La ley y los reglamentos

Candelario González Villa.- Hoy en día, la ley está rebasada por la reglamentación en materia jurídica, pues la ignorancia de las garantías individuales da margen a que los cabildos impongan reglamentos claramente perjudiciales para la ciudadanía.

Afectaciones al infractor de una regla que contempla prisión preventiva, así como la aplicación de multas y otros arrimadijos, que si los comparamos con las penas que se aplican a quienes cometen delitos graves, están muy por encima de las sanciones que se imponen a los delincuentes.

Es así como los infractores del Reglamento de Tránsito en nuestra ciudad, por ejemplo, sufren detención y abusos que no guardan relación con la infracción cometida y reciben trato de delincuentes en el llamado Cerecito.

Hoy nuestra sociedad está inmersa en la violencia y la criminalidad, hoy somos una sociedad que se desenvuelve en el miedo y el temor, se le teme a la delincuencia, pero también a la violencia del Estado, pues en el ejercicio de su función se extralimita en el trato a la ciudadanía.

En Ciudad Juárez, la comunidad con la mente quebrada, dejó de creer en las instituciones. Y no es para menos, pues éstas son el colmo de la ineficiencia, de la burocracia que ya está convertida en un obstáculo para la gestión ciudadana, pues lo que se puede solucionar en un par de horas se convierte en una calvario en el que la ciudadanía tiene que soportar las malas caras y el trato despótico de los funcionarios. No se diga si esto es en las instituciones policiacas.

Urge que el Congreso de la Unión apruebe las leyes en materia cívica para así supervisar la dinámica y metodología que aplican en la impartición y procuración de seguridad las instituciones del orden judicial y laboral, principalmente.

¿Quién supervisa o inspecciona a las dependencias antes mencionadas? ¿Quién las certifica? Lo pregunto porque nos damos cuenta que todos los niveles de gobierno están saturados de recomendados, de operadores de campañas políticas y de los grupos empresariales, pero también me doy cuenta de la ausencia de participación ciudadana, espacio que por ley le corresponde y que ahora están ocupando los organismos del sector privado, mientras el ciudadano queda a merced de la torpeza y la ignorancia de nuestras autoridades.

¿Quién mide el impacto social y psicológico que estas acciones están generando en nuestra sociedad, en su bienestar y en las expectativas de vida de la colectividad?

Hoy veo que como sociedad estamos entre la espada y la pared, a pesar de ser los que les pagamos los ingresos económicos que devengan. Hoy tengo miedo, por primera vez en mi vida, pues sé que los juarenses estamos a merced de la delincuencia organizado y desorganizada.