Así pasó a mejor vida

Marcos Aldana Aguirre.- Benito Juárez murió el 18 de julio de 1872, a las 11:30 de la noche. Y como el deceso de un presidente reviste problemas de seguridad nacional, alguien propuso ocultar por más de 24 horas el hecho, pero después de una junta de medianoche se decidió informar la verdad, primero que nada a miembros del gabinete.

No fue envenenado, como circuló una de tantas versiones en torno a su figura. Su padecimiento de una especie de “angina de pecho” ya tenía años de haberse manifestado.

Estuvo rodeado de amigos, colaboradores e hijos, en su mayoría mujeres. Margarita ya había fallecido.

Copio texto que aparece en página 1010 de “Juárez Documentos”, volumen 15:

“Todas las personas allí presentes estaban consternadas.

“Poco antes de las once, el presidente llamó a un criado a quien quería bastante, llamado Camilo, oriundo de la Sierra de Ixtlán, y le dijo que le comprimiera con la mano el lugar donde sentía dolor. Obedeció el buen hombre, pero no podía contener las lágrimas.

“Padecía atrozmente el Sr. Juárez, pero no tenía conciencia de su fin próximo.

“Momentos antes de morir, estaba sentado tranquilamente en su cama; a las once 24 minutos se recostó sobre su lado izquierdo, descansó su cabeza sobre su mano, no volvió a hacer movimiento alguno, y a las once y media en punto, sin agonía, sin padecimiento aparente, exhaló el último suspiro.

“El Dr. Alvarado dijo esta sola palabra:

“¡Acabó!”

Entre las anécdotas en torno al suceso, un libro del historiador Mariano Cuevas dice que un cura al estar oficiando misa, al momento de morir Juárez vio en el cáliz que se iba de cabeza al infierno. Puede ser cierta la visión de quienes así les gustaría que fuera, pero poco serio de un historiador.

Mas si usted, lector, cree en los santos y sus milagros, recordará que San Camilo es el encaminador de almas. Y así se llamó aquel criado que le oprimía el pecho y que por esos días cumplía años.

Pero, más allá de nuestras creencias en lo metafísico, sepa amable lector de HOY, que Juárez no fue tan odiado por los curas como algunos quieren creer. A don Benito lo habían nombrado Académico de la Real Academia Española, y declinó el nombramiento a favor de un amigo. Esta es una carta que ese amigo le envía:

“Tulancingo, febrero 8 de 1872.

“Honorable señor Presidente de la República

“Don Benito Juárez.

“Señor de toda mi consideración:

“Me creo obligado a dar a usted las gracias por haber tenido la bondad de enviar a mi Apoderado por conducto del Sr. Canónigo Alarcón el nombramiento mío de Académico de la Real Academia Española, que vino por el respetable conducto de usted.

Doy gracias al Honorable señor Presidente por este favor y me firmo su afectísimo servidor que atento s. m. b.

 

Juan Ormaechea

Obispo de Tulancingo.”