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Consuelo y esperanza para la frontera

Padre Eduardo Hayen.- Espanto, dolor y desconcierto han caído como una sombra en Paso del Norte, nuestra región fronteriza de El Paso y Ciudad Juárez. El acto terrorista del sábado 3 de agosto, en el que perdieron la vida 23 personas –mexicanos en su mayoría–, luego de que Patrick Crusius, un joven de 21 años, abriera fuego en Walmart para matar a todos los mexicanos que pudiera –así lo dejó escrito en una carta–, ha sido un golpe durísimo para la moral de quienes habitamos la región.

En este momento hacemos nuestro el Cántico de Jeremías: “Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche no cesan: por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo, una herida de fuertes dolores”.

En momentos donde se espera la paz y no hay bienestar, los corazones de esta gran comunidad binacional buscamos una respuesta de lo Alto. “Busquen los bienes de arriba”, dice San Pablo. Es en las alturas del Cielo donde hoy buscamos esos tesoros preciosos de la fortaleza espiritual, la caridad de unos con otros, la oración que nos une a Dios y el consuelo que Jesús nos ofrece.

Con amor y cariño desde Ciudad Juárez abrazamos a nuestros hermanos de El Paso después de haber vivido la locura diabólica del odio racial, cuyos orígenes están, justamente, en el olvido de los bienes espirituales, en dejar de contemplar a Dios como Padre de toda la humanidad, que creó a hombres y mujeres en una sinfonía de razas, lenguas y pueblos para que aprendiéramos a convivir como hermanos en la caridad, y un día compartir el Paraíso con Él.

Jesús subió a la montaña y allí se transfiguró delante de sus discípulos. ¡Cómo quisiéramos que la vida no tuviera episodios tan horrendos como el del sábado pasado! ¡Cómo quisiéramos nunca contemplar el rostro desfigurado del Señor en la Cruz! Sería mejor vivir en un Tabor perpetuo con Jesús y colocar allí nuestras tres tiendas, donde todo es brillo, plenitud de luz, dulcísima alegría, paz indescriptible y victoria sobre las fuerzas de la muerte.

Paso del Norte ha sido una región que ha crecido y se ha forjado gracias a la migración. Hombres y mujeres de las más diversas zonas geográficas del mundo han enriquecido nuestra comunidad con sus talentos y la fuerza de su trabajo.

Ellos se han sentido acogidos por la generosidad y la hospitalidad de los fronterizos en ambos lados de la frontera, y en situaciones dramáticas les hemos mostrado la compasión y el valor de su dignidad. Ellos han podido ver el rostro de Dios en la hospitalidad que les ofrecen paseños y juarenses.

Sin embargo, hay personas a quienes la multiplicación de los latinos les provoca inseguridad, miedo e ira. Como el faraón egipcio que no quiere que los hijos de Israel se multipliquen en su territorio, buscan exterminarlos al verlos como una fuerza invasora en su país.

Febriles por el discurso de odio racial, y creyéndose de una raza superior a las demás, recurren al terrorismo con la ilusión de que así hacen un bien a su nación. Que Jesucristo, Rey de la Paz, toque sus corazones y les haga descubrir la riqueza de la migración y la virtud de la convivencia pacífica en la caridad.

En estos días de gran tribulación hemos de recogernos más en oración solidaria por quienes perdieron la vida en Walmart-Cielo Vista, así como por sus familiares y amigos. Ofrecemos a la Diócesis de El Paso y a su obispo, monseñor Mark Seitz, nuestro muy sentido pésame.

La intimidad con Cristo resucitado sea fuente de consuelo, fortaleza y paz para todos; y, al mismo tiempo, nos impulse a mirar el futuro con esperanza para que nunca nos cansemos de sembrar el amor de Dios donde hay odio, y seguir abrazando a los hermanos que vengan a nuestra región fronteriza.

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Consuelo y esperanza para la frontera

Consuelo y esperanza para la frontera

Padre Eduardo Hayen.- Espanto, dolor y desconcierto han caído como una sombra en Paso del Norte, nuestra región fronteriza de El Paso y Ciudad Juárez. El acto terrorista del sábado 3 de agosto, en el que perdieron la vida 23 personas –mexicanos en su mayoría–, luego de que Patrick Crusius, un joven de 21 años, abriera fuego en Walmart para matar a todos los mexicanos que pudiera –así lo dejó escrito en una carta–, ha sido un golpe durísimo para la moral de quienes habitamos la región.

En este momento hacemos nuestro el Cántico de Jeremías: “Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche no cesan: por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo, una herida de fuertes dolores”.

En momentos donde se espera la paz y no hay bienestar, los corazones de esta gran comunidad binacional buscamos una respuesta de lo Alto. “Busquen los bienes de arriba”, dice San Pablo. Es en las alturas del Cielo donde hoy buscamos esos tesoros preciosos de la fortaleza espiritual, la caridad de unos con otros, la oración que nos une a Dios y el consuelo que Jesús nos ofrece.

Con amor y cariño desde Ciudad Juárez abrazamos a nuestros hermanos de El Paso después de haber vivido la locura diabólica del odio racial, cuyos orígenes están, justamente, en el olvido de los bienes espirituales, en dejar de contemplar a Dios como Padre de toda la humanidad, que creó a hombres y mujeres en una sinfonía de razas, lenguas y pueblos para que aprendiéramos a convivir como hermanos en la caridad, y un día compartir el Paraíso con Él.

Jesús subió a la montaña y allí se transfiguró delante de sus discípulos. ¡Cómo quisiéramos que la vida no tuviera episodios tan horrendos como el del sábado pasado! ¡Cómo quisiéramos nunca contemplar el rostro desfigurado del Señor en la Cruz! Sería mejor vivir en un Tabor perpetuo con Jesús y colocar allí nuestras tres tiendas, donde todo es brillo, plenitud de luz, dulcísima alegría, paz indescriptible y victoria sobre las fuerzas de la muerte.

Paso del Norte ha sido una región que ha crecido y se ha forjado gracias a la migración. Hombres y mujeres de las más diversas zonas geográficas del mundo han enriquecido nuestra comunidad con sus talentos y la fuerza de su trabajo.

Ellos se han sentido acogidos por la generosidad y la hospitalidad de los fronterizos en ambos lados de la frontera, y en situaciones dramáticas les hemos mostrado la compasión y el valor de su dignidad. Ellos han podido ver el rostro de Dios en la hospitalidad que les ofrecen paseños y juarenses.

Sin embargo, hay personas a quienes la multiplicación de los latinos les provoca inseguridad, miedo e ira. Como el faraón egipcio que no quiere que los hijos de Israel se multipliquen en su territorio, buscan exterminarlos al verlos como una fuerza invasora en su país.

Febriles por el discurso de odio racial, y creyéndose de una raza superior a las demás, recurren al terrorismo con la ilusión de que así hacen un bien a su nación. Que Jesucristo, Rey de la Paz, toque sus corazones y les haga descubrir la riqueza de la migración y la virtud de la convivencia pacífica en la caridad.

En estos días de gran tribulación hemos de recogernos más en oración solidaria por quienes perdieron la vida en Walmart-Cielo Vista, así como por sus familiares y amigos. Ofrecemos a la Diócesis de El Paso y a su obispo, monseñor Mark Seitz, nuestro muy sentido pésame.

La intimidad con Cristo resucitado sea fuente de consuelo, fortaleza y paz para todos; y, al mismo tiempo, nos impulse a mirar el futuro con esperanza para que nunca nos cansemos de sembrar el amor de Dios donde hay odio, y seguir abrazando a los hermanos que vengan a nuestra región fronteriza.

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)