El síndrome del adiós y la responsabilidad compartida

Dr. Arturo Castro.- Las historias personales regularmente son ejemplos de vida, hay quienes al morir nacen como leyendas, en este momento aún lamentamos los momentos de furia de fuego que provocó un supremacista blanco en la frontera, léase un loco contemporáneo con ideas de enaltecimiento a la raza aria, motivo del holocausto nazi.

La pérdida de 22 personas en la tienda Walmart en El Paso, Texas, ha trastocado la vida fronteriza, ha estado en muchos medios de comunicación en el planeta, es un caso de una ciudad segura convertida en una venganza personal anárquica.

El culpable nació en una casa en las que se coleccionan armas de fuego, su convivencia con ellas fue parte de la vida cotidiana. La declaración de motivos que lo llevó al hecho está muy fundamentada en sus ideales, marca las razones políticas y económicas, se describe a sí mismo y explica la base de su decisión criminal en su manifiesto previamente escrito a manera de testimonio y legado posterior.

La agenda de la locura fue descrita en su vida personal. Muchos mexicanos se fueron a la otra vida en silencio, sin ruido, con el sufrimiento de la familia hoy, sin saber qué hacer. Los motivos existen, la justicia divina y física también.

El llamado al buen comportamiento es esencial, la vida no es del tiempo que se vive, es de cada quien en su responsabilidad adquirida. Las razones de edad no existen, el recuerdo cercano es muy cerca a la mitología escrita a través de las distintas generaciones.

Los hechos preocupan a la sociedad, no es el caso de El Paso, ni de otro lugar, no es posible considerar normal la vida indiferente como algo diferente. Todos tenemos una responsabilidad compartida, es el juicio de cada quien, es realmente un todo perteneciente a todos.

El ser humano es inquieto por naturaleza, es un incansable buscador de la verdad, resurge en todo momento ante la adversidad, pero frente a la locura se requiere una mejor receta, una vacuna para seguir viviendo tranquilamente frente a la adversidad.

Fueron varias masacres en Estados Unidos durante la semana, nos pesó mayormente la de El Paso, no todos son parte de una locura enfermiza, tal vez sí. Las familias lamentan lo sucedido, todos lo lamentamos por igual.

El manifiesto público es de rechazo, hasta ciudadanos del común, es parejo, desde la presidencia y hasta las organizaciones de la sociedad civil. El pesar es por la gente inocente, la culpa seguramente es del gobierno que al permitir un fácil acceso a las armas, deja la posibilidad de este escape de la locura.

El Paso es una gran ciudad, en ella vive un 83 por ciento de hispanos; no es México, pero sí una ciudad americanizada con sus raíces hispanas. La comunidad vive un duelo general sin saber respuestas del porqué del hecho que deja familias incompletas de la noche a la mañana.

El presidente de Estados Unidos quiso cumplir, llegó y se fue, hubo pena pero no gloria; vino el senador texano Ted Cruz, Beto O’Rourque cumplió con su ciudad natal, cuestionando el hecho, el canciller mexicano Marcelo Ebrard pide participación en el juicio del asesino en México.

Un país en el que la justicia está en la calle, léase la llamada puerta giratoria, mejor guardar silencio y no comprometer la justicia en sí.

El síndrome del adiós es por las víctimas de Walmart, fueron 22 personas que perdieron la vida, muchos escriben acerca de esto, inclusive Adhocracia lo hace, parece algo morboso, no lo es, solo es la percepción y descripción de lo sucedido.

Se atiende la informacion, los medios comunican la tragedia, no siempre son prudentes, describen fríamente los sucesos. La sociedad debe ser más consciente y responsable acerca de la percepción de los hechos.

Echar a andar una buena sociedad es tarea de todos, cada quien debe poner lo mejor de sí, esperemos resultados de gobierno a corto plazo y no discursos paliativos, menos inconvenientes en sus mensajes a la sociedad.

Todos tenemos una responsabilidad por compartir en este hecho, porque dejamos de lado la posibilidad de aceptar que cualquier persona tenga arma legal o ilegalmente, esto permite momentos de odio como el sucedido hace una semana.

El síndrome del adiós parece una fórmula, la de esperar tranquilamente un tiempo de paz. La sociedad ve que la política sirve para bien, pero a veces es un activo de juicio social en donde todo mundo cree que sabe y opinan por igual.

Esperemos que no haya más daño a la sociedad, esperemos un mejor escenario. El gobierno como garante debe dejar sus discursos y ponerse a trabajar, no es una cosa de partidos, es una cuestión social de pleno interés social.

Los partidos políticos están ausentes del asunto, no han opinado. Es triste su vocación, esperemos una mejor respuesta en el momento adecuado, esta es una triste historia como muchas que hoy todo mundo comparte.

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