Racismo (I)

Candelario González Villa.- El racismo es la doctrina según la cual todas las manifestaciones histórico sociales del hombre y sus valores (o disvalores) dependen de la raza y enuncia la existencia de una raza superior (aria o nórdica) destinada a ser guía del género.

El fundador de esta doctrina fue el francés Gobineau en su obra “Essai sur l’inégalité des races humaines” (1853-1855), dirigido a defender a la aristocracia frente a la democracia.

Hacia principios del siglo XX un inglés germanófilo, Houston Stewart Chamberlain, difundió el mito del arianismo en Alemania en su obra “Die Grundlagen des neunzehnten Jarhunderts” (Los fundamentos del siglo XIX, 1899), identificando la raza superior con la germana.

El antisemitismo databa de antiguo en Alemania y, por lo tanto, la doctrina del determinismo racial y de la raza superior encontró allí fácil difusión, resolviéndose en el apoyo al prejuicio antisemita y en la creencia de que existía una conjura judía para la conquista del dominio mundial y que, por lo tanto, el capitalismo, el marxismo y en general las manifestaciones culturales o políticas que debilitan el orden nacional son fenómenos judíos.

Después de la I Guerra Mundial, el racismo fue para los alemanes el mito de consuelo, la evasión de la depresión, de la derrota y Hitler hizo de él el fundamento de su política.

La doctrina fue elaborada por Alfred Rosenberg en “Mito del siglo XX” (1930). Rosenberg afirmó un riguroso determinismo racial. Toda manifestación cultural de un pueblo depende de su raza.

Señaló que la ciencia, la moral, la religión y los valores que ellas descubren y defienden dependen de la raza y son las expresiones de la fuerza vital de ella. Por lo tanto, también la verdad es siempre tal, solamente para una raza determinada.

La raza superior es la aria, que desde el norte se difundió en la antigüedad por Egipto, India, Persia, Grecia y Roma y produjo las antiguas civilizaciones, las cuales decayeron porque los arios se mezclaron con razas inferiores.

Todas las ciencias, las artes, las instituciones fundamentales de la vida humana han sido creadas por esta raza. Frente a ella está la anti-raza parásita judía que ha envenenado la raza con conceptos como la democracia, el marxismo, el capitalismo, el intelectualismo y también los ideales de amor, de humildad, de igualdad difundidas por el cristianismo que representa una corrupción romano-judaica de la enseñanza del ario Jesús.

El conjunto de esta doctrina fue explícitamente presentado como un mito por el marxismo, mito difundido y mantenido por la misma fuerza vital de la raza.

Esto no quiere decir que no se haya intentado racionalizarla, dando una base científica al concepto de raza que era su fundamento. Pero en realidad, el uso que el racismo hace de la noción de raza revela la inconsecuencia de la doctrina desde el punto de vista científico y filosófico.

El concepto de raza es hoy unánimemente considerado por los antropólogos como un expediente clasificatorio apto para suministrar el esquema zoológico dentro del cual pueden ser situados los diferentes grupos del género humano.

Por lo tanto, la palabra debe quedar reservada solamente a los grupos humanos señalados por diferentes características físicas que pueden ser transmitidas por herencia.

Tales características son principalmente el color de la piel, la estatura, la forma de la cabeza y del rostro, el color y la forma de los ojos, la forma de la nariz y la estructura del cuerpo.