Como México no hay dos

Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca.- Seguimos viendo, escuchando y analizando situaciones de nuestra vida cotidiana, en relación con nuestras obligaciones como ciudadanos que contrastan con las de los servidores públicos. Por una parte la violencia que no disminuye y se mantiene con altibajos, por otra parte la corrupción sostenida pese a que el presidente de México afirma que se está combatiendo.

Confío en que el presidente Andrés Manuel López Obrador no sea corrupto, por eso la mayoría de los mexicanos votamos a su favor. También confiamos en la postura del gobernador del estado, Javier Corral Jurado, como un hombre íntegro, cabal y honesto. Esto nos hace suponer que se apoyan de gente honorable y con amplia solvencia moral y económica, que al protestar cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que emanan de ella, asumen el principal compromiso de combatir la corrupción.

Pero tal parece que no hay eco en las demandas ciudadanas en este rubro. Pues no solamente tenemos problemas de delincuencia común y organizada, sino también estamos confiando nuestra seguridad, al que creemos nuestro aliado en la justicia y resultando un enemigo, que son los representantes de la ley, como las instituciones de seguridad pública y el Poder Judicial.

Los delitos graves como ejercicio ilícito de servicio público, abuso de autoridad, desaparición forzada de personas, coalición de servidores públicos, uso ilícito de atribuciones y facultades, concusión, intimidación, ejercicio abusivo de funciones, tráfico de influencia, cohecho, cohecho a servidores públicos extranjeros, peculado y enriquecimiento ilícito, son algunos de los que privan la libertad de inmediato al que lo cometa y no han disminuido y tampoco las denuncias prosperan.

Veo lo contrario de lo que escucho de los funcionarios públicos cuando informan avances contra la corrupción y también podemos detectar a algunos medios de información escrita, en televisión y virtual, el resentimiento hacia el gobierno porque no reciben las cantidades millonarias para vender imagen. La mentira, la voracidad, la deshonestidad y la soberbia, son los elementos de la corrupción que siguen utilizando personas físicas y morales para sus fines perversos.

Sugiero la unidad en los mexicanos que somos creyentes en Dios, para dejar que gobierne sobre nuestras conciencias y no utilizar a Dios para justificar odios, resentimientos o actos disimulados de buena fe. Los cristianos en general estamos impedidos para mentir, odiar, ofender, juzgar y discriminar, entre otros valores que exige la justicia de los mandamientos.

A los ateos que nos respeten como nosotros los respetamos en su manera de vivir. Nada los faculta para agredir creencias y la fe en un poder superior. Ni son merecedores de la verdad absoluta. Nadie lo somos. ¿Por qué como mexicanos, mejor  no nos unimos en el mismo sentimiento de patriotismo, para darle el valor que tiene nuestra insignia patria como la bandera representativa más hermosa del mundo? ¿Hemos analizado a la niñez maravillosa, inteligente y hermosa que tenemos en toda la nación? Somos un gran país. Enorme y potencialmente competente para crecer en todos los aspectos.

Somos una gran familia con cultura, tradiciones, valores y con un territorio lleno de riquezas naturales. Ya es tiempo de retomar la responsabilidad personal para cambiar. Es increíble que nuestro código penal tipifique sobre delitos degradantes, como los abusos sexuales a menores, la violencia familiar y los feminicidios, entre otros graves.

Nos corresponde ser vigilantes del orden. Nunca es tarde para comenzar, ni para cambiar. En la política tenemos a exfuncionarios y líderes corruptos arrepentidos, que pueden contribuir delatando todas las triquiñuelas que se han utilizado para robar lo que nos pertenece a todos. Periodistas que callan siendo cómplices de la impunidad ya no lo hagan. Los necesitamos utilizando la libertad de expresión para que honren su vocación. Hombres y mujeres en la calle ayudemos al necesitado y al que pide auxilio cuando es atacado por delincuentes. Somos mayoría los buenos.

Combatir a la corrupción es una obligación moral de todos. Ya no debemos tolerarla apoyando a políticos y gobernantes que nos desprestigian en el mundo. Leyendo en internet, encontraremos que jóvenes mexicanos profesionistas nos honran con sus conocimientos en las mejores universidades de Europa. Que lo han conseguido con recursos propios, becas y un gran esfuerzo. Por ellos nos respetan y la mayoría quiere regresar para contribuir en mejorar el rumbo. Pero no como estamos. Ya es hora de tomar las riendas y actuar.