Pantalones y faldas

Padre Eduardo Hayen.- Atrás quedaron las leyes patriarcales donde el uso de la falda era exclusivo de la mujer, y el pantalón del hombre. Con el feminismo de izquierda, que prácticamente está metido en todas las esferas de la cultura, ahora “la falda no será exclusiva para las niñas y el pantalón para los niños”.

Fue lo que dijo Claudia Sheinbaum, la jefa de gobierno de la Ciudad de México esta semana. Acciones sencillas como la promoción del uniforme neutro –expresó en un tuit– promueven la igualdad de derechos.

Los medios le preguntaron si la ciudad estaba lista para que los niños pudieran ponerse falda para ir al colegio, a lo que la señora Sheinbaum respondió que “cuando uno abre derechos se van generando nuevas formas de conocimiento, de entendimiento y, lo más importante, es acabar con esta violencia y esta diferenciación de género”.

La jefa de gobierno está diciendo que afeminando al varón y masculinizando a la mujer es camino para acabar con la violencia entre sexos, cuando en realidad es todo lo contrario. No se puede ejercer violencia a la naturaleza porque ésta, tarde o temprano, se volverá contra el hombre.

No me cabe la menor duda de que el uniforme escolar neutro implantado por el Gobierno de Ciudad de México es estrategia del homosexualismo político y del feminismo de la izquierda para crear una sociedad sin diferencias sexuales, una sociedad de todos para todos, una gran comunidad donde nos podamos enamorar de cualquier persona y de cualquier edad, donde la naturaleza y la genitalidad no tengan relevancia.

Wilhelm Reich, psiquiatra austrohúngaro nacido en 1897, fue uno de los pioneros en luchar por una sociedad pansexualista. Él afirmaba que la familia es una construcción enferma. A esta patología la llamaba “familitis” y proponía que la liberación sexual era la medicina para curarla. “La sexualidad es el centro alrededor del cual gira toda la vida social, así como la vida interior del individuo”, afirmaba en su libro “La función del orgasmo”.

Su queja era contra las leyes patriarcales de la cultura, la religión y el matrimonio que tenían reprimida la sexualidad. La promoción de la infidelidad y la liberación de las pasiones eróticas era el camino para destruir a la familia y curar de “familitis” a toda la vida social.

A estas aberraciones se sumaron otros psiquiatras, filósofos y feministas a través de los años, hasta llegar a la situación actual donde los grandes del dinero y del poder político financian a través de los medios el adoctrinamiento de las masas para lograr un nuevo orden mundial, una especie de paraíso pansexualista sin clases sociales ni diferencias sexuales.

Para algunos estas consideraciones parecerán exageradas y creerán que lo del uniforme escolar neutro no tiene mayor relevancia. Pero si a ello sumamos el adoctrinamiento en la ideología de género que hoy se realiza en las escuelas mediante las clases y libros de educación sexual, nos daremos cuenta de que lo del uniforme no es un acto aislado, sino que obedece a una estrategia de gota a gota.

Así los hijos van dejando de estar bajo la tutela de sus padres, quienes cada vez tienen menos voz y voto en la educación escolar. De esa manera se van despidiendo de la patria potestad.