La degradación del Poder

Raúl Ruiz.- Moisés Naim, en su libro “El Fin del Poder”, habla de empresas que se hunden, militares derrotados, Papas que renuncian y gobiernos impotentes, en una palabra, cómo el poder ya no es lo que era antes.

Reflexiona sobre una enorme brecha entre la percepción y la realidad de lo que es el poder. Explica cómo es que el poder real siempre es menor del que la gente espera de sus líderes.

Y cómo es que la expectativa popular, genera tanta presión para cualquier jefe de Estado.

De hecho, comenta Joschka Fischer, exministro alemán de Relaciones Exteriores, que “todos los grandes Palacios oficiales y los demás símbolos del poder del gobierno, son en realidad una escenografía bastante hueca.”

Encontramos, pues, una gran diferencia entre lo que es el poder supuesto y el poder real.

Y según la experiencia de Moisés Naim, que es muy vasta, por cierto, se puede afirmar una categoría irrefutable: “los poderosos tienen cada vez más limitaciones para ejercer el poder que sin duda poseen”.

Es importante apreciar que las cosas están cambiando con suma rapidez, y que las grandes fuerzas de igual modo, están cambiando la forma de adquirir, usar, conservar y perder el poder.

Aunque Alvin Toffler haya asegurado al final del siglo pasado, que estamos ya en la era del conocimiento y que, el poder podría generarse desde ahí, es evidente que no. Sabemos que el poder está fluyendo de quienes tienen más fuerza bruta a quienes tienen más conocimientos.

Para estos autores, el poder está perdiendo eficacia. En pocas palabras el poder ya no es lo que era. El poder se está degradando.

Los estudiosos del poder nos dicen que en el Siglo XXI, el poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder. Ésta es una de las grandes tendencias de principios del Siglo XXI.

Y que los hombres del poder, hoy en día, no son ni la sombra de los poderosos del siglo pasado.

La degradación del poder, según los estudiosos, se debe además de la falta de preparación y liderazgo de quienes llegan a los cargos de poder, a otras variables que los desgastan como el activismo ciudadano, los mercados financieros mundiales, el escrutinio de los medios de comunicación y la proliferación de rivales.

Por consecuencia, los poderosos de hoy suelen pagar por su ignorancia y por sus errores un precio más elevado y más inmediato que sus predecesores.

Estamos ante la demolición de la estructura tradicional del poder. Es un colapso apenas perceptible, pero está transformando tanto la política local como la geopolítica.

Las nuevas generaciones de políticos requieren de nuevas estrategias para atraer clientela.

Es una oportunidad que pocas veces se da pues las rivalidades entre los que pretenden el poder político, organizaciones no gubernamentales, instituciones intelectuales, espacios de análisis, ideologías, escuelas de ciencia y pensamiento filosófico están en crisis. Y hay que aprovechar el momento.

El poder se está degradando y pierde potencia en todos los lugares en los que el mismo poder importa. De ahí que los que tengan más claridad, visión y conocimiento, accederán al poder con más rapidez.

Falta solamente descubrir cómo afianzarlo, para no perderlo con la misma facilidad con la que lo adquirió.

Veremos en breve los resultados que arroja la ciencia de la prospectiva en personajes como Javier Corral Jurado, gobernador de Chihuahua, y el alcalde de Juárez, Armando Cabada Alvídrez.