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Las voces de Notre Dame

Marcos Aldana Aguirre.- En un grueso volumen de frases titulado “12,500 Frases Célebres” (imagínese usted ¡doce mil quinientas!) alguien tenía que decir “todas las cosas tienen vida propia, cuestión de buscarles el ánima”, y esa persona resultó ser Gabriel García Márquez.

Siempre había creído que eso era más bien producto de la imaginación del Gabo, ya sabe usted cómo son los literatos. Sobre todo después de que les dan el Premio Nobel.

Algo que sale de nuestra propia imaginación. Por ejemplo, cuando usted vende un carro que tuvo durante largo tiempo, y en el diario traficar de las calles cuando vuelve a ver que lo llevan, parece que ese carro lo saluda.

O cuando pasa por una calle en el punto donde conoció a la persona con la que contrajo matrimonio. Entonces parece que de los muros puertas y ventanas le hablan. Pero no: eso solo es su imaginación.

Sin embargo, cuando vi por TV arder la Catedral de Notre Dame, sin siquiera haber visitado alguna vez Europa, sentí que por entre las llamas sufría un templo y que gritaba con angustia. Y me dije: tiene razón El Gabo: las cosas tienen vida propia.

Más de ocho siglos de Historia no pueden quedar en silencio bajo el fuego. Ocho siglos había soportado ese templo, unido no solo a la Religión e Historia, sino al arte, a la literatura y a las películas.

Quizás allí entró Juana de Arco a dar su rezada antes de echarse un tiro contra los ingleses: Rouen está más cerca de París que Villa Ahumada de Ciudad Juárez. Además juntar un ejército en Rouen sería más difícil que hacerlo desde París.

Allí debió entrar Charles de Gaulle a rezar antes de enfrentar a Alemania durante la ocupación de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién de la Historia de Francia no entró a Notre Dame?

René Descartes, el filósofo y matemático, quien según sus cálculos, afirmaba: “Nuestra Idea de Dios implica la existencia necesaria y eterna. Por tanto, la conclusión manifiesta es que Dios existe”. Fue él uno de tantos que meditando bajo la cúpula de Notre Dame reflexionaba así.

O Jean Paul Sartre, filósofo, quien no obstante tirando a ateo, sin duda entró a esa catedral para reflexionar así: “Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios”. Y esas noticias para el director de Le Combat, que fue periódico de la Resistencia, fueron las relacionadas con la derrota de Alemania.

O Voltaire, el irónico filósofo francés, quien decía “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”.

O Carlos V o uno de tantos Carlos, el que dijo “Yo hablo inglés para los asuntos del comercio, alemán para los asuntos de la guerra, francés para los casos del amor y español para hablar con Dios”. Él conoció París y como buen católico debió entrar a Notre Dame.

¿Y quién no? ¿Baudelaire, Lamartine, Teilhard de Chardin, Condillac, Mauriac, Holbach, Pascal, Santa Margarita Alacoque, Santa Teresita, Napoleón, Víctor Hugo, Renard, Camus? ¡Hasta Marx, que holgó largo tiempo en París y quien aseguraba: “La religión es el opio de los pueblos!

Esa catedral resistió el alocado baño de sangre de la Revolución Francesa. La insolencia de Napoleón, quien disparó desde París hasta Roma, asegurando: “Si mis cañonazos no llegan hasta el Papa, tampoco su excomunión me llega mí”.

Resistió invasiones de España, Alemania e Inglaterra, aparte de las que ya iban por cuenta de Roma. ¿Qué no había resistido ese templo, si hasta el tiempo le requirieron pequeñas reparaciones?

Pero entró una Semana Santa -la de ayer- y quizás alguien descuidó una de las cientos de veladoras con las que se alumbra a los santos. Eso ya había sucedido aquí en San Lorenzo, pero con perdón de San Lencho, ¿Qué es junto a Notre Dame? Por favor, Lorencito, no te ofendas, pero hay cosas que ni qué. ¿Tengo o no tengo razón?

Sí: quizás no todas las cosas tengan vida propia, pero el ánima o alma, ese templo y lo que de él queda sí que la tiene.        

Escúchele sus gritos. Ponga atención… Se oye de un Continente a otro… ¿La oye? Tiene voz de mujer; Notre Dame significa “Nuestra Señora”. Dama de Francia para el mundo.

