Locura verde o saludable ecología

Padre Eduardo Hayen.- Las bolsas ecológicas para hacer las compras en el supermercado ya se están vendiendo. Se dice que éstas van a reemplazar a las bolsas de plástico con las que llevamos el mandado a casa.

En las ciudades se expande una conciencia ecológica para cuidar el planeta. Nos invitan a consumir productos “bio”, a comprar frutas y verduras orgánicas, a tener dietas más saludables y a separar la basura orgánica, plástica y metálica para fomentar la cultura del reciclaje.

A través de estas pequeñas acciones se va formando la conciencia de que La Tierra es la casa que todos habitamos y que es necesario cuidarla. Para un cristiano el planeta es el escenario de la salvación, el lugar donde nos jugamos la vida eterna. Por eso es importante trabajar para mejorar sus condiciones como un acto de justicia y caridad para las generaciones venideras.

Celebro que el Papa Francisco nos haya legado el documento “Laudato si” sobre la ética para cuidar el planeta, y tomo distancia de aquellos católicos ultras que ven a la Iglesia como aliada natural del sistema capitalista y que critican al pontífice por su preocupación para cuidar nuestra casa común.

La ecología del planeta es un tema muy complejo y no fácil de abordar. Hay corrientes ecologistas que son críticas a esas pequeñas acciones ecológicas, como el reciclaje, que los ciudadanos comunes y corrientes estamos haciendo en las grandes ciudades.

Su crítica afirma que reciclar o ir al super con bolsas ecológicas solamente alimenta el capitalismo. Nos critican porque continuamos manteniendo a las empresas de reciclaje y, de esa manera, hacemos crecer al sistema económico en el que queremos seguir viviendo una buena vida. En resumen, dicen que nuestras acciones ecológicas están demasiado centradas en el bienestar del hombre.

Es aquí donde se insinúa un grave peligro. Estas corrientes ecológicas proponen que pasemos de una ecología centrada en el hombre, a una ecología centrada en el derecho compartido de todas las especies a vivir en igualdad de condiciones.

Según esta visión, el hombre debe ser una especie más en La Tierra y no la especie que domine a las demás. Todos los seres vivos tendríamos los mismos derechos: hombres, animales y plantas.

La vida del homo sapiens valdría lo que la vida de una planta de cacahuates. En este nuevo socialismo todas las especies biológicas serían iguales y tendrían los mismos derechos.

Nuestra visión cristiana de la creación es totalmente contraria a esta locura verde o socialismo biocéntrico. La Revelación de Dios en la Biblia enseña que, en el orden del ser, existe una escala en cuya cumbre se encuentra el ser humano, creado a imagen de Dios.

Y enseña también que Dios encomendó al hombre el gran jardín de la tierra, no para abusar de ella y explotarla, sino para labrarla, custodiarla y preservarla con amor responsable. Por tanto, todos los seres inferiores al hombre existen para proporcionarle alimento, vestido y diversos servicios.

Las pequeñas acciones ecológicas que tengamos en la vida cotidiana pueden ayudarnos a tomar conciencia y a ser sensibles hacia el cuidado que La Tierra necesita, pero tener como ideal dejar a la naturaleza en estado salvaje, sin la intervención de la mano del hombre, terminará por hacernos creer que la raza humana es quien estorba en el planeta, y que somos nosotros quienes debemos desaparecer.