A 50 años de un gran salto para la humanidad

German Gez.- Desde el nacimiento mismo de la humanidad, la Luna siempre ha estado presente en cada una de las civilizaciones que han existido y existirán en nuestro planeta. Ha sido la guía para las cosechas, la que ilumina las noches oscuras y el origen de mitos por doquier.

Películas, series de televisión, leyendas, poemas, canciones y muchas cosas más se han originado inspirados en nuestro satélite natural. Basta recordar que los hombres lobo, esos temibles licántropos, solamente surgen en las noches de Luna Llena, no en ninguna de las otras fases lunares.

Cuando el cine estaba en sus albores, inspiró verdaderos clásicos como “Le Voyage dans la Lune” (“El Viaje a la Luna” - 1902), del director francés Georges Méliès, una historia divertida de Georges Méliès, Julio Verne y H. G. Wells con guión del mismo director, que narra el viaje de unos incipientes astronautas que al llegar al satélite se encuentran con un reino de selenitas implacable con los humanos.

Aquellos que ya tenemos algunos años y que crecimos abrigados por la televisión, también recordamos la serie británica de ciencia ficción “Space: 1999” (Cosmos 1999), que en aquellos lejanos años 70 hablaba de un “futuro lejano”, a 25 años de distancia, cuando la humanidad había creado la base lunar Alfa.

Emitida en dos temporadas entre 1975 y 1977 y producida por ITC Entertainment y RAI, esta extraordinaria y costosa serie no solamente se refería a la base lunar, sino también al contacto con seres de otros planetas y hoy es considerada una verdadera serie de culto en su género.

En su capítulo inicial, “Cosmos 1999” narra que los residuos nucleares de la Tierra que se guardaban en el lado oculto de la Luna y que eran controlados desde la llamada Base Lunar Alfa, estallan en un catastrófico accidente sucedido el 13 de septiembre del año 1999.

Este accidente afecta el campo electromagnético de la Luna y saca de su órbita al satélite, por lo cual sus 311 habitantes viajan en la Luna a toda velocidad y sin control más allá de los confines del sistema solar, convirtiéndola en una nave espacial gigante y sin rumbo.

“Los aretes que le faltan a la luna los tengo guardados para hacerte un collar”, cantaban Bienvenido Granda, Vicentico Valdez y muchos intérpretes más. “Y ese toro enamorado de la luna, Que abandona por la noche la manada, Y el pintado de amapola y aceituna, Y le puso campanero al mayoral” dice otra estupenda canción.

“Luna, tú que lo ves dile cuánto le amo. Luna, tú que lo ves dile cuánto lo extraño. Esta noche sé que él está contemplándote igual que yo a través de ti quiero darle un beso” canta la mexicana Ana Gabriel. Por eso, no podemos negar la inmensa atracción que despierta en cada uno de nosotros.

Estos sencillos ejemplos nos demuestran cómo la luminosa Selene siempre ha sido objeto de culto y de historias que, de alguna forma, muestran el deseo del ser humano de trascender más allá del planeta Tierra.

Por eso, no extraña que en aquel 1969, como me contaba mi mamá hace muchos años, prácticamente todo el mundo estaba paralizado esperando la llegada del proyecto Apolo 11 de la NASA.

Según se puede leer en Wikipedia, “Apolo 11 fue una misión espacial tripulada de Estados Unidos cuyo objetivo fue lograr que un ser humano caminara en la superficie de la Luna. Se envió al espacio el 16 de julio de 1969, llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio de ese mismo año y al día siguiente logró que dos astronautas (Armstrong y Aldrin) caminaran sobre la superficie lunar”.

“El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde la plataforma LC 39A y lanzado a las 13:32 UTC del complejo de cabo Kennedy, en Florida. (…) La misión está considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología”.

“Todo el mundo estaba pendiente de la llegada del hombre a la Luna, porque existía la duda de saber si había gente allá”, recuerdo que me contó una vez mi mamá Teresa. Y es que con una sociedad latinoamericana casi rural, en la que apenas la industrialización empezaba, donde las “grandes ciudades” no eran aún los monstruos de cemento que son hoy en día, eran más que comprensibles esa forma de pensar y esos temores.

Justamente hoy, 20 de julio, se conmemoran los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Aunque hay quienes cuestionan si fue real o no, que la bandera de los Estados Unidos clavada en la superficie lunar no debería moverse ante la ausencia de atmósfera, creo que lo realmente importante es lo que el hecho representa.

Aun cuando ninguna otra misión ha llegado a la Luna, es evidente que la exploración del espacio ha avanzado a pasos agigantados en los últimos años. Hoy conocemos de la presencia de robots en Marte, misiones espaciales han recorrido los satélites de Saturno y Júpiter, llegaron al congelado y lejano Plutón y rebasaron la frontera de nuestro Sistema Solar.

Inclusive la NASA prepara el envío de una nueva misión tripulada a nuestro satélite, en la que se contempla que, por primera vez, una mujer pise el suelo lunar. La Estación Espacial Internacional está lejos aún de ser lo que las series de ciencia ficción nos planteaban, pero es una grata realidad de nuestro tiempo.

Por muchas razones, es motivo para festejar este medio siglo de la llegada del hombre a la Luna, un pequeño paso para el hombre, a 50 años de un gran salto para la humanidad.