El sistema político puede cambiar sin mentiras

Dr. Arturo Castro.- Parece que los nuevos planteamientos del Gobierno de la República no tienen un sustento duro, el discurso es vasto y aunque parece convencer, cada día que pasa, pasa igual. Se ofrece un nuevo orden administrativo llamado solamente Cuarta Transformación, un orden que se basa en la denuncia de lo que se define como neoliberalismo y conservadurismo.

La denuncia es que no le alcanzó al país para un mayor desarrollo esa cosa llamada neoliberalismo, que algún día cambió realmente este país, diríamos en el ejemplo del Tratado de Libre Comercio NAFTA, ya que los productos extranjeros inundaron el país para beneficio de la población, ya que fueron de menor precio y de más calidad.

Antes de ello un chocolate snickers era contrabando, hoy se encuentra en cualquier tienda de la esquina; antes los vehículos no eran para la clase media, hoy son accesibles por demás. El neoliberalismo sirvió en algo, este socialismo del hoy gobierno también sirve a los 11.5 millones de beneficiarios de alguna beca, sin importar nivel social o económico, porque los beneficios que regala el presidente son de carácter universal y no a los necesitados, venga pues algún día una buena computadora portátil con impresora incluida por el solo hecho de ser profesor.

La conciencia ciudadana ha madurado, aunque con ciertas limitaciones porque sigue queriendo ser parte de una masa social construida desde la esperanza que se vendió en la campaña electoral 2018; si bien es cierto López Obrador quiere terminar con el sindicalismo, desea que su pueblo sea un gran sindicato popular.

El sistema político mexicano puede cambiar, lo ha hecho en varias ocasiones, realmente vía armada y no pacífica, las constituciones políticas han sido el producto en su momento y en cada cambio se habla de justicia social y de mejora de nivel de vida. Por ello este tiempo parece una mentira, solo es verbo y no acción real de beneficio social.

En la frontera norte el IVA se redujo sin que lo hicieran los precios; el huachicol cobró decenas de vida sin bajar la gasolina; se pierden miles de millones de pesos por decisiones presidenciales que conoce sobre pérdida y no de utilidad, parece absurdo, tal vez lo es.

Es el México socialista que apoyan los empresarios, al menos temporalmente, hasta que se den cuenta del engaño en que cayeron. Cuando los toquen, empezarán los problemas reales para este país vía reflejo de la cotización peso-dólar.

Los núcleos básicos de la población no entienden de números, menos entender los planteamientos políticos como el recién presentado Plan Nacional de Desarrollo. Las actitudes están definidas, la sociedad y el gobierno viven su luna de miel, el engaño puede provocar la ruptura rápida. No se observan cambios sustanciales, dicen que porque son pocos meses que ya van para medio año.

Seis meses dicen es poco tiempo para terminar con el neoliberalismo, con la corrupción que parece que hoy es legítima por ser de quien es, las adjudicaciones directas son cosa de todos los días, no hay reclamos porque los partidos opositores están digiriendo su derrota y sus exlíderes hoy son morenistas.

Las voluntades se ganan con acciones y el presidente de México se ve cansado y cansa en sus mañaneras, mejor trabajar políticas públicas mejorando las inversiones. En el país no hay obra pública de beneficio local, solo las ideas centradas en refinerías y aeropuertos, también cambio de nombre del Ejército a Guardia Nacional.

Parece que no habrá consecuencias sustanciales con el solo hecho de ofrecer discursos amorosos, el mexicano que piensa ya duda de aquellas propuestas electorales, el pueblo aplaude porque bien lo sabe hacer. Todos son rateros menos uno que gobierna este país y que sin trabajo ha vivido los últimos lustros. Sin trabajo, pero dueño como otros de un partido político que recibe dinero del gobierno y que reserva una fila de asientos en un avión comercial cuando el usuario común solamente compra su asiento y ya.

La estrategia parece la de alcanzar un poder múltiple, generando la confianza de los votantes en su caso, existe una gran actividad de difusión de ideas para continuar cambiando las mentalidades de quienes se resisten a una idea mediática llamada Cuarta Transformación. El mexicano parece un quijote valedero, su opinión vale más que cualquier acción, no hay alianzas para conjuntar esfuerzos por algún objetivo o meta.

La sociedad que se dice madura, acepta las reglas de esta posible propuesta de cambio, aunque sean tramposas se quiere un cambio de régimen. Cambiar un sistema político causará grandes pérdidas al país. La cultura es lo que debe cambiar, se debe poner la sociedad a trabajar y no esperar dinero, despensas con gorgojo diría un político frustrado en alguna ocasión.

La mentira de hoy es que las metas del gobierno federal son a corto plazo, en seis meses, no mejor en un año se termina la violencia, los mineros de Coahuila serán rescatados en algún momento, la contrarreforma educativa resuelve el problema de la educación.

Los temas son muchos como para esperar que un cambio que al neoliberalismo le llevó 38 años, se pueda hacer en un sexenio. Ya veo un presidente en campaña en 2023 diciendo que voten por la continuidad porque el tiempo no le alcanzó, lo hizo el PRI y lo hizo el PAN en su momento.

Porque creer en las masas como lo hizo el PRI anteriormente, tal vez porque Morena es un resultado de PNR, PRM, PRI, Morena. Entiendo sin un gran análisis que esta puede ser la cuarta transformación a la que se refiere el gobierno de hoy. Este político presidente inspira, propone, dispone y hasta se la mientan porque su gabinete espera atrás el llamado oportuno de apoyo estadístico, tal y como se ha visto en sus conferencias habituales.

Si se logra dar un cambio cualitativo al gobierno será de gran beneficio para el país, porque solo se ve un cambio sin operatividad con casi todos los responsables de gobiernos anteriores. Dicen los funcionarios de hoy que están asustados por la inoperancia de los anteriores gobiernos, cuando fueron parte todo era correcto y está borrado de su currículo.

El sistema político debe cambiar pero sin mentiras, con las personas ideales para administrar, sin intelectuales socialistas, racistas o imperialistas, con políticos profesionales y vocación de servicio.