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Acuerdos y traiciones

Candelario González Villa.- Lamentable y bochornoso espectáculo protagonizaron nuestros flamantes “diputados” federales, así como los diputados locales. ¿El motivo? La titularidad de las respectivas mesas directivas. Entre acuerdos, reglamentos y supuestas leyes, se generó la reyerta entre el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el Partido Acción Nacional (PAN).

Ante el protagonismo de los panistas en el Congreso de la Unión y fieles a su incultura y cerrazón, ni tardos ni perezosos, tres diputadetes, entre ellos Mariana Gómez del Campo, volaron a Nueva York a entrevistarse con el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA) para denunciar, según ellos, el robo o despojo de la titularidad o presidencia de la Mesa Directiva del Congreso de la Unión.

Y como era de suponerse, señalaron que los culpables y autores de esta acción eran los integrantes de la fracción parlamentaria de Morena. No es la primera vez que corren a los Estados Unidos de América a pedir la intervención porque, según ellos, “vivimos en una dictadura”.

Es necesario analizar a profundidad  el vergonzoso desenvolvimiento de este mal llamado “partido” y preguntarnos en qué fundamenta su conducta antipatriótica, sus acciones irracionales para denostar y atacar a los que ahora nos gobiernan.

En contradicciones, incongruencias y desatinos no logran sostener un debate en el Congreso de la Unión, el 90 por ciento de sus intervenciones en el debate caen en la confrontación estéril. Es tanta la cerrazón y su renuencia a escuchar, que nadie les cree las explicaciones que brindan sobre el tema legislativo y terminan retirándose rumiando sus derrotas.

¿Para qué quieren presidir las mesas directivas tanto federal como local? La lógica nos lleva a concluir que se quieren atrincherar para desdibujar tanto a Morena como al presidente López Obrador.

Aquí en nuestro estado, los diputados panistas rompieron el acuerdo de rotación de la presidencia de la Mesa Directiva, que le corresponde presidir a Morena, nombraron a un ilustre desconocido del extinto PANAL. Y ante esta perfidia y perversión, se ven y se sienten las manotas del declamador Javier Corral.

Aun así, tengo mis dudas de los diputados de Morena. Deseo estar equivocado, pero para mí el conflicto que se está viviendo es una farsa, pues los chihuahuenses sabemos cómo se las gastan Juan Carlos Loera De la Rosa y “el Pichú” De la Rosa. A leguas distinguimos la insolvencia ética y moral de estos personajes y la mediocridad que manifiestan los diputados locales de Morena.

Día a día los chihuahuenses nos damos cuenta de la clase de representantes populares, así como los empoderados del panismo obsoleto que nos desgobierna. ¡Ay, Chihuahua, no te rajes!

¿Quién verdaderamente representa a los chihuahuenses? Por los hechos y resultados deducimos que nadie. Los diputados y gobernantes en su desempeño solamente velan por sus intereses, así como los de grupo.

La democracia y la justicia que reclaman la sociedad están a disposición de una clase política nefasta que todo cree que se resuelve con “acuerdos” y tratos en lo oscurito. Las mayorías, el pueblo que empodera a estos políticos nefastos, queda en el olvido, a expensas de sus acuerdos.

Acuerdos y traiciones
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Acuerdos y traiciones

Acuerdos y traiciones

Candelario González Villa.- Lamentable y bochornoso espectáculo protagonizaron nuestros flamantes “diputados” federales, así como los diputados locales. ¿El motivo? La titularidad de las respectivas mesas directivas. Entre acuerdos, reglamentos y supuestas leyes, se generó la reyerta entre el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el Partido Acción Nacional (PAN).

Ante el protagonismo de los panistas en el Congreso de la Unión y fieles a su incultura y cerrazón, ni tardos ni perezosos, tres diputadetes, entre ellos Mariana Gómez del Campo, volaron a Nueva York a entrevistarse con el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA) para denunciar, según ellos, el robo o despojo de la titularidad o presidencia de la Mesa Directiva del Congreso de la Unión.

Y como era de suponerse, señalaron que los culpables y autores de esta acción eran los integrantes de la fracción parlamentaria de Morena. No es la primera vez que corren a los Estados Unidos de América a pedir la intervención porque, según ellos, “vivimos en una dictadura”.

Es necesario analizar a profundidad  el vergonzoso desenvolvimiento de este mal llamado “partido” y preguntarnos en qué fundamenta su conducta antipatriótica, sus acciones irracionales para denostar y atacar a los que ahora nos gobiernan.

En contradicciones, incongruencias y desatinos no logran sostener un debate en el Congreso de la Unión, el 90 por ciento de sus intervenciones en el debate caen en la confrontación estéril. Es tanta la cerrazón y su renuencia a escuchar, que nadie les cree las explicaciones que brindan sobre el tema legislativo y terminan retirándose rumiando sus derrotas.

¿Para qué quieren presidir las mesas directivas tanto federal como local? La lógica nos lleva a concluir que se quieren atrincherar para desdibujar tanto a Morena como al presidente López Obrador.

Aquí en nuestro estado, los diputados panistas rompieron el acuerdo de rotación de la presidencia de la Mesa Directiva, que le corresponde presidir a Morena, nombraron a un ilustre desconocido del extinto PANAL. Y ante esta perfidia y perversión, se ven y se sienten las manotas del declamador Javier Corral.

Aun así, tengo mis dudas de los diputados de Morena. Deseo estar equivocado, pero para mí el conflicto que se está viviendo es una farsa, pues los chihuahuenses sabemos cómo se las gastan Juan Carlos Loera De la Rosa y “el Pichú” De la Rosa. A leguas distinguimos la insolvencia ética y moral de estos personajes y la mediocridad que manifiestan los diputados locales de Morena.

Día a día los chihuahuenses nos damos cuenta de la clase de representantes populares, así como los empoderados del panismo obsoleto que nos desgobierna. ¡Ay, Chihuahua, no te rajes!

¿Quién verdaderamente representa a los chihuahuenses? Por los hechos y resultados deducimos que nadie. Los diputados y gobernantes en su desempeño solamente velan por sus intereses, así como los de grupo.

La democracia y la justicia que reclaman la sociedad están a disposición de una clase política nefasta que todo cree que se resuelve con “acuerdos” y tratos en lo oscurito. Las mayorías, el pueblo que empodera a estos políticos nefastos, queda en el olvido, a expensas de sus acuerdos.

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)