El don del oído y del habla

Antonio Fernández.- San Beda el Doctor Admirable, refiriéndose a los sentidos del ser humano instruye: “O bien es sordo y mudo el que no tiene oídos para oír la palabra de Dios, ni lengua para hablarla; y es necesario que los que saben hablar y oír las palabras de Dios ofrezcan al Señor a los que ha de curar”…

Los sentidos del oído y del habla creados y depositados en cada persona por Dios para hacer de ellos los medios que ayuden a expresar el deseo de amarle y servirle en esta vida, adelantándose a la realidad de cada persona, San Beda revela que la actitud humana muestra siempre una doblez favorable para las cosas del mundo.

Y aquellas que son de verdad trascendentes para la salvación del alma muestra que son ignoradas mostrándose frío y pasivo a la palabra y obra de Cristo Nuestro Señor. Actuando con doblez se juega a diario: al hoy soy bueno y mañana malo.

La actitud de doblez humana excede en ambigüedades para con el prójimo que se hace fácil hacer lo mismo cuando de Dios se trata, por lo que todo cristiano católico conocedor que el proceder consciente argumenta justificaciones ilógicas de los actos humanos que en nada son del agrado del Señor.

Confiado en que no está visible y en el “Nadie me ve” se aducen falsas razones, como hacen entre los seres humanos en sus negocios mundanos, al golpe de la doblez: hoy no aunque ayer haya sido sí.

La reacción es molesta contra el burlador exigiendo por parte del burlado una definición: “eres o no eres”, “escucha: entendiste o te haces el sordo”, “has dicho una cosa y haces otra”, estos y más reclamos son en las cosas humanas que causan malestar grave por las actitudes ambivalentes.

Meditando en la palabra de Nuestro Señor nos viene a la mente una inquietud, como sería en las personas su justo reclamo ante los latrocinios cometidos, es su derecho hacerlo si así lo deseara hacer a cada pecador del que ve cómo obra el pecado y las intenciones que guarda en su corazón, tentaciones y turbaciones que nacen en él y salen por la boca.

Cuando obran fingiendo amarle se le ofende una y otra vez sin sentir el peso de su voz amorosa, habla por la conciencia: Hijo mío, con gozo te he traído al mundo a pasar una prueba, para ello te he dado cada día bienes, gracias y dones que posees por tu alma en tu persona.

Son innumerables medios que ordenados por tus facultades mentales te conducen a creer en Mí como tu Dios Creador, bien sabes que las ocasiones que te has acercado a llorar tus penas, angustias y aflicciones vives en tu persona la misericordiosa voluntad de mi amor.

Has vivido el refugio y consuelo a tus amores y desamores, te pregunto hijo mío, entonces: ¿Por qué disimulas y finges escuchar mi palabra en el Evangelio? ¿Por qué en la práctica reniegas molesto al intentar lo que no haces de cumplir tus deberes para conmigo y el prójimo? ¿Por qué te veo indeciso, cuando de Mí se trata veo que no te resuelves a modificar tus malos hábitos porque tú mismo engañándote te pones obstáculos?

Veo que es más tu gusto dar a lo que éste no te pide sino te exige, y entre más le das más quiere perdiendo un tiempo valioso que quitas a la salvación de tu alma.

Esto y más veo a diario en tu corazón. ¿Por qué afirmas ante los demás amarme, cuando lo que haces es un acto de hipocresía? Cuando te diriges a Mí en la Iglesia o en tu hogar te veo sin fe, acercándote con la falsedad del fariseo de la parábola, a pesar de ello te espero en el Sagrario y me gozaré verte arrepentido…

Esto y más escuchamos del Señor por el oído del corazón. ¿Y qué responder? ¿Y qué justificar? Nada se puede hablar porque un nudo en la garganta enmudece el habla.

La palabra del Señor hace que la conciencia sacuda al pecador haciéndole sentir en su interior la verdad, diferente al que lleva su vida ordenada a Dios lo entiende, quedando el pecador donde mismo por falta de fe.

Para ello se requiere una fe viva en Él pues al carecer de ella se pierde el beneficio espiritual que por el sentido del oído y la facultad para hablar a Dios traspasa su doctrina y mandamiento de salvación a la humanidad de los tiempos futuros sobre cómo debe ser la oración.

“Cuando oréis, no abundéis en palabras como los paganos, que se figuran que por mucho hablar serán oídos. Por lo tanto, no los imitéis, porque Vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis”…

 

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