Imprimir esta página

El camino para la vida eterna

Padre Mario Manríquez.- Queridos Hermanos, el día de hoy les comparto las palabras de nuestro señor Obispo que nos invita a reflexionar acerca del amor y misericordia al prójimo para conseguir la vida eterna.

En este domingo 14 del tiempo ordinario, San Lucas nos plantea el amor al prójimo como algo fundamental para el cristiano, para el que está dispuesto a seguir a Jesús. Lo fundamental es el amor, la misericordia como una opción preferencial. Practicar la misericordia nunca ha sido fácil y hoy mucho menos, asumirla como principio fundamental en nuestra vida es muy complicado.

Hoy el Evangelio, con la Parábola del Buen Samaritano nos invita a detenernos ante el hermano, ante el prójimo que sufre de una u otra manera, para atenderlo, ayudarle. La misericordia desde la compasión que debemos tenernos unos a otros.

Nos narra que un hombre es asaltado en el camino de Jerusalén a Jericó, cae en manos de ladrones, lo roban, lo golpean, lo dejan herido, casi muerto. Este hombre representa a todos los que sufren, caídos por la pobreza, la tristeza, la enfermedad, la violencia.

Se distinguen dos actitudes: una, solo mirar y a veces ni eso. Solo mirar y seguir el camino como el levita y el sacerdote del Evangelio, que sí lo vieron tirado, moribundo, pero siguieron adelante, no se detuvieron. Es el caso mismo de nosotros, no detenernos, solo mirar: ¡pobrecito, que Dios lo bendiga!, pero no hacer absolutamente nada.

No basta con mirarlos, la actitud es la compasión, la misericordia, el bajarnos. La parábola dice que se bajó del caballo el samaritano, así que hay que bajarnos de nuestras ideas, de nuestros miedos, prejuicios, cobardías, soberbias. Hay que bajarnos y ponernos al nivel del hermano que sufre.

Y hablamos del sufrimiento en cualquier sentido: espiritual, moral, social… ¡Tanta gente necesitada! Y a veces es alguien cercano a nosotros. Debemos detenernos, ser misericordiosos, ser compasivos como Jesús.

Esta parábola Jesús la dice como respuesta a una pregunta que un doctor de la ley le hace: ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo”.

Lo sabemos bien, lo hemos leído muchas veces, lo aprendimos en el catecismo, pero hay que pasar a la práctica: amar a Dios de verdad, con el corazón y amar al prójimo también con el corazón.

Hoy la pregunta que el Señor nos hace y debemos hacernos es ¿Quién es tu prójimo? ¿Cuál prójimo está cerca de ti pidiéndote ayuda? Alguien que te encuentras en el camino está tirado con un problema, con una enfermedad.

¡Detente! ¡Acércate! ¡Atiéndelo! Como dice el evangelio: cúralo, límpialo con el aceite, con el vino del amor, de la compasión, del abrazo y cárgalo, llévalo contigo, en tu corazón.

Esa es la compasión, es la verdadera misericordia, también darle tu corazón, hacerte cercano con un corazón de verdad. Y no solo puede ser alguien desconocido o lejano, puede ser también alguien cercano a ti y que tú ni lo miras, ni te das cuenta, pero tiene necesidad de una palabra, de un gesto o un consejo, de un cariño, de tu paciencia, amor, perdón. Ese es tu prójimo.

Queridos hermanos, les hago una invitación a amar de corazón a Dios, pero también a amar de corazón a nuestros prójimos, no solo mirar sino acercarnos, ser compasivos, atender a nuestro hermano.

Ojalá que crezcamos en esa compasión y misericordia, hay que hacer mucha oración y empezar por nuestra propia familia. Atender a nuestro prójimo, y desde la familia atender a otros ambientes, a otras personas necesitadas.

¡Dios Bendijo a Ciudad Juárez!

El camino para la vida eterna
Logo
Imprimir esta página

El camino para la vida eterna

El camino para la vida eterna

Padre Mario Manríquez.- Queridos Hermanos, el día de hoy les comparto las palabras de nuestro señor Obispo que nos invita a reflexionar acerca del amor y misericordia al prójimo para conseguir la vida eterna.

En este domingo 14 del tiempo ordinario, San Lucas nos plantea el amor al prójimo como algo fundamental para el cristiano, para el que está dispuesto a seguir a Jesús. Lo fundamental es el amor, la misericordia como una opción preferencial. Practicar la misericordia nunca ha sido fácil y hoy mucho menos, asumirla como principio fundamental en nuestra vida es muy complicado.

Hoy el Evangelio, con la Parábola del Buen Samaritano nos invita a detenernos ante el hermano, ante el prójimo que sufre de una u otra manera, para atenderlo, ayudarle. La misericordia desde la compasión que debemos tenernos unos a otros.

Nos narra que un hombre es asaltado en el camino de Jerusalén a Jericó, cae en manos de ladrones, lo roban, lo golpean, lo dejan herido, casi muerto. Este hombre representa a todos los que sufren, caídos por la pobreza, la tristeza, la enfermedad, la violencia.

Se distinguen dos actitudes: una, solo mirar y a veces ni eso. Solo mirar y seguir el camino como el levita y el sacerdote del Evangelio, que sí lo vieron tirado, moribundo, pero siguieron adelante, no se detuvieron. Es el caso mismo de nosotros, no detenernos, solo mirar: ¡pobrecito, que Dios lo bendiga!, pero no hacer absolutamente nada.

No basta con mirarlos, la actitud es la compasión, la misericordia, el bajarnos. La parábola dice que se bajó del caballo el samaritano, así que hay que bajarnos de nuestras ideas, de nuestros miedos, prejuicios, cobardías, soberbias. Hay que bajarnos y ponernos al nivel del hermano que sufre.

Y hablamos del sufrimiento en cualquier sentido: espiritual, moral, social… ¡Tanta gente necesitada! Y a veces es alguien cercano a nosotros. Debemos detenernos, ser misericordiosos, ser compasivos como Jesús.

Esta parábola Jesús la dice como respuesta a una pregunta que un doctor de la ley le hace: ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo”.

Lo sabemos bien, lo hemos leído muchas veces, lo aprendimos en el catecismo, pero hay que pasar a la práctica: amar a Dios de verdad, con el corazón y amar al prójimo también con el corazón.

Hoy la pregunta que el Señor nos hace y debemos hacernos es ¿Quién es tu prójimo? ¿Cuál prójimo está cerca de ti pidiéndote ayuda? Alguien que te encuentras en el camino está tirado con un problema, con una enfermedad.

¡Detente! ¡Acércate! ¡Atiéndelo! Como dice el evangelio: cúralo, límpialo con el aceite, con el vino del amor, de la compasión, del abrazo y cárgalo, llévalo contigo, en tu corazón.

Esa es la compasión, es la verdadera misericordia, también darle tu corazón, hacerte cercano con un corazón de verdad. Y no solo puede ser alguien desconocido o lejano, puede ser también alguien cercano a ti y que tú ni lo miras, ni te das cuenta, pero tiene necesidad de una palabra, de un gesto o un consejo, de un cariño, de tu paciencia, amor, perdón. Ese es tu prójimo.

Queridos hermanos, les hago una invitación a amar de corazón a Dios, pero también a amar de corazón a nuestros prójimos, no solo mirar sino acercarnos, ser compasivos, atender a nuestro hermano.

Ojalá que crezcamos en esa compasión y misericordia, hay que hacer mucha oración y empezar por nuestra propia familia. Atender a nuestro prójimo, y desde la familia atender a otros ambientes, a otras personas necesitadas.

¡Dios Bendijo a Ciudad Juárez!

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)