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Marcos Aldana Aguirre.- En un grueso volumen de frases titulado “12,500 Frases Célebres” (imagínese usted ¡doce mil quinientas!) alguien tenía que decir “todas las cosas tienen vida propia, cuestión de buscarles el ánima”, y esa persona resultó ser Gabriel García Márquez.

Siempre había creído que eso era más bien producto de la imaginación del Gabo, ya sabe usted cómo son los literatos. Sobre todo después de que les dan el Premio Nobel.

Algo que sale de nuestra propia imaginación. Por ejemplo, cuando usted vende un carro que tuvo durante largo tiempo, y en el diario traficar de las calles cuando vuelve a ver que lo llevan, parece que ese carro lo saluda.

O cuando pasa por una calle en el punto donde conoció a la persona con la que contrajo matrimonio. Entonces parece que de los muros puertas y ventanas le hablan. Pero no: eso solo es su imaginación.

Sin embargo, cuando vi por TV arder la Catedral de Notre Dame, sin siquiera haber visitado alguna vez Europa, sentí que por entre las llamas sufría un templo y que gritaba con angustia. Y me dije: tiene razón El Gabo: las cosas tienen vida propia.

Más de ocho siglos de Historia no pueden quedar en silencio bajo el fuego. Ocho siglos había soportado ese templo, unido no solo a la Religión e Historia, sino al arte, a la literatura y a las películas.

Quizás allí entró Juana de Arco a dar su rezada antes de echarse un tiro contra los ingleses: Rouen está más cerca de París que Villa Ahumada de Ciudad Juárez. Además juntar un ejército en Rouen sería más difícil que hacerlo desde París.

Allí debió entrar Charles de Gaulle a rezar antes de enfrentar a Alemania durante la ocupación de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién de la Historia de Francia no entró a Notre Dame?

René Descartes, el filósofo y matemático, quien según sus cálculos, afirmaba: “Nuestra Idea de Dios implica la existencia necesaria y eterna. Por tanto, la conclusión manifiesta es que Dios existe”. Fue él uno de tantos que meditando bajo la cúpula de Notre Dame reflexionaba así.

O Jean Paul Sartre, filósofo, quien no obstante tirando a ateo, sin duda entró a esa catedral para reflexionar así: “Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios”. Y esas noticias para el director de Le Combat, que fue periódico de la Resistencia, fueron las relacionadas con la derrota de Alemania.

O Voltaire, el irónico filósofo francés, quien decía “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”.

O Carlos V o uno de tantos Carlos, el que dijo “Yo hablo inglés para los asuntos del comercio, alemán para los asuntos de la guerra, francés para los casos del amor y español para hablar con Dios”. Él conoció París y como buen católico debió entrar a Notre Dame.

¿Y quién no? ¿Baudelaire, Lamartine, Teilhard de Chardin, Condillac, Mauriac, Holbach, Pascal, Santa Margarita Alacoque, Santa Teresita, Napoleón, Víctor Hugo, Renard, Camus? ¡Hasta Marx, que holgó largo tiempo en París y quien aseguraba: “La religión es el opio de los pueblos!

Esa catedral resistió el alocado baño de sangre de la Revolución Francesa. La insolencia de Napoleón, quien disparó desde París hasta Roma, asegurando: “Si mis cañonazos no llegan hasta el Papa, tampoco su excomunión me llega mí”.

Resistió invasiones de España, Alemania e Inglaterra, aparte de las que ya iban por cuenta de Roma. ¿Qué no había resistido ese templo, si hasta el tiempo le requirieron pequeñas reparaciones?

Pero entró una Semana Santa -la de ayer- y quizás alguien descuidó una de las cientos de veladoras con las que se alumbra a los santos. Eso ya había sucedido aquí en San Lorenzo, pero con perdón de San Lencho, ¿Qué es junto a Notre Dame? Por favor, Lorencito, no te ofendas, pero hay cosas que ni qué. ¿Tengo o no tengo razón?

Sí: quizás no todas las cosas tengan vida propia, pero el ánima o alma, ese templo y lo que de él queda sí que la tiene.        

Escúchele sus gritos. Ponga atención… Se oye de un Continente a otro… ¿La oye? Tiene voz de mujer; Notre Dame significa “Nuestra Señora”. Dama de Francia para el mundo.

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)