Que lo mejor del pasado, sea lo peor del futuro

Dr. Arturo Castro.- La política no es tan negativa, es un oficio dedicado a servir, una ciencia dice la academia y los intelectuales, que aunque parece destructiva en su quehacer propio y en el gobierno, dada la deshonestidad de algunos servidores públicos, hay políticos  quienes se levantan con ética y con ideología basada en principios de servir al país.

La corrupción es lo peor que le pudo haber pasado a la política, el favoritismo y el nepotismo sin capacidades son otros males que la sociedad no perdona, destruye la fe en al no tener liderazgos confiables. La política es de  y para todos, está el médico y el abogado, el albañil y el empleado, el profesor y el arquitecto. Todos son uno o lo mismo al ejercer el poder sin importar su ámbito o su ejercicio.

La sociedad conoce sus alcances, el político también y cuando piensa inmoralmente lo hace en plena consciencia, por ello en tiempos digitales se conoce rápidamente su proceder. Al político se le compra con halagos, regalos y dinero, ese es el error del que lleva la culpa si el comprador es el verdadero corrupto, lo corrupción solo es algo muy humano dijo el expresidente Peña Nieto.

Hoy los anarquistas son conservadores, los porros son ninis con beca, el gobierno actual no enfrenta los problemas sociales como tales y se dedica a reclamar al pasado una corrupción que existió y que por decreto presidencial se ha optado por un perdón para iniciar un nuevo México para todos.

El pasado tuvo buenos tiempos, que pesan más que los peores momentos, se dieron las instituciones de regulación laboral, de servicios médicos, de control electoral y de leyes impensables para personas de capacidades diferentes y de preferencias sexuales sin distinción, El pasado registra un México con mexicanos definiendo su destino.

El México que se nos fue tuvo gobiernos legales y además morales, con funcionarios honrados y entregados, sin apariencias de desarrollo y con una burocracia responsable. El México de hoy acusa todo lo contrario por los casos conocidos que incumplieron el contrato social por dejarse comprar y por manejar el dinero público a su antojo.

Los dos escenarios existen pero el primero parece ser el único, cuando se está en el poder público hay que defender lo realizado, promover una continuidad para elevar la estabilidad, promoviendo reformas legislativas afines a un pasado ganador. México es más grande que sus problemas, de ahí que la fortaleza está en sus decisiones.

Buscar culpables es una defensa ingenua de lo que se quiere hacer y no se puede por algún motivo, existe hoy un discurso de odio al pasado, un pasado que le sirvió de plataforma al actual gobierno federal, si la burocracia trabaja, sin sacrificio gana, si se camina hacia adelante se conmina a la participación directa de la sociedad, no se puede vivir de culpas ajenas, no se puede, no se puede.

No se puede vivir con una loza atrás como lo hizo en alguna ocasión el Pipila, es muy fácil culpar a otros de una propia incapacidad de construir una historia propia. Este gobierno y sus mañaneras han insistido en culpar al pasado. De que habla cuando habla de proyectos, habla de que existen culpables de todo tipo.

Es esencial neutralizar el pasado con el futuro, implicar en este momento las prioridades para lograr consensos, sin ser tímidos en que el país sea el principal beneficiario, dejar la ofensiva gubernamental al pasado por comprometerse en respetar el presente y planificar bien el futuro cercano.

Que a México le vaya bien es la idea de todos, dejar los problemas de lado usando la ley como escudo y no permitir que una bola de personas usando marchas que parecen legítimas, destruyan lo que encuentran a su paso. México 68 duro 40 años en el pensamiento social, ya no es tan conocido, las nuevas generaciones no conocen el suceso.

Hoy se utilizan los 43 de Ayotzinapa, un grupo de jóvenes desaparecidos por causar sus propias circunstancias, los bajo la policía en Iguala de un camión robado, fue seguramente una masacre reprobable, pero el que busca encuentra. Este movimiento tiene su fan número uno en el Presidente de México, en intelectuales, en académicos y en jóvenes influenciados por algo que seguramente no conocen, solo la rebeldía hacia lo establecido.

Que lo mejor del pasado sea lo peor del futuro, que lo mejor sea lo conocido y lo peor del pasado sea juzgado y no perdonado, el debate es congruente, con los datos del uno o del otro, que la ley se aplique si es necesario y que se reconozca el valor de lo bueno que ha ocurrido en el país. Eso bueno tiene que ver con quienes hoy lo denostan.

Reconocer que México ha tenido buenos momentos es esencial, que los mismos, sean lo peor del futuro, esto nos garantiza una mayor oportunidad para llegar a ser un país desarrollado. El gobierno en turno en cualquier momento ha hecho cosas buenas, la crítica cotidiana no nos hace olvidarlas.

Nunca olvidaremos la aparición del Instituto Federal Electoral, la creación del Seguro social o popular, la escuela rural mexicana, la apertura económica a la globalización de este planeta, los mexicanos triunfadores en cualquier área, para dejar de ser ese mexicano perdedor del cual habla Octavio Paz en el Laberinto de la soledad.

Poco a poco debemos terminar con el orgullo de quien habla en las mañanas, es un buen hombre, luchador y emprendedor, es mi colega administrador público, cuya moneda ha caído del lado contrario, por eso se siente oposición.