Solidaridad y compromiso por víctimas de El Paso

Senador Cruz Pérez Cuéllar.- Está claro que uno cosecha lo que siembra. El discurso de odio racial del gobierno de Donald Trump está dejando una estela de sangre por todo Estados Unidos, principalmente donde se concentra la mayor parte de la comunidad hispanoamericana.

Y el problema se acrecienta porque no hay enmienda, no hay voluntad de abandonar esa actitud errática que tiene confrontados a los grupos defensores de los derechos de los latinos y quienes se oponen a su estadía allá, así quedó confirmado con el discurso del presidente norteamericano en su pasada visita a El Paso y con los mega operativos de detención de inmigrantes que sucedieron a estos hechos.

Lo que sucedió hace una semana en El Paso y en Ohio, es una muestra de lo que sucede en aquellos estados con mayor presencia de hispanos, es el fruto de tantos ataques verbales a los mexicanos radicados allá desde la cúpula política, es el resultado de un discurso colmado de odio, que cayó en tierra fértil por la presencia de grupos supremacistas que en un tiempo se ocultaron pero que nunca han desaparecido, que se vieron alimentados con esta arenga de su presidente.

Es una gran impotencia la que nos embarga, después de la forma tan atroz con que ese joven arremetió contra los clientes del Walmart de Cielo Vista, dejando como resultado 22 víctimas mortales y otro tanto de heridos, ocho de ellos mexicanos, inocentes todos, objeto de una mente enferma, cuyos deseos fueron tomando impulso tras innumerables estímulos, muchos de ellos políticos, que no deberían estar ahí, porque quien está en el gobierno (de cualquier parte del mundo) debe promover primero la estabilidad, procurar la paz, la armonía por encima de todo; y quien no lo hace, quien genera discordia, tarde o temprano termina por desmoronar lo que en un tiempo otros construyeron.

Es indignante que nuestra gente sea tratada así, aunque sea por una minoría, que no ha entendido o no ha querido entender que esa tierra, que le da contorno a la frontera con México, un día fue nuestra y que por acuerdo de las dos partes se decidió que ahí se quedaran y que cohabitaran en un mundo que luego fue cambiando hasta formar lo que hay actualmente.

Afortunadamente son los menos, pero hay que reconocer que esa población racista, que ataca de diversas maneras y de diversos frentes a los de origen mexicano o de otra parte de América Latina, va aumentando, y eso nos obliga a nosotros a actuar, a incrementar la actividad de los cónsules y la embajadora en Estados Unidos, en defensa de los derechos de nuestros connacionales, a facilitar el regreso a quienes así lo deseen y por supuesto a seguir acrecentando las oportunidades de desarrollo en nuestro país, para que en un futuro no muy lejano, no haya necesidad de emigrar a aquél ni a ningún otro país.

Ese es el plan del presidente López Obrador, que a unos les suena como a utopía, pero a otros nos mueve las fibras, por el arduo trabajo que eso significa y el proyecto que resulta alentador para miles de familias, que no están allá por gusto sino por una gran necesidad.

Es oportuno que se tomen las medidas de seguridad pertinentes, me parece que en este momento no hay un lugar en la Unión Americana para decir que nuestros compatriotas y latinoamericanos en general están a salvo, todo Estados Unidos está hecho un polvorín, y no porque sea en sí una tierra peligrosa, sino por ese discurso permanente del presidente Donald Trump y sus corifeos, que mantienen la línea en contra de los mexicanos, quieren imponer la idea de un muro que les bloquea la cabeza en sus decisiones. Es necesario que ese discurso cambie para que comiencen a cambiar las cosas a favor de nuestra gente.

Pero mientras tanto nosotros podemos hacer mucho desde México, los nuestros necesitan de nuestro apoyo y solidaridad, franca, desinteresada, y me parece que por ahí debemos comenzar.

En lo particular, considero incorrecto que nos enfrasquemos en una guerra racial que solo daña a los mexicanos e hispanos, reitero que son los menos los que promueven ese choque, pero ya ha generado que muchos otros entren en esa dinámica destructiva.

Vaya desde este espacio mis más sinceras condolencias a los familiares de los deudos del ataque en Cielo Vista, así como de los heridos, nuestro apoyo y solidaridad.

Ahora quiero dar mi opinión sobre la actitud de algunos políticos mexicanos, que evidencian deficiencias en su compromiso con la seguridad local luego de sus ofrecimientos desmedidos de respaldo a las familias de los afectados en El Paso.

Me refiero específicamente al gobernador Javier Corral y al alcalde de Juárez Armando Cabada, que se mostraron muy afanosos después de lo sucedido. Estoy de acuerdo en las muestras de solidaridad genuinas, como ya lo expresé, pero cuando no hay congruencia, me parece que resultan menos que inaceptables: repugnantes.

La presencia de Cabada y Corral en El Paso podría significar mucho si las condiciones de violencia en el mapa de su respectiva jurisdicción y la atención al problema fuera otra.

La masacre de El Paso es profundamente lamentable y totalmente condenable, pero, ¿qué respuesta le pueden dar a la gente el presidente municipal y el gobernador por las 1,536 personas asesinadas en los primeros siete meses de este año, 889 de las cuales corresponden a Ciudad Juárez? ¿Qué pueden decir por los más de 70 policías ejecutados durante el gobierno corralista?

¿Qué podrán decir de la barbarie en que se han convertido la frontera norte y buena parte del territorio estatal por el dominio de las bandas que trafican drogas, asaltantes, extorsionadores y secuestradores…? La verdad es que no han dado la cara, no ha habido condolencias a familiares de los policías caídos, menos a los hijos, a las madres, a los padres de las víctimas inocentes de la violencia en la entidad.

Lo que ocurre en Ciudad Juárez y Chihuahua en general es una verdadera masacre, pero ahí no vemos al alcalde Cabada ni al gobernador Corral en los actos funerarios, más bien se les ve molestos cuando les pregunta la prensa sobre esos sucesos, se les ve ociosos, dedicados a otras tareas menos a las de mayor importancia.

Dispuestos a censurar a quienes les critican, pero muy amilanados a la hora de obrar para acabar con la inseguridad, tan siquiera para colaborar con otras instancias que les puedan ayudar a resolver este grave problema que ya se ha vuelto una locura, por la cantidad de homicidios que hay por todos lados y un sinnúmero de delitos que nos retorna a la década anterior cuando Chihuahua era, y ahora sigue siendo, una zona de guerra.

Ellos han buscado los reflectores a costa de lo que sea, y este escaparate internacional por lo sucedido en El Paso, creyeron que les vendría bien, pero la verdad es que no, porque no han hecho la tarea en su casa; la masacre de Chihuahua sigue sin respuesta, no hay atención debida, tampoco la sensibilidad de este gobierno para evitarlo.

La crítica de un servidor la podrán desdeñar el presidente municipal y el gobernador, a su usanza, querrán tildarla de mil cosas, pero la cuestión es que no es solamente esta, los ciudadanos lo hacen con mayor frecuencia, ahí están las reacciones de muchos de ellos por la visita del mandatario y el alcalde a El Paso.
Lo que sucede es que no se puede simular el humanismo, se es humanista o no; cuando acá estamos en medio del caos por la inseguridad y la violencia desbordada, ellos quieren aparentar compromiso, solidaridad, cuando no los hay.

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