Las niñas, los niños y los adolescentes

Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca.- Si todas las autoridades del mundo cumplieran con la sagrada misión de aplicar los derechos de las niñas, los niños y adolescentes, estaríamos bajo un panorama muy distinto al que tenemos en la actualidad.

Si todas las autoridades de nuestro país aplicaran los derechos fundamentales de las niñas, los niños y adolescentes, seríamos un país próspero, con mejor salud mental y espiritual, así como seguridad pública y social.

¿Por qué afirmo esto? Porque existe un desconocimiento e ignorancia de los derechos que menciono, en la mayoría de las autoridades del Poder Judicial de la Federación, así como de los Juzgados Familiares de los estados, derivado de la falta de capacitación adecuada a los integrantes, que día con día tienen el poder de decidir el destino de millones de familias, donde se ventilan juicios de todo tipo en los que se involucra a menores de edad.   

Además, las policías pueden contribuir como auxiliares, para proteger sobre todo la seguridad en cuanto a la educación, recreación y evitar la violencia familiar si escuchamos sus quejas. Porque los niños dicen lo que sienten, lo que ven, lo que les pasa. Los que mienten es porque en su familia los enseñaron a mentir con el ejemplo y por encubrir problemas de adultos.   

Hemos restado importancia a lo más importante del país, que es la atención a los niños. Tienen derechos reconocidos en la Convención sobre los Derechos del Niño a nivel mundial, en la que a través de sus artículos se evidencia la enorme importancia que amerita valorar lo más sagrado de una nación: sus niñas, niños y adolescentes.

La Convención es también un modelo para la salud, la supervivencia y el progreso de toda la sociedad humana. Se requiere cada vez mayor, de la necesidad de establecer un entorno protector que defienda a los niños y niñas de la explotación, los malos tratos y la violencia.

Para ello debemos defenderlos de la injusticia social que hemos creado, sin querer queriendo, como diría la inocencia del Chavo.

Para empezar, necesitamos implementar en las familias el respeto hacia los niños, educando con amor y comprensión. Los padres son la parte principal en este asunto, de quienes depende que en gran medida, los niños crezcan en un ambiente de armonía familiar. Necesitamos cambiar el chip, cambiar las costumbres y malos hábitos que son normales en el ambiente, pero que son dañinos y perjudiciales.

En los litigios familiares, nos encontramos con infinidad de asuntos, que son parecidos, pero ninguno es igual y todos ameritan mayor atención de los adultos hacia los menores. Pues hasta las instalaciones de las dependencias de gobierno  adonde deben acudir, en virtud de una sentencia, audiencia o reclamación, es frustrante para los que han padecido estos asuntos, que aumentan diariamente, perjudicando su salud mental principalmente.

Cada vez que leo los artículos de la Convención Sobre los Derechos del Niño, o las leyes que se han creado con la finalidad de proteger su integridad como individuos con dignidad humana, me doy cuenta de lo distante que estamos como país para lograr la finalidad de su pleno desarrollo físico, mental, social y con derecho pleno de la libertad de expresión. Y sobre todo lo difícil que ha sido defenderlos de la explotación, los malos tratos y la violencia.

Existe jurídicamente la protección del niño desde antes y después de nacer. Lo que de alguna manera me inquieta que en lugar de evitar todo aquello que afecte su existencia, se esté promoviendo el aborto, por ejemplo. O que se esté pensando en legalizar la pedofilia o considerar como no delito la pederastia, bajo argumentos infundados carentes de toda lógica jurídica y religiosa o espiritual. O hasta mental psicológicamente hablando, pues en esta materia nos hacen pedazos por la forma de vida que llevamos.    

Considerando el bie-nestar de las niñas, los niños y adolescentes, que es como se han definido hasta hoy, dadas las circunstancias de los cambios que autoriza la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la interpretación de los derechos humanos; he litigado asuntos donde la Jurisprudencia determina que la convivencia con su padre o madre, en el caso de que estén separados, puede ser más perjudicial que benéfica, en muchos casos.

También la importancia de la escucha del menor, de interpretar sus pensamientos, dibujos y manera de expresarse, muchas veces pueden evitar delitos graves que atentan contra su dignidad, y su vida. Sobre todo sexualmente. Demasiados delitos de acoso y violaciones sexuales de menores todos los días y en todas partes.

Alguien me preguntó hace unos días, que cuál era mi opinión sobre la violencia familiar que tenemos y le contesté que todos los días hago oración por la niñez, porque es la más vulnerable y desprotegida de las autoridades, mas no de las leyes. Que veo iglesias cristianas y católicas llenas a toda hora y en lugar de disminuir los delitos contra la familia, éstos aumentan. Entonces tenemos una falla que no queremos ver, enfrente de nosotros.