Glorificar a Cristo Jesús

Antonio Fernández.- La acción del Espíritu Santo en el mundo será hasta el fin de los tiempos convencer cada generación humana y cada siglo que ha sido y es esclavo del pecado.

Es una realidad que siempre ha sido porque a la prueba de fidelidad que el Señor dispone, la debilidad humana se inclina a la infidelidad al carecer de la fe en Cristo Nuestro Señor a pesar de que ha mostrado ser Él el camino de salvación anunciado por el Hijo de Dios que vino a redimir la humanidad cuando dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre, sino por Mí”…

Queda comprendido, Jesucristo Nuestro Señor es Justo; por lo tanto el tentador de las almas vencido y condenado por la justicia a vagar por el mundo, trata de recuperar lo perdido para siempre.

Dice San Agustín: “El imperio de Satanás ha quedado quebrantado de hecho, destruido por derecho por la redención que obró la sangre de Jesús”… Por ello afirma el Señor a los discípulos: “Y cuando Él venga, presentará querella al mundo, por capítulo de pecado, por capítulo de justicia, y por capítulo de juicio”…

Describiendo la acción del Espíritu Santo sobre los mundanos anuncia el orden a proceder: “Por capítulo de pecado, porque no han creído en Mí”… Quien no creyó ya está juzgado… “Por capítulo de justicia, porque Yo me voy al Padre, y vosotros no me veréis más”…

Convencido el mundo de la justicia de Cristo Nuestro Señor, el triunfo de su resurrección y su glorificación al subir de forma visible al Cielo, es el testimonio de su naturaleza divina y por lo tanto de su misión salvadora.

“Por capítulo de juicio, porque el príncipe de este mundo está juzgado”, convencido el mundo de su justicia y santidad demuestra que la muerte de Cristo Nuestro Señor ha sido la derrota irrefutable e indiscutible de la condenación definitiva del demonio y demás seres malignos perversos que en su derrota se empeñan en impedir la propagación del reino de Cristo.

De antemano, para fe y confianza del cristiano católico, las acechanzas del demonio fracasarán en el intento de perderlo, porque Jesucristo Nuestro Señor ha triunfado.

Dice San Pablo: “Y despojando a los principados y potestades denodadamente los exhibió a la infamia, triunfando sobre ellos en la Cruz”…

La delicadeza del amoroso y comprensivo Padre, explica las muchas cosas a enseñar, pero será cuando su fe haya alcanzado el nivel que les ayude a comprender la misión del Hijo de Dios que a través del Espíritu Santo derramará la sabiduría para entender y aceptar lo que ahora no podrían soportar.

Ilustra el proceder de la sabiduría de Dios: “Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora”. Venciendo el orgullo de la soberbia maligna que actúa a tratar de exaltar la pasión del “Ego” reconozcamos que nuestra inteligencia es un vaso de reducida capacidad de agua para poder conocer la plenitud de la verdad divina.

Viene la pregunta: ¿Entendemos la razón para que el Hijo de Dios haya bajado al mundo por obra de Dios su Padre? Se distingue la gran diferencia: Es la misericordia de Dios para nuestra salvación, por el que envió a nosotros su propio Hijo para entregarnos la verdad en la proporción que podemos entender.

Es entonces de donde concebimos que el Señor no ha complementado por ahora la formación de los que serán sus Apóstoles, por eso tiene mucho que enseñarles, en este momento no están todavía en disposición por su poca inteligencia, la preocupación que les tiene abatidos es su partida.

Por lo tanto, lo que Jesús no hace en este momento, lo hará el Espíritu Santo: “Cuando venga Aquel, el Espíritu de verdad, él os conducirá a toda la verdad, porque Él no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os anunciará las cosas por venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os (lo) declarará. Todo cuanto tiene el Padre es mío”…

En efecto, así es, Nuestra Santa Madre Iglesia en sus oficios canta y reza glorificando a Cristo Jesús, no es hacerlo por hacerlo, se hace y se pide al cristiano católico exalte, alabe y honre a Cristo Jesús por ser el salvador del mundo.

Él es el glorificador de la humanidad, es Dios glorioso como el Padre y el Espíritu Santo, entonces no debemos negar sino siempre a través de la vida terrena darle la gloria que a Dios se debe: “Por eso dije que Él tomará de lo mío, y os (lo) declarará”…

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.