No dejen que la violencia arruine la infancia y el futuro de la próxima generación de Hong Kong

Yang Dingdu.- Múltiples videos de un niño que lideraba a los manifestantes gritando consignas en las calles de Hong Kong se han convertido en un cliché de publicidad de las protestas. Tener una multitud frenética siguiendo la inocente voz de un niño puede ser todo un espectáculo. Pero la pregunta es: ¿El niño realmente entendió lo que estaba haciendo?

Las nefastas fuerzas detrás de las prolongadas protestas en Hong Kong han incitado a los adolescentes, estudiantes e incluso niños a salir a las calles por su agenda. Entre los sospechosos arrestados por actividades violentas desde junio se pueden ver muchos rostros jóvenes. Uno tenía tan solo 12 años.

A medida que se acerca el nuevo semestre el 1 de septiembre, los organizadores están llamando abiertamente a los alumnos a las huelgas escolares. Folletos que instan a los estudiantes a salir de clases están por todas partes.

Los jóvenes son el futuro de Hong Kong. Su voz tiene peso y debe ser escuchada. Sin embargo, los políticos conspiradores han deso-rientado descaradamente la buena voluntad y la pasión de algunos jóvenes hacia su movimiento ideológico divisionista, avivando la violencia, el odio y la desconfianza que impiden cualquier solución real.

Los incitadores saben que violar la ley tiene consecuencias. No obstante, alientan a los jóvenes a salir a las calles, bloquear carreteras, destrozar instalaciones públicas, luchar contra la policía e incluso ser arrestados. Glorifican los actos violentos y hacen creer a los jóvenes que se están sacrificando por algo grandioso.

Hay muchas formas de amar a Hong Kong y recurrir a la violencia no es una de ellas.

Con tiempo y experiencia, los jóvenes aprenderán diferentes perspectivas y podrán ver a los agitadores por lo que realmente son. Qué triste será para ellos llegar a lamentar un día las cosas impulsivas que han hecho y haber arruinado su propio futuro por seguir la agenda política de otra persona.

Asimismo, a los organizadores de protestas no les importa el futuro de los jóvenes. Pusieron a los adolescentes en el frente para llevar la peor parte y tomar todos los riesgos, mientras que ellos mismos se esconden, conspiran y agitan por detrás. Para ellos, los adolescentes y los niños no son más que un engranaje en la máquina para construir un movimiento hacia su agenda.

Los que explotan la confianza y la pasión de los jóvenes son unos cobardes despreciables. No se les debe permitir arruinar la infancia y el futuro de la próxima generación de Hong Kong.