entre poderes y órdenes de gobierno tomando como base la materia constitucional; sin la influencia de la actividad política. En realidad la H. Suprema Corte ha atendido con diligencia su encomienda, evitando excesos y cumpliendo con decoro su alta función, misma que es necesaria para mantener la constitucionalidad de los actos y por ende también incide en ser factor de equilibrio.

Ahora enfrenta las tendencias de control, que surgen de manera natural ante la eventual fragilidad de los contrapesos. Sin pretender la defensa del Ministro Medina Mora, su separación del cargo, como las posteriores declaraciones públicas de altos funcionarios del gobierno federal, son suficientes para decir que ya fue juzgado y declarado culpable ante el descrédito mediático.

Un miembro prominente de la respetable familia del Poder Judicial de la Federación es obligado a renunciar, a la par de ser descalificado de una manera inusual e impertinente. El cuestionamiento pone en entredicho a una valiosa e indispensable institución, ante esa eventualidad es necesario e importante, defenderla, garantizar su independencia e inclusive fortalecerla, premisas básicas para mantener la observancia, aplicación y preservación de un régimen constitucional.

Cisma en la Corte
Logo
Imprimir esta página

Cisma en la Corte

Cisma en la Corte

Alejandro Zapata Perogordo.- La renuncia incausada e insólita presentada por el Ministro Eduardo Medina Mora como miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha traído consigo una serie de especulaciones no solamente hacia su persona, sino también se cuestiona el papel que juega el árbitro supremo del país.

En principio, su abrupta salida sin explicación formal alguna, faltando dos tercios del plazo para la conclusión de su periodo, causa evidentes suspicacias, aunado a infinidad de declaraciones de altos funcionarios públicos en el sentido de que es investigado por la Fiscalía General de la República, circunstancia que por sí sola de-sata un mar de dudas a la vez que se advierten trasfondos en la renuncia.

Por lo visto son las nuevas formas como se manejan los hilos desde las cúpulas del poder. No obstante desde la reforma al Poder Judicial de 1994, que algunos calificaron como un golpe de estado a la Suprema Corte de Justicia, la intención del constituyente fue el establecimiento de cimientos más sólidos en el ejercicio de su función; reduciendo el número de Ministros; otorgando inamovilidad; procurando evitar las presiones y vaivenes de la política; se encomendaron las funciones administrativas a otro órgano y la elección de sus miembros de forma escalonada y por ternas.

El objetivo hasta ahora logrado consistió en contar con un árbitro confiable para dirimir las controversias entre poderes y órdenes de gobierno tomando como base la materia constitucional; sin la influencia de la actividad política. En realidad la H. Suprema Corte ha atendido con diligencia su encomienda, evitando excesos y cumpliendo con decoro su alta función, misma que es necesaria para mantener la constitucionalidad de los actos y por ende también incide en ser factor de equilibrio.

Ahora enfrenta las tendencias de control, que surgen de manera natural ante la eventual fragilidad de los contrapesos. Sin pretender la defensa del Ministro Medina Mora, su separación del cargo, como las posteriores declaraciones públicas de altos funcionarios del gobierno federal, son suficientes para decir que ya fue juzgado y declarado culpable ante el descrédito mediático.

Un miembro prominente de la respetable familia del Poder Judicial de la Federación es obligado a renunciar, a la par de ser descalificado de una manera inusual e impertinente. El cuestionamiento pone en entredicho a una valiosa e indispensable institución, ante esa eventualidad es necesario e importante, defenderla, garantizar su independencia e inclusive fortalecerla, premisas básicas para mantener la observancia, aplicación y preservación de un régimen constitucional.

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)